Adicciones

Quiero beber (hasta perder el control)

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Las consecuencias del consumo de alcohol, en especial al volante, se conocen desde que el automóvil pasó a ser un medio de transporte común.

No existe autoridad en materia del control del tráfico que no se haya exprimido los sesos en busca de fórmulas capaces de impedir o, al menos, disminuir el cruce letal que se da al conducir y hacerlo en estado de embriaguez. Incluso un consumo moderado de alcohol agrava los problemas que se presentan al circular por carreteras y calles.

Tampoco ignora nadie que es así. La pregunta, pues, es la de por qué nos ponemos en semejante situación de riesgo. Y la mejor respuesta tiene que ver con la aparición de los hábitos adictivos relacionados con la bebida. Solo se vuelven muy graves para un porcentaje que alcanza entre el 10% y el 15% de los bebedores. Pero la tendencia a consumir alcohol incluso si está previsto que debamos ponernos al volante alcanza cifras muy superiores. Cabe insistir: ¿por qué?

Un artículo publicado en la revista Science por Eric Augier, investigador del Center for Social and Affective Neuroscience en la Universidad de Linköping (Suecia), y sus colaboradores pone de manifiesto que, en sujetos de experimentación, el alcohol es preferido en ocasiones a otras alternativas de ingesta mucho más valiosas en términos tanto metabólicos como adaptativos, como es el caso del azúcar.

Semejante adicción al consumo de alcohol afectó solo a una minoría de los sujetos considerados y los autores hallaron como causa química más probable de esa conducta la ausencia del neurotransmisor GABA (ácido gamma aminobutírico, muy común en el sistema límbico) en la amígdala cerebral de todos los adictos.

Pero antes de lanzar las campanas al vuelo celebrando la posibilidad de encontrar antídotos para combatir el alcoholismo, cabe advertir que el trabajo de Augier y colaboradores se realizó con ratas.

Es de sobras sabido que las evidencias obtenidas con animales de experimentación solo explican los comportamientos y sus causas cuando se trata de esos seres. Hacer extrapolaciones al caso humano puede llevar a chascos como el que se produjo al identificar el gen implicado en la obesidad mórbida de roedores.

No obstante, el trabajo de Augier y colaboradores pone de manifiesto que la conducta de sus sujetos de experimentación es bastante similar a la humana tanto por lo que hace a la tendencia adictiva como por la pérdida de la capacidad de control.

Eso no quiere decir por sí solo que la desaparición de los neurotransmisores de la amígdala sea también concomitante al alcoholismo humano, pero los estudios pos mortem indican que se da la tendencia a semejante correlación.

Para que tengan sentido adicciones tan tremendas como la que existe respecto del alcohol, tienen que estar implicados mecanismos químicos tan potentes como para acabar con nuestra voluntad. Puede que comencemos a conocerlos.

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