[GOBIERNO CHINO]

Escepticismo ante la nueva cúpula

Aunque el crecimiento de la nación se sitúa en sus niveles más bajos desde hace 13 años, Li Keqiang promete duplicar el PIB y los ingresos para 2020.

Li Keqiang sonríe mucho, habla con seguridad y concentración. En su primera gran aparición, el nuevo jefe de gobierno de China se presentó como un reformista con determinación y valentía. Su mensaje: “comienza una nueva era”. Li pretende enderezar el aparato burocrático y llevar adelante la transformación de la economía de mercado. Millones de chinos escucharon sus palabras ante el televisor. “Las reformas consisten en recortar el poder del Gobierno”, dijo el nuevo mandatario de 57 años.

“Se trata de una revolución autoimpuesta que requiere víctimas, y será doloroso”, añadió. Pero, ¿arranca de verdad una nueva era? ¿conseguirá la nueva generación al frente del Partido Comunista encontrar un nuevo camino para la segunda potencia económica mundial?

Tanto expertos como ciudadanos de a pie se muestran escépticos. “Nuevo estilo, viejas ideas”, rezan las primeras reacciones. “Habla más rápido, tiene otro lenguaje corporal, pero dice lo mismo”, condena el analista Zhang Lifan. “Solo pinta un enorme lienzo sobre el futuro, que encaja con el ´sueño chino´ del presidente Xi Jinping”. Aunque el crecimiento de China se sitúa en sus niveles más bajos desde hace 13 años, Li Keqiang promete duplicar el PIB y los ingresos para 2020, frente a los datos de 2010. Sin embargo, el primer doctor en economía al frente del gobierno del país no posee recetas nuevas. Primero tiene que encontrar un modelo de crecimiento y librarse de la funesta dependencia de las exportaciones e inversiones. Así, promete vagamente “dividendos de las reformas” y “aumento de la productividad”, de los que se beneficiará todo el pueblo. Para Zhang Lifan, se trata solo de eso: grandes promesas.

Igual que ocurrió hace 10 años con el anterior relevo generacional. “La gente debe creer que un día todos serán ricos”, dice el crítico. “Pero hoy en día, esas mentiras no son creíbles. Puede que entusiasmen a corto plazo, pero pronto sale a la luz la verdad”.

Sin una verdadera reforma del sistema político, no se solucionarán los problemas, añade. El propio jefe de gobierno es hijo de ese sistema.

Es difícil reconocer el inicio de una nueva era. Como mucho, los expertos pueden ver la continuidad, y eso no resulta demasiado prometedor. Los críticos hablan del último gobierno como “una década perdida” y el propio Li Keqiang reconoce que su nuevo Gabinete es solo uno de compromiso. El politólogo Wu Qiang, de la reputada universidad de Qinghua, duda que con eso sea suficiente. “Los grandes problemas a los que se enfrenta el mandatario son la crisis social, la brecha entre ricos y pobres, la elevada insatisfacción, la corrupción dentro del sistema y la tendencia de que los grupos de interés son cada vez más poderosos”. A Wu le resulta difícil ver cómo Li podrá resolver esos problemas con sus limitadas ideas. Incluso resulta cuestionable que el jefe de gobierno tenga suficiente poder para medirse con los grandes grupos de interés, como las familias más influyentes o los poderosos empresarios.

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