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[FRANCIA]

Segundas partes

El regreso de Nicolás Sarkozy a la primera fila de la política es una buena muestra de la crisis de confianza que atraviesa el panorama político de Francia.

Con un presidente, François Hollande, al que las medidas reformistas le están costando una sangría en las encuestas, y con una extrema derecha a la que los sondeos dan como ganadora en la primera vuelta de unas presidenciales –aunque, por ahora, perdería en la segunda–, el expresidente se presenta como una figura salvadora; y no solo de Francia, sino de toda Europa, a la vez que enarbola un discurso populista que se aleja del planteamiento tradicionalmente moderado y sosegado del centroderecha francés.

Sarkozy –difícilmente el símbolo de cambio y de renovación de liderazgo que Francia y Europa necesitan– asegura que la diferencia entre izquierda y derecha está superada y pretende rebautizar al principal partido de la oposición para que, bajo unas nuevas siglas, agrupe al mayor número posible de formaciones.

La idea es presentarse a sí mismo como un unificador y frenar el avance del Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen. Sarkozy asegura que Le Pen implica el aislamiento total de Francia, mientras que Hollande representa un espectáculo humillante.

Su objetivo es obvio: alarmar al votante con la perspectiva del voto arrollador del FN y tratar de empequeñecer la imagen del presidente Hollande y de su Gobierno, en pleno combate –con parte de los propios parlamentarios socialistas y con Bruselas– para tratar de salvar las cuentas y llevar a cabo las reformas estructurales que necesita el país.

Es indudable la inquietud que despierta en Francia y en el resto de Europa la alta estimación de voto que obtiene la extrema derecha. Pero el retorno de Sarkozy a la política activa –pensando, sin decirlo, en las presidenciales de 2017– hace albergar la sospecha de que se trata de una huida hacia adelante.

El expresidente tiene que hacer frente a un amplio abanico de procesos judiciales por presuntos delitos que van desde el tráfico de influencias a la financiación irregular de su partido, pasando por las ayudas recibidas del derrocado dictador libio Muammar el Gaddafi para llegar a la Presidencia de la República por primera vez en 2007.

El discurso salvador adoptado por Sarkozy y las circunstancias judiciales que rodean su relanzada carrera no son originales. Berlusconi lo hizo antes en Italia.

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