[CRUCE DE ESPECIES]

Genes neandertales

Dos artículos aparecidos en las revistas ´Nature´ y ´Science´ coinciden en analizar el alcance de la herencia genética recibida de los neandertales.

Desde que en el año 2010 se logró obtener el genoma de los neandertales, los estudios del último tramo de la evolución humana, el que coincide con la aparición de Homo sapiens, sufrieron un vuelco espectacular. Si la paleoantropología ha sido de forma tradicional un semillero para las controversias feroces, las disputas interminables y la sensación de que las hipótesis que manejamos son a menudo fruto de la imaginación vacía de cualquier prueba empírica –cosa que a los alumnos que estudian la evolución humana les escandaliza e inquieta– el poder contar por fin con evidencias firmes acerca de cómo fueron las relaciones entre nuestra especie y su grupo hermano, el de los neandertales, ha permitido disponer de un retrato mucho más preciso de lo que fue el amanecer de los seres humanos de aspecto moderno, es decir, de nosotros mismos.

La comparación de los genomas de neandertales y humanos modernos puso de manifiesto ya de entrada que ninguna de las hipótesis anteriores acerca de las relaciones genéticas entre los dos grupos era acertada. Se confirmó que se trataba de dos especies distintas, no de dos poblaciones que pudiesen estar en continuo proceso de mezcla, pero las barreras del aislamiento reproductivo que separan las especies no impidieron una hibridación parcial. Dos artículos aparecidos en las revistas Nature y Science coinciden en analizar el alcance de la herencia genética recibida de los neandertales. Benjamin Vernot y Joshua Akey, de la Universidad de Washington en Seattle (Estados Unidos) y Sriram Sankararaman, de la Escuela de Medicina de Harvard (Boston, EU también), y sus colaboradores, con Svante Pääbo, del Max Planck de Leipzig (Alemania) entre ellos, han coincidido tanto en la idea de comparar los datos más recientes del genoma neandertal de alta precisión obtenido a partir de un ejemplar de las montañas Altai (Siberia) con los de un número importante de humanos actuales pertenecientes a poblaciones africanas, europeas y asiáticas. Se trataba de detallar lo que se apuntó ya hace cuatro años: que los neandertales se cruzaron con nuestra especie cuando esta abandonaba África.

Los resultados obtenidos confirman, por supuesto, esa hibridación, aunque la limitan a un porcentaje pequeño de genes heredados de los neandertales: cerca de 1.3%. Sin embargo, el hecho de que esos genes se incorporasen solo a las poblaciones no africanas parece ser un elemento clave para explicar la rápida transformación de los genotipos hacia las pieles de tonalidad más clara que caracterizan a los no africanos.

Con dudas aún inquietantes, como la que ha indicado la genotipación reciente de un humano moderno que vivió hace 7 mil años en La Braña (León) hecha por el equipo del genetista español Carlos Lalueza-Fox. Con los ojos ya azules, mantenía aún la piel oscura. ¿Por qué? Es mucho lo que nos queda todavía por aprender.

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