[ESTADOS UNIDOS]

Los ´Super Pac´ se adueñan de la campaña

El costo de las elecciones presidenciales de 2008 rompió todos los récord financieros. Por primera vez en la historia, los máximos candidatos a ocupar la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y John McCain, tuvieron que disponer de más de mil millones de dólares para disputarse el cargo que dejaría George W. Bush. En total, la pelea hacia la Casa Blanca insumió incluso más de 5 mil millones de dólares. Pero de cara a los comicios de este año, esa suma parecerá nimia.

La contienda preelectoral ya indica que la batalla por el dinero amenaza con escalar. La culpa es una legislación nueva que rige tras un fallo de la Corte Suprema en Washington de hace dos años que abrió el camino a las empresas y los sindicatos para que puedan poner dinero en las campañas electorales en apoyo a algún cargo político.

Las contribuciones directas a los candidatos tienen un marco más estrecho, pero el apoyo de grupos independientes ya no tiene límites. La flexibilidad de la palabra “independiente” queda demostrada con los llamados Super Pac (comités de acción política), que brotan como hongos desde el fallo de la Corte.

Formalmente no se les permite mantener acuerdos con el candidato que apoyan, pero en realidad se convirtieron en los guerreros en la sombra más fuertes de la campaña electoral. Sobre todo, los favoritos en la carrera republicana por la nominación presidencial, Mitt Romney y Newt Gingrich, tienen poderosos Super Pac a su lado, que gastan astronómicas sumas de dinero para publicitar a sus candidatos. La mayor parte del dinero proviene de corporaciones e individuos adinerados.

“La elección presidencial se verá inundada con dinero, y nuestra democracia no mejorará por ello”, advirtió recientemente el prestigioso profesor de derecho Kent Greenfield en The Washington Post. En realidad los comicios se ponen en peligro porque los Super Pac “se convirtieron en un vehículo para las voces e intereses de una élite muy pequeña de empresarios y financistas”, afirmó.

Políticos como marionetas de los ricos, una preocupación que en Estados Unidos es tan vieja como las elecciones mismas. Pero los temores han recibido un nuevo impulso. El comité detrás del expresidente de la Cámara de Representantes Gingrich vive casi exclusivamente de la generosidad de un donante, el multimillonario Sheldon Adelson. El magnate hotelero de Las Vegas, de 78 años, puso en las últimas semanas 10 millones de dólares en el Pac Winning our future (Ganar nuestro futuro). En total, en los últimos años incluso invirtió unos 17 millones de dólares para Gingrich, según estiman los medios de comunicación estadounidenses.

El apoyo financiero parece ser imparable, y después de la experiencia de las primeras semanas de la campaña, la batalla electoral podría transformarse en una masacre. Debido a su “independencia”, los comités políticos podrían luchar con métodos brutales por la caza de votos –desde la publicidad telefónica hasta la difamación dirigida contra los adversarios–, como jamás los propios candidatos se hubiesen atrevido para no poner en peligro su reputación.

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