[HALLAZGO]

Eslabón perdido

Desde que Eugene Dubois encontró a finales del siglo XIX en Trinil (isla de Java) un cráneo parcial asociado a algunos huesos de las extremidades inferiores de un antepasado de los humanos actuales, no hemos parado de encontrar eslabones perdidos. El nombre elegido por el científico holandés, Pithecanthropus erectus, resulta muy poco adecuado: sugiere que se trataba de una especie de ser intermedio entre los simios y los humanos.

Muy al contrario, el ejemplar de Java es un miembro bien avanzado del linaje que conduce hasta la humanidad actual. Hoy se conoce como Homo erectus pero, ya digo, esa idea de una especie intermedia entre humanos y simios hizo fortuna. Cada vez que aparecen nuevos fósiles volvemos a insistir en el empeño.

El último ejemplo ha saltado a las secciones de ciencia de los periódicos esta misma semana a causa de la publicación en la revista electrónica PLoSone –de reconocido y bien ganado prestigio– de un artículo firmado por Darren Curnoe y 16 colaboradores en el que se lleva a cabo la descripción de un fragmento craneal procedente de un bloque del yacimiento de Longling (provincia de Guangxi, China) extraído en 1979. Los fósiles, que Curnoe y colaboradores identifican con otros ejemplares procedentes de Maludong (también en el sudoeste de China), son bastante recientes de acuerdo con las edades que se manejan en la paleontología humana: cerca de 11 mil años. Pero su morfología es intermedia entre la de los humanos modernos y ancestros como el Pithecanthropus. De ahí que se haya vuelto a lanzar la imaginación hablando de “una nueva especie de humano” que no sería ni la de Homo erectus ni la de H. sapiens.

El artículo de Curnoe et al es bastante más comedido. En él, los autores ponen de manifiesto que lo en verdad notable del hallazgo es que ese estado intermedio no se conocía en el tránsito de Asia hacia los humanos modernos, pero reconociendo que existen ejemplares africanos con rasgos intermedios similares.

A título de hipótesis que expliquen las características de los fósiles tardíos de Longling y Maludong, Curnoe y colaboradores apuntan varias alternativas. Tal vez se tratase de una población en particular robusta, aunque se trata de la solución menos probable. Es más lógico pensar que la presencia de rasgos primitivos obedezca a la llegada al Extremo Oriente de sucesivas oleadas migratorias procedentes del continente africano. Habida cuenta que se han indicado ya, además, distintos procesos en los que se produjeron hibridaciones entre esos predecesores y los primeros humanos modernos, cabe esperar la presencia de rasgos antiguos y modernos en los fósiles anteriores a la llegada definitiva de Homo sapiens a China. Pero hablar, de acuerdo con esa situación, de nuevas especies y de más eslabones perdidos resulta excesivo. Por complicado que fuese el proceso de aparición de los humanos modernos, no conviene convertirlo en un cuento de hadas.

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