[ENEMIGOS INTERNACIONALES]

A los amigos no se les espía

En un mundo convulsionado como el actual, EU no puede permitirse el lujo de perder a un aliado confiable como Alemania por la incontrolable arrogancia de sus agencias de espionaje.

Mientras Vladimir Putin llega a La Habana a perdonarle deuda al gobierno de los hermanos Castro; viaja a Buenos Aires a cenar con Cristina Kirchner y el uruguayo José Mujica (Evo Morales y Nicolás Maduro estaban invitados pero se excusaron a última hora); comparte el palco de honor en la final del Campeonato Mundial de Fútbol con la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff y la canciller alemana Angela Merkel, en Río de Janeiro; y el presidente chino Xi Jinping comienza una gira por cuatro países de América Latina, Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba, con el propósito de estrechar vínculos con la región; la Canciller de Alemania se ve obligada a expulsar al jefe de la CIA en la embajada estadounidense, en Berlín, como represalia por el implacable espionaje estadounidense a la Canciller, a los servicios de inteligencia alemanes y a la ciudadanía de un país que ha sido un aliado incondicional por lo menos desde 1955.

La respuesta del Parlamento alemán y de Merkel no fue dictada por capricho ni por hostilidad contra Estados Unidos (EU). Fue para exigirle al poderoso aliado estadounidense que se tome en serio al país más poderoso de Europa. Para pedirle que deje, como bien dijo Merkel, “de gastar su energía espiando a los amigos”.

Después del bochornoso incidente en el que la NSA fue descubierta interviniendo las comunicaciones personales de millones de ciudadanos alemanes y el teléfono personal de la Canciller, Merkel fue a Washington a expresar su malestar y a demandar que el presidente Barack Obama ordenara el cese del espionaje. Obama respondió a medias. Por un lado, ordenó que se dejara de intervenir el teléfono de la Canciller, pero nunca se comprometió a interrumpir el espionaje a un país que desde hace décadas ha sido uno de sus más firmes aliados en Europa.

Este 4 de julio, el Gobierno alemán informó que un empleado de la agencia de inteligencia exterior de Alemania confesó haber vendido documentos clasificados a la embajada estadounidenses. La inteligencia alemana descubrió en la casa del espía aparatos de encriptación tan sofisticados que es evidente la mano de la CIA. Cinco días después, los investigadores de la Oficina Federal de la Policía Criminal allanaron la casa y las oficinas de un empleado del Ministerio de Defensa a quien los funcionarios acusaron de haber espiado para los estadounidenses.

Los dos últimos incidentes muestran que la incomprensible escalada de espionaje a los servicios de inteligencia de un país amigo y que abarca ahora a la misma comisión parlamentaria que estudiaba cómo reducir la tensión entre los dos países sigue incontrolable. Se comenta que Obama no sabía nada de estos dos últimos incidentes. Lo irritante para los alemanes es que a la fecha, EU se ha negado a revelar la magnitud real de su programa de espionaje en Alemania.

Mientras tanto, la imagen de EU y de Obama ha sufrido una considerable baja en la opinión de los alemanes. El porcentaje de alemanes que ven a EU como un “socio confiable” cayó al 38%, según un sondeo publicado el mes pasado por Infratest dimap, la más baja desde 2007. Mientras que Edward Snowden, quien hizo las filtraciones sobre el espionaje de la NSA, es considerado un héroe.

Esta no es la primera vez que aumenta el sentimiento antiestadounidense. Sucedió durante la guerra en Vietnam pero volvió a la normalidad al terminarse el conflicto. La invasión a Irak volvió a dañar la imagen de EU en el resto del mundo y también en Alemania. La elección de Obama creó enormes expectativas de que las cosas serían distintas aunque pronto sobrevino la desilusión.

El Gobierno alemán siempre ha sido un aliado confiable de EU aunque nunca ha llegado al servilismo de Gran Bretaña con Tony Blair o la España de José María Aznar. Hoy los alemanes le piden a su Canciller que reafirme la independencia de su política exterior respecto a EU porque piensan que esa nación, con George W. Bush o con Obama, viola las leyes internacionales cuando cree que puede obtener un beneficio político.

En este momento, en el que Estados Unidos aglomera conflictos en el Medio Oriente, en Irán, Irak y Afganistán; desencuentros con Rusia, China, India y Brasil, y las relaciones con América Latina han empeorado desde que Obama tomó el poder, y mejoran con Rusia y China, cabe preguntarse: ¿Vale la pena enemistarse con Alemania también?

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