[ELECCIONES PRIMARIAS]

El Santón

Propulsado por la incapacidad de Mitt Romney para conectarse con la base republicana, Rick Santorum busca ganar adeptos radicalizando a su partido hacia la derecha.

Una verdad que se cae de madura es que la conformación del calendario de elecciones primarias en el Partido Republicano obliga a los aspirantes a la candidatura presidencial a irse a la derecha dentro del que es ya de por sí un partido cada día más volcado al conservadurismo extremo, sobre todo, desde la incorporación a sus filas del llamado Tea Party.

Otro factor que ha colaborado a la derechización del Partido Republicano este año es la incapacidad de Mitt Romney, el candidato que según la plana mayor del partido tendría mayores posibilidades de enfrentar con éxito al presidente Barack Obama en la elección de noviembre, para generar entusiasmo dentro de su propio partido.

Y es, precisamente, esta inhabilidad de Romney para conectar con la base republicana la que ha propiciado que cartuchos quemados como Newt Gingrich o Rick Santorum le sigan haciendo sombra a estas alturas del cotejo interno. Peor aún, lo que Gingrich pero, sobre todo, Santorum han hecho es introducir en la agenda política electoral temas de la divisiva agenda social, como por ejemplo la separación de la relación entre la iglesia y el Estado, en vez de presentar propuestas para acelerar la reactivación de la economía, el tema que a todos los votantes más les interesa.

A fines de febrero, Santorum desató una controversia al calumniar al presidente John F. Kennedy interpretando, maliciosamente, el famoso discurso en el que quien se convertiría en el primer presidente católico de Estados Unidos, fijaba su postura sobre la debida separación entre la Iglesia y el Estado. Lo que Kennedy dijo en su campaña por la Presidencia en 1960, con la evidente intención de calmar la ansiedad de los votantes, fue que él creía en un Estados Unidos en el que la separación entre la Iglesia y el Estado era absoluta; en un país en el que ninguna autoridad eclesiástica de cualquier denominación tendría autoridad para decirle al Presidente qué hacer o cómo proceder; donde ninguna Iglesia sería favorecida por el Estado y donde no se toleraría discriminar a un candidato a un puesto público por ser creyente de una fe o por tener una religión diferente a la del Presidente. Lo que Santorum acaba de decir es que el discurso de Kennedy le provoca el vómito, y le acusa de “articular una visión del país que impide la presencia de la fe en la plaza pública”.

Irónicamente, como el Foro sobre Religión y Vida Pública del Centro Pew ha documentado ampliamente, aunque la opinión de los estadounidenses sobre la separación ha tenido algunas fluctuaciones, a la fecha un 53% de los estadounidenses opina que la Iglesia no deberían participar en la vida política del país, y el 70% de la población piensa que sería indebido que cualquiera de estas apoyara directamente a un candidato.

Las opiniones sobre el tema de la separación entre la Iglesia y el Estado varían en función de la ideología, pero la tendencia general apunta más a la separación que a la inclusión. En 2004, el 30% de los republicanos conservadores opinaba que la Iglesia debería mantenerse al margen de la política. En 2008 la cifra aumentó al 48% y en 2010 cae a un 40%. Por otro lado, en 2010, el 56% de los demócratas dijo favorecer la separación que Thomas Jefferson consagró en sus escritos.

Más allá de la interpretación alucinante de un discurso que es ejemplo de tolerancia religiosa, lo que asombra es el desdén con el que Santorum trata la opinión de la mayoría de los ciudadanos. Sorprende, también, que no se percate de que para ganar la elección presidencial necesita el voto de la mayoría de los independientes, porque ninguno de los dos partidos principales tiene una base suficientemente grande como para ganar una elección nacional y que el requisito sine qua non que deben cumplir los candidatos es colocarse al centro del espectro político y no a la extrema derecha como lo ha hecho Santorum.

Afortunadamente para el país, es poco probable que Santorum llegue a la Presidencia. Lo indudable es que con sus aires de santidad, el santón sigue desgastando a su partido, mientras los estrategas de campaña de Obama se frotan las manos regocijados.

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