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Intolerancia del ‘polo izquierdo’

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Intolerancia del ‘polo izquierdo’

El psicólogo cognoscitivo Steven Pinker ha acuñado el término “polo izquierdo” para describir el lugar mítico donde reside intelectualmente la izquierda política. Mientras desde el polo norte todas las direcciones van al sur, desde el polo izquierdo toda opinión no aceptable por la ortodoxia izquierdista se clasifica intolerantemente como política de extrema derecha. Pinker destaca que en temas políticos todas las partes están convencidas de que tienen razón y que sus oponentes tienen repulsivos motivos ulteriores.

El presidente Obama no podía hacer nada mal. El presidente Trump no puede hacer nada bien; así está la política americana. En su libro The Blank Slate el Dr. Pinker ofrece algunas percepciones sobre el fenómeno. Aparentemente, al menos en alguna medida, las actitudes liberales y conservadoras se heredan. No estoy convencido de esa afirmación. Sin embargo, estudios con gemelos idénticos separados al nacer y criados en ambientes diferentes revelan actitudes políticas similares al chequearlas en la adultez.

La propuesta no alega que las actitudes políticas se heredan directamente por factores de ADN. Más bien, las raíces genéticas de actitudes políticas emergen de nuestros temperamentos. Esto puede explicar nuestras diferencias políticas con nuestros hijos o padres. En todo caso, tratándose de actitudes heredables, el Dr. Pinker señala que, reaccionamos más emocionalmente, estamos menos dispuestos a cambiar nuestras mentes, y simpatizamos con quienes piensan parecido.

Las actitudes políticas se sustentan en diferentes concepciones de la naturaleza humana y la sociedad. La escuela marxista-colectivista de pensamiento ve la sociedad como “una entidad orgánica cohesionada donde los ciudadanos individuales son meramente partes”. En la tradición del contrato social de John Locke “la sociedad es un arreglo negociado por individuos interesados y racionales”.

Si la sociedad fuera, como reclama la izquierda, la unidad natural del bienestar deseado, no habría lugar para derechos individuales. Esta “política de identidad” favorece al grupo (digamos el proletariado) sobre el individuo. Poniendo la sociedad sobre el individuo, marxistas y colectivistas desechan los intereses del individuo. La concepción política opuesta, “derechista”, centrada en la persona, fue sólidamente articulada por Margaret Thatcher: “No existe eso llamado sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias”.

Para entender cómo nuestra política izquierda-derecha deriva de nuestras diferentes concepciones de la naturaleza humana, considérese cómo nuestras políticas se alinean en temas no relacionados. Tomo prestada la lista del profesor Pinker: Si usted favorece unas fuerzas armadas poderosas, probablemente apoye también restricción judicial sobre activismo judicial. Si valora la importancia de la religión, probablemente sea duro con los delitos, y favorezca bajos impuestos. Si usted está contra la intervención del gobierno en la economía, tenderá a valorar el patriotismo y la familia.

Es más probable también que sea más pragmático que idealista, más crítico que permisivo, y más meritocrático que igualitarista. Obsérvese la transmisión política entre campos no relacionados. ¿Por qué las creencias de izquierda o derecha se agrupan así? ¿Por qué, por ejemplo, nuestras posiciones sobre defensa se vinculan a nuestras opiniones sobre jurisprudencia, religión, delito o bajos impuestos?

Aparentemente nuestras políticas tienden a reflejar nuestras diferentes concepciones de la naturaleza humana asignando diferente peso a objetivos en conflicto como igualitarismo o libertad. La izquierda prefiere entregar alguna libertad por igualdad; la derecha sacrifica alguna igualdad por libertad. Ese es nuestro intercambio político.

Preferir políticas de izquierda o derecha, basadas en nuestras diferentes percepciones de la naturaleza humana, lleva a algunos a preferir un sistema económico basado en el impersonal mercado que produce resultados superiores independientemente de las virtudes de sus participantes. Otros colocan sus esperanzas igualitarias invirtiendo con autoridad económica a un líder “moralmente superior”. Históricamente, esto ha terminado en déspotas totalitarios y asesinatos masivos.

Aquellos en el intolerante polo izquierdo demonizan al resto acusándolos de tener una naturaleza humana avariciosa y depredadora. Pero a medida que aprendemos sobre nosotros mismos, deberíamos revisitar nuestras alineaciones tradicionales izquierda-derecha. Hoy sabemos que el egoísmo es un componente de la naturaleza humana, y que sistemas económica y políticamente competitivos están más en línea con esa naturaleza. Pinker cita al socio-biólogo E. O. Wilson, víctima de ataques del polo izquierdo y máximo experto mundial en hormigas: Marxismo, “maravillosa teoría. Especie equivocada”.

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