[SOCIEDAD]

Misericordia con las mujeres

Días después de que el sucesor de Obama se pronunciara respecto al control de las mujeres sobre su propio cuerpo, el papa anunció que los curas podrán absolver del pecado del aborto.

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El papa Francisco recalca que "el aborto es un grave pecado, dado que pone fin a una vida inocente". El papa Francisco recalca que "el aborto es un grave pecado, dado que pone fin a una vida inocente".
El papa Francisco recalca que "el aborto es un grave pecado, dado que pone fin a una vida inocente". AFP

Tras su triunfo electoral Donald Trump ha subrayado su intención de revertir, o al menos restringir más, el aborto en Estados Unidos (EU). Durante la campaña llegó a decir que las mujeres que ejercen su derecho a interrumpir el embarazo merecían ser castigadas, y en la primera entrevista que concedió desde que es presidente electo le dijo a la periodista Leslie Stahl que la decisión de la Corte Suprema en 1973, a partir del caso Roe contra Wade, por la cual se reconoció el derecho al aborto, podría ser modificada.

Unos días después de que el sucesor del presidente Obama se pronunciara nuevamente sobre el control de las mujeres sobre su propio cuerpo, el papa Francisco anunció que los curas podrán absolver del pecado del aborto de manera indefinida, una disposición que había autorizado solo durante el Año Santo de la Misericordia.

Para la Iglesia el aborto constituye un pecado grave que puede conllevar la excomunión, pero el propio pontífice admite que no hay falta que Dios no pueda “alcanzar ni destruir”. Aunque no lo diga abiertamente, quizás Bergoglio tiene en cuenta la cantidad de mujeres que por distintas circunstancias, que nada tienen que ver con una maldad intrínseca, toman la dolorosa decisión de abortar antes de traer al mundo a un hijo que no pueden o no desean tener.

En medio de la polémica y los temores que despiertan en muchas mujeres una nueva administración que pudiera dar marcha atrás a lo que significó la batalla por la legalización del aborto, a lo largo de un fin de semana, por casualidad, veo en la televisión dos películas distantes en el tiempo pero en las que el aborto está presente: Love with the proper stranger y High Times at Ridgemont High. La primera la filmó Robert Mulligan en 1963, y en la segunda debutó como directora, en 1983, Amy Heckerling.

No podían ser dos filmes más distintos. Cuando Mulligan reunió a Nathalie Wood y Steve McQueen como dos amantes que tienen un encuentro casual en Nueva York, el aborto era ilegal y en el transcurso de un día pasan todo tipo de vicisitudes para reunir los 400 dólares que le permitirían a ella hacerse un aborto clandestino. Rodada en blanco negro, es particularmente dura la escena en la que llegan a un apartamento abandonado, donde una mujer que ni siquiera es médico se dispone a practicarle un aborto a la muchacha sin las mínimas condiciones higiénicas. La pareja, que apenas se conoce, huye espantada y unida por la contrariedad en una época en la que las mujeres se arriesgaban a morir de infecciones al someterse a procedimientos clandestinos.

Dos décadas después, Heckerling filmó una comedia juvenil que se desarrolla en una escuela secundaria de Los Ángeles, donde las hormonas dominan la vida estudiantil. Casi toda la trama gira en torno al descubrimiento del sexo, pero lo que podía quedarse en una historia ligera no pasa por alto lo que significa para una adolescente quedarse embarazada tras un desliz con un compañero de clase. Los tiempos han cambiado desde la lúgubre escena de Nathalie Wood y McQueen en 1963, pero a los dos muchachos les cuesta reunir el dinero antes de que la chica, en esta ocasión sola y sin el apoyo de su amante imberbe y ocasional, acuda a una clínica donde es atendida debidamente para la interrupción del embarazo.

Mulligan en la década de 1960 reflejó con crudeza la sordidez del aborto clandestino y Heckeling en la de 1980 retrató la realidad cotidiana de tantas jóvenes que tienen a su alcance clínicas con personal capacitado para atenderlas. Ahora, como si nos hubiésemos embarcado en un túnel del tiempo que nos devuelve al pasado, el caso seminal Roe contra Wade se tambalea y con él la larga y ardua batalla del feminismo.

En sus recientes memorias la feminista y activista Gloria Steinem le dedica su libro al ginecólogo que en 1957 le practicó un aborto clandestino cuando ella tenía 22 años. En aquel entonces el médico le dijo: “Prométeme dos cosas: nunca revelarás mi nombre y haz con tu vida todo lo que te propongas”. A sus más de 80 años Steinem lo recuerda con eterna gratitud. Es evidente que las mujeres continúan dependiendo de la misericordia de los hombres.

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