Acoso sexual

El caso del profesor Francisco J. Ayala

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En el mundo de la ciencia, el de la biología evolutiva en particular, ha armado un enorme revuelo la decisión de la Universidad de California (UCI) de expulsar al profesor Francisco J. Ayala de su cátedra de Irvine. La razón que alega UCI es la de haber sido considerado culpable de acoso sexual por la Oficina para la Igualdad de Oportunidades y Diversidad (OEOD en sus siglas en inglés) de dicha universidad. La OEOD ha dado la razón a cuatro denunciantes de tales supuestos abusos, cuyos nombres no merece la pena repetir aquí.

Pues bien, me gustaría recomendar a cualquiera que se interese por lo sucedido que examine con lupa los hechos. De acuerdo con la OEOD, Ayala ha sido acusado de tres conductas inapropiadas: 1) Tocar en el codo a una profesora en el transcurso de una reunión del departamento, para conducirla hacia un corro en el que estaban tratando un asunto de su posible interés; 2) Dar un beso en cada mejilla a una colaboradora suya para saludarla al ir a cenar a la casa de ella, delante de su marido y de la mujer de Ayala; y 3) Decir en algunas ocasiones a una mujer algo así como “te veo muy guapa y elegante”, en particular a una que estaba embarazada.

No entro en si la Universidad de California debería considerar o no que tales actos suponen una conducta que lleva a la expulsión. Me limitaré a sostener tres cosas. La primera, que el día del supuesto abuso consistente en tocar el codo famoso (UCI prohíbe el contacto físico), el profesor Ayala no asistió a esa reunión de su departamento porque estaba dando una conferencia en otra ciudad. La segunda, que pese a que el rector de la UCI dice que se oyó el testimonio de más de 60 personas, la OEOD no llamó a ninguna de las que Ayala presentaba como sus testigos. La tercera, que nada más presentarse la denuncia, al profesor Ayala se le expulsó de su despacho. No utiliza ordenador alguno; solo las revistas y libros que tenía allí. Con lo que, siete meses antes de que hubiera ninguna conclusión, se le aplicó ya el castigo. ¿Cabe pensar que el procedimiento seguido por la OEOD es justo y hace honor a la verdad?

El rector Howard Gillman ha decidido también retirar el nombre de Ayala que bautizaba la Facultad de Biología y la biblioteca de la universidad porque, en sus propias palabras, “mantener al profesor Ayala en una posición de honor sería un error”. Me pregunto si, de paso, va a devolverle los 10 millones de dólares que Ayala ha donado a la UCI a lo largo de su carrera, o si, al quedárselos, la universidad que le expulsa en semejantes términos toma una decisión honorable.

Pero en el fondo todo eso es lo de menos, salvo para el propio Ayala. Lo tremendo es que el ansia por unirse al movimiento “Me Too” lleve a perseguir, denunciar y castigar a personas a las que sería muy difícil que un tribunal de los de verdad condenase. Con semejantes maniobras, que esconden siempre luchas de poder, lo que se consigue es minimizar y reducir a un caso más los episodios de verdaderos acosos sexuales. Unos casos que abundan y a menudo quedan en nada, borrados por la niebla de las manipulaciones.

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