[MEDIO ORIENTE]

En apoyo a la causa de la paz

La Asamblea General no puede admitir un nuevo Estado en la ONU, pero puede elevar el estatus actual de los palestinos al de Estado no miembro observador.

A dar un paso irrevocable del cual seguramente se arrepentirá, el liderazgo palestino se está dirigiendo a las Naciones Unidas en su propósito unilateral de declarar la creación de un estado. Dado que Washington ha indicado que vetará cualquier intento con tal fin dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, los palestinos centrarán sus esfuerzos en la Asamblea General. La Asamblea General no puede admitir un nuevo Estado en la ONU, pero puede elevar el estatus actual de los palestinos al de Estado no miembro observador. También puede ofrecer apoyo simbólico, mediante el voto de la mayoría, a un Estado palestino a lo largo de las líneas de 1967, con el sector oriental de Jerusalén como capital del mismo.

Los interesados en una solución que conlleve a la existencia de dos Estados se deberían oponer a la táctica palestina. La estrategia es contraproducente. Y cuanto antes los palestinos reciban el mensaje, especialmente de los países democráticos claves, cuyo apoyo anhelan, más posibilidades habrá de que reconsideren su táctica.

En primer lugar, esta movida para evitar conversaciones cara a cara con Israel no puede generar una paz duradera, sin importar cuántas resoluciones apruebe la Asamblea General. Los líderes políticos responsables deben alentar a los palestinos a regresar a la mesa de negociaciones.

En segundo lugar, un Estado palestino reconocido a lo largo de las líneas de 1967 (que en realidad, no son más que las líneas del armisticio de 1949), dará por tierra con las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU y los Acuerdos de Camp David, que enfatizan resultados negociados y no predeterminan las fronteras definitivas. Si la Asamblea aprueba las fronteras de un Estado palestino, ¿cómo podrán luego los palestinos en un mundo real aceptar los ajustes territoriales que los diplomáticos saben que serán necesarios para hacer frente a las necesidades mínimas de ambas partes?

En tercer lugar, los países que apoyan la estrategia palestina pueden contribuir a un resurgimiento de la violencia. Cuando los palestinos en la calle se den cuenta de que ningún voto en la Asamblea General puede en realidad crear un Estado, ¿cuánto tiempo tomará para que la decepción se convierta en más que protestas? ¿Y cuándo entenderán que la ayuda anual de EU de $500 millones puede detenerse, como lo indicara ya que el Congreso? ¿Entonces qué?

En cuarto lugar, un Estado, por definición, controla fronteras definidas. ¿Puede el presidente de la Autoridad Palestina, Abbas, legítimamente reclamar el control de Cisjordania, donde aún permanecen cuestiones no resueltas con Israel? ¿Y con respecto a la Franja de Gaza, donde él reconoce una alianza con Hamas, una organización terrorista que gobierna incumpliendo cualquiera de las tres condiciones establecidos por el Cuarteto, el cual esta integrado por la misma ONU? Y un voto a reconocer como un “Estado” puede crear un precedente peligroso. ¿Está la Asamblea General preparada para validar la condición de Estado de todos los separatistas, insurgentes o de los llamados grupos independentistas, más allá de las condiciones en el terreno?

Y en quinto lugar, un voto en la Asamblea General enviaría el mensaje equivocado a Israel, que la ONU ignorará sus intereses vitales, pasará por alto sus decididos esfuerzos para alcanzar un acuerdo negociado que incluya la existencia de dos Estados, entregará tierras que incluyen el barrio judío de Jerusalén y el muro sagrado occidental a los palestinos, y reforzará su arraigada desconfianza en el organismo mundial, cuya mayoría automática actual da a Israel un trato injusto.

Por supuesto, la mayoría de miembros de la Asamblea General apoyarán todo lo que los palestinos decidan hacer, ya que la Liga Árabe (22 miembros), la Organización de la Conferencia Islámica (56 miembros), y el Movimiento No Alineado (118 miembros) tienen los números necesarios. Sin embargo, los palestinos anhelan también el apoyo de los países democráticos. Algunos estados, como Alemania, Italia y los Países Bajos han declarado su oposición. Sin embargo, en forma alarmante, la mayoría de los otros países que aman la libertad aún mantienen sus posiciones en silencio. Es cierto que el apoyo a los palestinos en las Naciones Unidas ofrece el camino de menor resistencia diplomática. No hay repercusiones negativas por votar en contra de Israel, pero apoyar a Israel puede costar caro. Como aprendió Canadá el año pasado cuando perdió su candidatura a un escaño en el Consejo de Seguridad, ya que se negó a sucumbir a la mentalidad de la manada en contra de Israel. Y también podría haber consecuencias bilaterales (energía, inversiones, comercio, etc.) para quienes den prioridad a sus principios en dicha votación. Muy pronto sabremos cómo se alinean los países.

Y entonces tendremos una buena percepción de cuáles naciones democráticas tienen el coraje de adoptar el principio en pos de la paz palestino-israelí, y cuáles están dispuestas a tirarlo por la borda.

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