[ECONOMÍA]

Espabílate, Mariano, que te vas a quedar

Hace decenios forma parte del folclore cubano un poema muy gracioso que popularizó el llamado “acuarelista de la poesía antillana”, Luis Carbonell, cuyo autor ignoro quién fue, pero cuyo título es Epabílate, Mariana, que te me vaj a quedal. Es la letanía de una madre, desesperada porque, habiéndose casado ella a los 18, la niña, que ya va para 24, no da trazas de saber ligar, “tan pazguata, tan sonsona” como es.

Y me acuerdo del poema en vista de lo que le está pasando al Presidente del Gobierno español. La similitud no me viene porque don Mariano Rajoy ande todavía en edad de buscar pretendientes, sino porque está en la obligación de merecer un respeto que pierde a pasos agigantados.

Y de actuar con una responsabilidad de la que, parece, carece. La que está cayendo en España es terrible. La península se encuentra al borde del precipicio por el que se despeña a cámara lenta Grecia. Y don Mariano dándole largas al asunto, aunque sin dar mucha cara a la prensa. ¿Su lema? En referencia a los consejos de ministros, “cada viernes, reformas”. Más o menos como aquella película de Berlanga Los jueves, milagro. Pero a la hora del cuajo, nada. En todo caso, poco.

La inacción del gobierno Rajoy la achacaban algunos analistas al deseo de no asustar al votante andaluz, que estaba por pronunciarse. Y resulta que lo asustó, precisamente, el no hacer nada. Tras la elección. Andalucía sigue siendo el lamentable feudo socialista de hace decenios.

Y, mientras, la totalidad del país en derrumbe. Lo acaba de afirmar Bruselas. Lo que España precisa no es una curita con mercurocromo cada fin de semana, sino un corte por lo sano en las partes podridas del presupuesto. Lo que necesita es acabar de meter mano a las partidas de las autonomías, esos barriles sin fondo. Lo que le urge es acabar con las mamandurrias sindicaleras y oenegeístas que tanta sangre chupan al pueblo. Y la regulación del despido y la edad de jubilación.

Bruselas le dice a España que ha dado pasos en la dirección correcta, pero no todos los necesarios ni lo largos que se ameritan, que en estas circunstancias no se ameritan pasos, sino zancadas. Es cierto que el desastre con el que tiene que lidiar don Mariano es obra exclusiva de los socialistas que se lo dejaron en herencia, pero de aquí en adelante la falta de medidas adecuadas lo harán cómplice.

No hay tiempo para pazguaterías y sonseras. Pues es el conjunto de la sociedad, los populares tanto como los socialistas, y los de otras banderías, quienes tienen que apechugar con las consecuencias. Espabílate, Mariano, para que no te nos quedes.

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