[ESTADOS UNIDOS]

Resurge el antisemitismo

En un momento histórico en el que el abominable antisemitismo resurge por todo el mundo es indispensable esclarecer la historia para no repetir errores y prevenir catástrofes.
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En un suburbio de Dallas, Texas, dos fiscales y la esposa de uno de estos fueron asesinados recientemente. La semana pasada, las autoridades revelaron que una de sus líneas de investigación conduce a la llamada Hermandad de la Raza Aria de Texas, un grupo de criminales adeptos a la supremacía blanca que surgió en las prisiones del estado y que en pleno siglo XXI sigue creyendo que debe “luchar para asegurar la sobrevivencia y el futuro de los niños de raza blanca”.

Me estremezco al leer esta noticia justo en la víspera de la conmemoración del levantamiento de hombres, mujeres y niños mal armados que pertrechados en el gueto de Varsovia se enfrentaron al ejército nazi para impedir su deportación a un campo de concentración. Poco duró la resistencia. Miles de judíos fueron masacrados y muchos miles más fueron deportados a Treblinka donde fueron exterminados.

Y mientras esto sucede, los profesores Richard Breitman y Allan J. Lichtman publican FDR and the Jews, un libro en el que intentan reivindicar la imagen del presidente Franklin Delano Roosevelt respondiendo a la vieja pregunta de si este hizo todo lo posible para proteger a los judíos del genocidio nazi. Los principales reclamos son que Roosevelt pudo haber sido más generoso con las visas para admitir más refugiados; que fue la guardia costera estadounidense la que impidió el desembarco de 937 refugiados judíos en Cuba y obligó al barco a regresar a Europa; que el Presidente se negó a bombardear las líneas de ferrocarril que conducían al campo de concentración en Auschwitz.

La aportación de Breitman y Lichtman al viejo debate es que en su rigurosa investigación han encontrado documentos que muestran que, contrario a la percepción de algunos historiadores y de muchos comentaristas judíos, Roosevelt sí hizo un gran esfuerzo por salvar las vidas de cientos de miles de judíos valiéndose de iniciativas hasta ahora poco conocidas. Que lo hizo en un momento en el que la prioridad nacional era la creación de empleos para salir de la recesión, y en el que los índices de antisemitismo en el país, en el Congreso y en el propio Departamento de Estado alcanzaban niveles estratosféricos. Que quien impidió el desembarco de refugiados en Cuba fue Fulgencio Batista, no Roosevelt. Y que la idea de bombardear Auschwitz surgió en 1944, cuando ya el 90% de las víctimas del Holocausto había muerto.

Como era de esperarse en un tema tan controvertido, el libro ha generado un encendido debate tanto en la academia como en los medios. Para Rafael Medoff, director del Instituto Wyman para Estudios del Holocausto y autor de un libro en el que acusa a Roosevelt de haber traicionado a los judíos, fue el ánimo antisemítico de Roosevelt, no el del Congreso o del Departamento de Estado, el que determinó que las cuotas para los refugiados judíos se mantuvieran a un nivel bajo.

Sin condonar el manifiesto prejuicio antisemita en las intemperadas declaraciones de Roosevelt que Medoff revela en su acuciosa investigación, coincido con Breitman y Lichtman cuando afirman que dadas las circunstancias el juicio histórico final favorece a Roosevelt. No se puede negar que en las décadas de 1930 y 1940 el antisemitismo en Estados Unidos era profundo. Así lo atestiguó Gunnar Myrdal en su “clásico” libro Un dilema americano, donde escribió que “muy probablemente el antisemitismo estadounidense sea más fuerte que el que existía en Alemania antes de la era nazi”. Tampoco que la prioridad de Roosevelt era acabar con Hitler.

Para mí, lo verdaderamente preocupante es que en un momento en el que el antisemitismo crece por todo el mundo, según un informe reciente de la Universidad de Tel Aviv, en Estados Unidos subsistan grupos como el de la Hermandad de la Raza Aria. Según Mark Potok, un abogado afiliado al Southern Poverty Law Center, “lo que hemos venido observando es que estas pandillas de delincuentes que estaban confinados en prisiones, hoy cada vez más aparecen por las calles de las ciudades por todo el país”. Y si bien hoy se dedican a la venta ilegal de armas, a la trata de blancas, y a la distribución y venta de drogas, sobre todo de anfetaminas, su ideología nazi sigue imperturbable. Su contraseña es “88”, que toma la posición de la hache en el alfabeto para disfrazar el abominable “Heil Hitler”.

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