[ESCÁNDALO POR ESPIONAJE]

La Mata Hari cibernética

En septiembre pasado, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, pospuso una visita de Estado a Washington en protesta al espionaje de sus comunicaciones y de la compañía Petrobras.

No es espiando a los amigos como se negocia su cooperación para combatir a terroristas y bandas criminales internacionales. La desconfianza impide las alianzas.

Convocados por la coalición “Dejen de vigilarnos”, miles de personas de izquierda, derecha y centro, realizaron el pasado fin de semana una marcha en Washington D. C. para protestar contra el espionaje masivo e indiscriminado del gobierno de Barack Obama.

El pasado miércoles, la canciller Angela Merkel llamó por teléfono a Obama para protestar enérgicamente por la intromisión de los servicios de espionaje norteamericanos en su teléfono privado, y esta semana una delegación de los servicios de inteligencia del Gobierno alemán viaja a Washington para pedir una explicación detallada del espionaje estadounidense.

El presidente de Francia, François Hollande, también habló con Obama para expresarle su “profunda reprobación” por el espionaje a políticos, hombres de negocios e individuos franceses recién revelado por el periódico Le Monde. Hollande exigió que se le entreguen todos los documentos que fueron obtenidos de forma ilegal y que según Le Monde, suman más de 70 millones de mensajes entre llamadas y textos recogidos en treinta días entre principios de diciembre y principios de enero.

El mes pasado, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, anunció la posposición de su visita de Estado a Washington en protesta al espionaje de sus comunicaciones, de las de sus colaboradores más cercanos y de la compañía petrolera Petrobras. La Unión Europea también emitió un comunicado advirtiéndole a Obama que la “desconfianza daña la cooperación.” Siguiendo una ruta más blanda, España y México se conformaron con llamar al embajador norteamericano al ministerio de Exteriores en sus respectivos países para pedirle de la manera más atenta que solicite se investigue el asunto.

Los comentaristas más cínicos han dicho que el espionaje a los líderes de países amigos y en algunos casos aliados no tiene nada de sorprendente, que es un oficio tan antiguo como la prostitución y que como dice el famoso cliché, “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”. En pocas palabras, que nada se puede hacer y que la indignación por lo sucedido es o ingenuo o hipócrita, porque todo el mundo espía.

Yo difiero. Sigo pensando que el tema es grave y demanda una rectificación inmediata del Gobierno estadounidense. Oír a hurtadillas y sin causa justificada las conversaciones de millones de estadounidenses y de más de 35 mandatarios de países considerados amigos cuando no aliados es ilegal, moralmente injustificable y para nada ayuda a fortalecer la cooperación que Estados Unidos (EU) quiere y necesita.

Argumentar que todos los países se espían es una verdad de Perogrullo pero verdad a medias, porque no añade que cuando se descubre el espionaje y se identifica al espía, este va a dar a la cárcel.

Opinar que los países no tienen amigos sino intereses es otra perogrullada derivada de la ignorancia. Estados Unidos tiene un pacto de “no espionaje” con varios países considerados “amigos”, todos de habla inglesa.

Merkel ha sugerido que de no llegarse a un acuerdo para detener las escuchas ilegales la Unión Europea podría suspender el acuerdo que permite a Estados Unidos tener acceso lícito a la banca europea y latinoamericana para poder seguirle la pista a las transacciones de grupos terroristas y de organizaciones criminales. Otros líderes europeos han sugerido que habría que exigirle a compañías como Google y Yahoo a que soliciten la autorización de las autoridades europeas cada vez que el Gobierno norteamericano les pida datos de asuntos europeos que por su naturaleza deberían ser privados.

Otra posible represalia que EU podría enfrentar podría ser multar a las compañías de tecnologías que se rehúsen a limitar el intercambio de datos personales. A la lista de desagravios se podría aumentar la interrupción de la estrecha colaboración en términos de inteligencia para el combate al terrorismo y al narcotráfico que todos estos países tienen con Estados Unidos.

Los países democráticos que respetan el Estado de derecho no pueden cruzarse de brazos y dejarse amilanar por el extraordinario poder de los servicios de inteligencia norteamericanos aduciendo lugares comunes como han hecho los comentaristas anteriormente citados. Y si bien es cierto que las democracias de occidente necesitan la colaboración de los norteamericanos no es menos cierto que EU necesita también la cooperación de estas.

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