[SOCIEDAD]

Cuidado con los grupos de Whatsapp

Los avances tecnológicos conllevan sus riesgos, y dependiendo de en manos de quién estén y del uso que se les dé, pueden ser una herramienta muy útil para simplificar procesos, acortar distancias y ahorrar tiempo, o convertirse en un problema y conseguir el efecto contrario. Las redes sociales, y en especial las que hacen referencias a aplicaciones de mensajería telefónica, están completamente incorporadas a nuestras vidas. Con un coste ínfimo, son instantáneas siempre que se tenga el smartphone a mano y cobertura, razones por las que la frase de Marshall McLuchan de que “el medio es el mensaje” cobra plena actualidad con WhatsApp, Line, Viber... todas ellas posibilidades de multiplataforma de mensajería instantánea con los contactos que uno tenga en su teléfono y siempre que se utilicen de forma responsable.

Resulta curioso que las advertencias sobre tecnología parece que solo van dirigidas a iniciados en la materia o a menores ansiosos de ella a todas horas, pero el acceso sencillo y masivo de los avances técnicos ha puesto al descubierto sus inconvenientes. Por ejemplo, el uso que hacen los adultos de estas aplicaciones de mensajería cuando forman parte de grupos en torno a un asunto de interés común como es el ámbito escolar, que puede acarrear problemas.

En los últimos años han proliferado estos grupos de padres formados casi automáticamente alrededor de las aulas en los colegios al inicio del curso, sobre todo en edades tempranas, aunque también se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada por los progenitores con hijos en edad adolescente.

En los primeros años de escolarización, los mensajes grupales se asemejan a una Wikipedia sobre los asuntos más diversos de los niños (ropa, meriendas, juegos... y en el fondo son utilizados más para las relaciones sociales de los padres que para resolver cuestiones de los hijos). Con el paso de los años, la herramienta pasa a ser un alivio para los retrasos a la hora de recogerlos del colegio, un salvavidas para controlar los deberes de los más despistados, y una perfecta agenda de cumpleaños y actividades extraescolares. A medida que crecen, controlar el horario de regreso, las compañías y hasta acercarse a los hijos con un tipo de relación distinta gracias a la mensajería instantánea forman parte del uso reconocido y habitual.

Sin embargo, es ese uso indiscriminado el que da lugar a problemas que en muchas ocasiones sobrepasan el ámbito escolar. Por un lado, se corta de raíz la autonomía de los niños y se difumina su responsabilidad con las tareas escolares al estar continuamente controlándolos, lo que da más la imagen de policías que de acompañantes en el proceso educativo. Por otro lado, cualquier incidente en el colegio puede leerse fuera de contexto en un mensaje telefónico y derivar en un conflicto entre familias, que hubiera quedado resuelto en el propio patio del centro escolar de no haber trascendido a los grupos de mensajes. Y, por último, cualquier malentendido con el profesorado puede llegar a convertirse en un linchamiento casi público de los docentes.

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