[EL VOTO DE LAS MINORÍAS]

La caja de sorpresas

Que Obama contaría con el voto de afroamericanos e hispanos era obvio; que contaría también con el de los asiático-americanos ha sorprendido a quienes les suponían conservadores.

Quizá la mayor sorpresa de la elección del 6 de noviembre de 2012 fue el enorme porcentaje de ciudadanos americanos de origen asiático que votó por Barack Obama. Si algo auguraba el mito de los asiático-americanos como la “minoría modelo” era que dado su carácter conservador, ordenado e incluso sumiso, tan diferente al de las otras minorías, el Partido Republicano podría contar con su voto. Pero no fue así, las encuestas a boca de urna muestran que Obama, el candidato del Partido Demócrata, obtuvo el 73% del voto asiático americano, un porcentaje menor al 93% del voto afroamericano, pero superior al 71% del voto hispano.

Como era de esperarse, dada la concentración de grupos de origen asiático en California y la virtual desaparición del Partido Republicano en el mapa político del estado, en ese estado 8 de cada 10 asiático-americanos votaron por Obama. Algo semejante sucedió en Hawai y en Nueva York, donde también el voto por Obama fue copioso. Pero lo que nadie esperaba, salvo los muy enterados dentro de sus enclaves, era que en Nevada el porcentaje iba a ser un poco mayor que en California y menos que aumentara, considerablemente, también en estados del sur como Arizona, Carolina del Norte, Georgia y en la norteña Nueva Hampshire.

La noticia adquiere mayor relevancia si consideramos que las encuestas del Pew Center muestran que el número de inmigrantes asiáticos (provenientes de Filipinas, India, China, Japón, Corea, Vietnam, Pakistán y otros países) ha sobrepasado al número de migrantes de América Latina. Según los últimos reportes del Censo de Población el número de migrantes asiáticos ha crecido un 46% entre el año 2000 y 2010.

Pero aquí no paran las sorpresas, porque la relación de este grupo de migrantes con su país de adopción desde su arribo en el siglo XVIII, cuando los primeros filipinos llegaron a las costas de Luisiana hasta que se dio la importación de trabajadores chinos para trabajar en la construcción del ferrocarril transcontinental, en el siglo XIX, ha sido tortuosa y plena de altibajos.

A pesar de su reducido número, comparado con el de migrantes procedentes de países europeos, en su inmensa mayoría blancos y de religión protestante, el prejuicio racial contra los asiáticos ha sido intenso. Su satanización en California llegó al punto de considerarlos como “el peligro amarillo” y la reacción nacional a la histeria racista en el oeste del país fue todavía peor, cuando el Congreso y del Ejecutivo promulgaron leyes migratorias restrictivas con dedicatoria a ese grupo, como por ejemplo, El Acta de Exclusión Asiática, y otra que se aplicaba exclusivamente contra los chinos, El Acta de Exclusión China. Ya para 1920, por ejemplo, la cuota de admisión para los inmigrantes asiáticos era de cero.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial trajo también toda clase de desventuras a la comunidad de origen asiático, cuando sin tener un ápice de evidencia para dudar de su lealtad a Estados Unidos, aproximadamente 120 mil personas, hombres, mujeres, niños y niñas, fueron encerrados en campos de concentración hasta que la guerra concluyó.

Años después, sin embargo, la actitud de los estadounidenses hacia el grupo empezó a cambiar cuando alguien inventa el mito de la “minoría modelo”, para designarlos. De acuerdo al estereotipo, este heterogéneo grupo de migrantes es arbitrariamente uniformado y clasificado como un grupo excepcional, formado por individuos “inteligentes, ricos, trabajadores, sumisos, dóciles, espirituales y poco propenso a recibir ayudas del Gobierno”.

La realidad, sin embargo, es diferente, aunque es indudable que dentro de la muy diversa comunidad asiático-americana hay individuos que tienen muchas de estas características, salvo la de la sumisión y el conservadurismo. Ahora, gracias al trabajo de dos académicos asiáticos, Taeku Lee, de Berkeley, y Karthick Ramakrishnan, de UC Riverside, sabemos que desde la presidencia de Bill Clinton los asiático-americanos descubrieron que cuando los demócratas cuentan con el liderazgo apropiado procuran la negociación por encima de la confrontación y son capaces de cultivar una buena relación con todos los sectores de la sociedad, incluidas las minorías. Este año, Obama ha sido el beneficiario de esa caja de sorpresas donde habita la muy diversa comunidad asiático-americana.

¡Enhorabuena!

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