[INMIGRACIÓN]

Obama cumple su promesa

¿Qué pasaría si en vez de bloquear la iniciativa de Obama en el Congreso prevaleciera la razón y la compasión y los republicanos aprobaran una ley migratoria justa?
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Después de seis años de dudas, indecisiones, explicaciones y excusas, el presidente Barack Obama finalmente le puso el cascabel al gato. Ahora les toca a los republicanos decidir si se atreverán a bloquear la medida que les permitiría a unas 6 millones de personas vivir y trabajar sin temor a la deportación o si la razón y la compasión prevalecen y le encuentran una solución al asunto.

Obama finalmente cumplió su promesa de llegar hasta el límite de sus facultades legales para favorecer a los inmigrantes indocumentados con una medida que, entre otras cosas, difiere temporalmente la deportación de millones de personas sin papeles migratorios y les otorga un permiso de residencia temporal y de trabajo.

No fue una decisión fácil para el Presidente porque había que encuadrar sus atribuciones dentro de un marco legal y asegurarse de que no se le podía acusar, con fundamento, de abuso de poder.

Los tiempos políticos tampoco eran los más propicios. El Presidente sigue contando con la aprobación de casi la mitad de los electores, pero es profundamente impopular en la mayoría de los estados donde su partido recién perdió las elecciones que cambiaron la composición del Congreso.

Sabemos por las encuestas que la mayoría de los estadounidenses quieren que se reforme el sistema migratorio y que estaría dispuesta a apoyar la legalización de los casi 11 millones de indocumentados como una solución pragmática al asunto.

Pero también sabemos que esa misma mayoría exige que los poderes ejecutivo y legislativo trabajen juntos en su quehacer y que se pongan a trabajar en armonía para resolver los problemas del país, incluyendo la reforma migratoria. Una exigencia que ha resultado extremadamente difícil de cumplir en los seis años de gobierno de Obama. En lo referente al tema migratorio, una de las encuestas realizadas antes del anuncio presidencial indicaba que casi la mitad de los encuestados desaprobaría una acción unilateral del Presidente. Habrá que esperar para calibrar adecuadamente la opinión de la ciudadanía y, sobre todo, del electorado.

La medida presidencial no es, para nadie, la solución ideal al problema. George W. Bush batalló los ocho años de su presidencia con la fracción más reaccionaria de su partido en el Congreso intentando convencerlos de la necesidad de reformar el obsoleto sistema migratorio del país y no pudo.

Lo mismo sucedió con Obama desde su elección hasta la fecha. En 2013, el proyecto de ley de reforma migratoria que fue aprobado con el apoyo de ambos partidos en el Senado fue turnado a la Cámara Baja para su consideración, pero no hubo manera de convencer al mismo puñado de fanáticos ultraconservadores republicanos de la necesidad de aprobarlo. En esta ocasión, quizá la más clara para llegar a un acuerdo, el líder de la mayoría republicana se negó a presentarlo a votación por miedo a exponer públicamente las profundas divisiones ideológicas dentro de su partido.

Así las cosas, a Obama no le quedó más remedio que emitir una orden ejecutiva que le permite modificar la aplicación de una ley existente. Sin embargo, los menores de edad no acompañados que entraron al país durante 2014 no califican para permanecer en el país y están ya siendo deportados.

El futuro de los indocumentados favorecidos está ahora en manos del Partido Republicano en el Congreso. Lo mínimo que podrían hacer es negarle al programa los fondos necesarios para su implementación. También podrían chantajear a Obama aprobando un presupuesto temporal a la espera del nuevo Congreso cuando sus mayorías en ambas Cámaras tendrían más peso en su confrontación con Obama. Este lapso les permitiría medir la reacción de la gente antes de actuar con mayor vigor. También podrían promover una censura al Presidente que tendría pocas repercusiones o demandarlo. Ya lo demandaron legalmente por la Ley Sanitaria y bien podrían volverlo a demandar por “excesos del Ejecutivo”.

Lo ideal, sin embargo, sería que con vistas a la elección presidencial de 2016, los miembros más sensatos del Partido Republicano optaran por aprobar una ley de inmigración justa y negociada con la minoría demócrata. Si ese fuera el caso, el Presidente ha dicho que revocaría su acción Ejecutiva. ¿Será demasiado optimista pensar que la razón y la compasión podrían prevalecer? Ya veremos.

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