[CONFLICTO ÉTNICO]

Sudán del Sur, ¿del cese el fuego a una paz sostenible?

El 23 de enero se firmó un alto el fuego, pero la violencia étnica que se ha desatado podría no terminar con la misma facilidad. Hasta el momento, miles de personas han sido asesinadas.
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“Nos recogieron en puntos de control o durante registros domiciliarios. Nos reconocieron por nuestros acentos, o por las marcas tradicionales en nuestras caras. Se llevaron a entre 200 y 400 de nosotros a una sala de la comisaría de policía, tan pequeña que nos sofocábamos. De repente abrieron fuego contra nosotros desde dos ventanas. Caí al suelo, y quedé protegido por los cuerpos de los muertos y heridos que cayeron encima de mí. Algunos de los heridos gemían. Abrieron fuego de nuevo dos veces durante la noche”.

Así es como un sobreviviente me describió los asesinatos en una estación de policía en Gudele en Juba, Sudán del Sur. Él es tan solo una de muchas víctimas de horribles crímenes cometidos por ambas partes, por la única razón de ser de la etnia equivocada.

El 14 de julio de 2011, Sudán del Sur celebró su entrada en la ONU, convirtiéndose en el 193º y más reciente miembro de la organización, después de décadas de lucha por la independencia en las que 2.5 millones de sudaneses del sur perdieron la vida. Pero hoy en día, una lucha de poder entre su presidente Salva Kiir (de etnia dinka) y el ex vicepresidente Riek Machar (de etnia nuer) ha degenerado en un conflicto armado caracterizado cada vez más por motivos étnicos.

Un alto el fuego fue firmado el 23 de enero, pero la violencia étnica que se ha desatado podría no terminar con la misma facilidad. Hasta el momento, miles de personas han sido asesinadas durante los enfrentamientos y los ataques interétnicos contra civiles nuer y dinka. Cientos de miles de personas han sido desplazadas y se encuentran en busca de un refugio seguro. Existen informes creíbles de asesinatos en masa y extrajudiciales, desapariciones forzadas, violencia sexual, saqueos, incendios y destrucción sin sentido de propiedades, así como la utilización de niños como “soldados”.

¿Quién empezó este conflicto? ¿Y quién ataca a la población civil? La “verdad” depende del origen étnico que uno tiene. Cuando hablé con los desplazados, las víctimas y sus familias en los campamentos de Juba, Bentiu y Bor, encontré que su percepción del conflicto estaba tan influenciada por su afiliación étnica que era como si vivieran en diferentes realidades.

En tal situación, es imperativo que la ONU monitoreé y realice informes públicos sobre violaciones de derechos humanos, víctimas y victimarios. Solo el establecimiento de los hechos con imparcialidad evitará que falsos rumores reaviven el conflicto, ayudará a resolver los agravios y promoverá la rendición de cuentas a largo plazo.

Sudán del Sur tiene una tradición de impunidad. Nunca hubo ninguna rendición de cuentas por los crímenes cometidos durante el anterior conflicto principal entre los dos mismos grupos étnicos en 1991. Esto ha contribuido a la repetición trágica de la historia. Por tanto, es muy alentador que el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana haya decidido establecer una comisión internacional de investigación sobre las causas del conflicto y de los crímenes que se han cometido.

El jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Sudán del Sur me dijo: “Cuando no estamos de acuerdo no gritamos, disparamos. Hay una cultura de violencia”. Para proteger a los civiles de la violencia y aprender de las tragedias de Ruanda y Srebrenica, la ONU está tratando de ayudar a su miembro más reciente de una forma sin precedentes: la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur ha abierto las puertas de sus instalaciones para brindar protección a unas 70 mil personas que temen por sus vidas a causa de su origen étnico. Tomará tiempo, y mucho más que firmas, para que se sientan lo suficientemente seguros para volver a sus hogares.

Es un desafío enorme proporcionarles alimentos, asistencia sanitaria, agua y servicios de saneamiento. Vi un hospital sin medicamento alguno en Bentiu, a gente que sobrevive con solo 2.5 litros de agua por día en Bor, y a 20 mil desplazados comprimidos en un espacio contiene menos de cuatro metros cuadrados por persona en un campamento en Juba –el estándar mínimo internacional para los presos.

Pero el reto más difícil de todos es ofrecerles protección física: un pequeño recinto de la ONU en Akobo fue asaltado por jóvenes armados que mataron al menos a 16 civiles, así como a dos soldados indias de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU que trataban de protegerles. A pesar del alto al fuego, la fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas debe fortalecerse para mantener a los civiles a salvo.

“Un mes de combates ha hecho retroceder una década a Sudán del Sur”, me dijo un experto en temas de desarrollo en Juba. Estadísticas en el ámbito del desarrollo ilustran lo difícil que es la vida: la mitad de la población vive en la pobreza y está desnutrida. Las posibilidades de una mujer joven de morir al dar a luz son las mismas que las de terminar la educación primaria. Uno de cada diez niños muere antes de su quinto cumpleaños.

Sin embargo, Sudán del Sur puede llegar a ser estable y próspero. Es un país rico en petróleo, que equivale a dos tercios de su PIB. En lugar de ser desperdiciados en la mala gestión, la corrupción y los conflictos, los ingresos deberían utilizarse para promover el desarrollo social. Hay una oportunidad crítica y es ahora. La ONU debería hacer todo lo posible para proteger a la población de Sudán del Sur y apoyar los esfuerzos para garantizar una paz sostenible. Los habitantes de Sudán del Sur merecen un futuro mejor. El petróleo no durará para siempre.

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