[CONSERVACIÓN]

Bucardos

La revista Science se ha hecho eco de los esfuerzos que se están llevando a cabo para recuperar mediante técnicas de clonación al bucardo, la cabra de los Pirineos (Capra pirenaica pirenaica) cuyo último ejemplar conocido, una hembra, fue hallado muerto en el año 2000.

Por suerte, antes de que muriese se habían obtenido células de la piel de esa última bucarda y, desde entonces, se han sucedido los intentos de obtener embriones capaces de devolvernos un ejemplar vivo. Por desgracia, los problemas conocidos desde que se obtuvo la oveja ´Dolly´, el primer mamífero clonado, han convertido en inviable de momento ese deseo.

Pero hace cinco años el equipo del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón, dirigido por José Folch, el director de su Unidad de tecnología de producción animal, publicó en la revista Theriogenology la obtención de una hembra de bucardo. Aunque el animal vivió muy poco, se había logrado por primera vez resucitar una especie desaparecida.

La técnica utilizada por el equipo de Folch consistió en utilizar los núcleos congelados de la última bucarda introduciéndolos en citoplastos procedentes de cabras domésticas cuyos propios núcleos habían sido extirpados.

El embrión reconstruido fue luego implantado en una cabra híbrida (un cruce entre Capra pyrenaica y cabra doméstica) a la que, llegado el momento del parto, se le realizó una cesárea. La nueva bucarda vivió solo unos minutos a causa de malformaciones severas de sus pulmones, pero el experimento logró demostrar que las células conservadas servían para la clonación.

Los esfuerzos por lograrlo han sido continuos desde entonces. Pero a las tareas científicas les han salido críticas encaminadas a plantear cuáles son los verdaderos objetivos. En resumen, el argumento es este: ¿tiene sentido invertir grandes esfuerzos y considerables presupuestos en recuperar una especie cuando resulta mucho más eficaz protegerla en vida? Es obvio que el bucardo ya solo puede ser clonado, pero hasta hace muy poco –medio siglo, pongamos– se contaba en los Pirineos con ejemplares suficientes como para mantener una población eficaz, si hubiese sido protegida de manera adecuada.

Fue la caza excesiva la que terminó con el bucardo a causa del cruce de dos circunstancias: lo vistoso de la cornamenta de los machos y la barbarie de los cazadores sin escrúpulos en busca de unos trofeos absurdos.

Los proteccionistas temen que un éxito en la recuperación de especies haga que se relajen los esfuerzos y las reglamentaciones para mantener vivas las especies amenazadas. Pero el verdadero enemigo no es la ciencia, por supuesto, sino la vanidad unida a la barbarie. Y a los réditos políticos.

Por desgracia, hoy por hoy dan más votos en el mundo rural, al menos en España, los cazadores que quienes se preocupaban antes por el bucardo y ahora mismo lo hacen por el oso, la cerceta o el águila imperial.

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