[CONTROL]

Lo de Gibraltar

Ya andamos de vuelta en España con las emociones patrias en aquello que respecta a Gibraltar. Se trata de una verdadera vergüenza si nos atenemos a la presencia de una colonia en tierras europeas tres siglos después de que el tratado de Utrech cediera el peñón al Reino Unido. Pero vergüenza recurrente, que aparece y desaparece como si se tratase del río Guadiana.

En época del dictador Franco, lo de Gibraltar era una constante que aparecía en los libros escolares incluso con las instrucciones de protesta que convenía llevar a cabo –siempre bajo el eslogan de “Gibraltar, español”–; luego remitió la pasión reivindicativa, se calmaron los ánimos oficiales y fueron otros los asuntos que ganaron en importancia. Entrar en la Unión Europea (UE) habría sido bastante más difícil de querer llegar a Bruselas y Estrasburgo enarbolando la bandera del fin de la colonización vergonzante, así que se aparcó ese frente de lucha hasta ocasiones mejores. Parecen haber llegado.

Las maniobras nada sutiles del gobierno del presidente Rajoy convirtiendo el paso de la verja fronteriza en un viacrucis han tenido una respuesta de las autoridades europeas en plan salomónico: no se oponen a los controles pero exigen que sean proporcionales.

¿Proporcionales a qué? Si tenemos en cuenta las exigencias de la UE respecto de la entrada en el espacio Schengen de libre circulación de mercancías y personas, las revisiones han de ser muy severas. Pero está claro que se trata de un subterfugio porque Gibraltar hace unos meses era igual de irregular en materia de inmigrantes dudosos, contrabando de divisas y drogas y qué sé yo cuántas amenazas más. Si ahora se tensa la cuerda es por alguna otra razón.

Los socialistas del PSOE apuntan una: echar tierra sobre el asunto Bárcenas montando un conflicto artificial que desvíe la atención ciudadana de los posibles delitos de financiación irregular con los que el extesorero del Partido Popular amaga. Pero lo que se gana por ese lado puede perderse por otro, dados los argumentos que le caen del cielo al soberanismo catalán si de lo que se trata es de poner en tela de juicio la pertenencia a un país u otro. Con el añadido de que, hoy por hoy, lo de Gibraltar no parece tener remedio. Se le podría recordar a Bruselas que aun más bochornoso que el asunto de los controles entre dos países que pertenecen a la UE es que uno de ellos mantenga una colonia en territorio del otro.

Pero ni siquiera ese argumento crucial sirve de nada porque por medio se mete el problema de los llanitos, los ciudadanos gibraltareños que se sienten británicos y quieren seguir siéndolo. A ver si va a ser cosa de cambiar de tercio reclamando no el territorio en sí sino la protección y control del único mono que queda libre en Europa. O de los últimos neandertales que existieron. Una vez que el peñón ha perdido su valor estratégico es cosa de echarle mucha imaginación para poder mantenerlo como problema vital.

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