[NARCOTRÁFICO]

Legalización, palabra satanizada

La guerra está perdida desde el mismo momento en que comenzó hace 40 años, porque ese es un negocio en el cual los que menos sacan provecho son los capos.

Al ritmo de la canción muchos gritan ¡Viva la legalización!, pero no se entusiasmen los que creen que llegaría el libertinaje de consumir drogas igual a tomarse una aspirina o pedir un café con leche.

Tampoco se trataría de que en los semáforos se venda marihuana o cocaína como si fuera un refresco, un chicle o una cajetilla de cigarrillos. Ni mucho menos sería legalizar a los narcotraficantes.

La idea es legitimar y regularizar la producción y el consumo de drogas sicotrópicas para reducir la criminalidad y enfocar todos los esfuerzos a la educación de la niñez y la juventud, con el fin de que sepan cuán peligroso es consumir alucinógenos.

El debate lo reabrió quien menos se esperaba lo hiciera. Un duro exmilitar con visión futurista, el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, lo planteó seguramente sabiendo que soportaría rayos y centellas, como le pasó al presidente colombiano Juan Manuel Santos, en noviembre pasado, mencionándolo en una entrevista con un diario británico.

Santos y Pérez no solo hicieron erizar la piel de ciertos funcionarios estadounidenses, sino que comenzaron a ser mirados con suspicacia por algunos países vecinos que no huelen lo que tienen en su fogón: crimen despiadado y corrupción. Santos lo sabe muy bien porque Colombia vivió una época nefasta de la cual todavía quedan profundos rezagos y Pérez, en Guatemala, está advirtiendo el crecimiento del caos.

El narcotráfico infiltra la sociedad y la política sin piedad y causa una letal amenaza social, como ocurre en México, donde la guerra lleva más de 50 mil muertos, desde que asumió el poder Felipe Calderón en 2006.

Santos y Pérez, desde plataformas distintas, pero con igual valentía, vencieron los temores que tienen ciertos dirigentes latinoamericanos, siquiera de mencionarlo, porque al hacerlo los culpan de ser cooperantes del narcotráfico, en especial por parte del Departamento de Justicia estadounidense, que siempre se ha negado a estudiar el tema, señalando con su dedo acusador a quien lo haga y quitándoles la visa a los que osan contradecir esa política.

Pero, ¡oh sorpresa! El Departamento de Estado anunció la disposición del Gobierno de Estados Unidos de tratar el tema en la Cumbre de las Américas en Cartagena, afirmando que “hay que valorarlo y acompañarlo”, pero agregando: “Estamos dispuestos a discutirlo para expresar nuestra opinión de por qué no es la manera de enfrentar el problema”, dijo Mike Hammer, subsecretario de Estado asistente de información pública.

Leyendo entre líneas la discordante respuesta, lo que dice es: “no sueñen que lo conseguirán”.

La guerra está perdida desde el mismo momento en que comenzó hace 40 años, porque ese es un negocio en el cual los que menos sacan provecho son los capos. Las grandes ganancias las obtiene los usufructuarios del poder: banqueros, inversionistas, el sistema inmobiliario, gobernantes y mandos corruptos.

El modo de aniquilar la propuesta ha sido, es y será, satanizar la palabra legalización y a quienes la pronuncien, aunque la cifra de muertos ya no se pueda contabilizar.

La lucha de quienes creen que esa es la solución deberá ser más académica que política. @RaulBenoit

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