[ESTADOS UNIDOS]

Una cuestión de igualdad

Hay quienes rechazan el argumento de la debilidad natural de las mujeres y sostienen que su inclusión fortalece al país, en tanto que va a incrementar el número de reclutas a las fuerzas armadas.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, ha levantado la prohibición militar que impedía a las mujeres entrar en combate directo. Y aunque la incorporación de las mujeres al frente no será automática, porque está sujeta a los planes que cada uno de los cinco cuerpos militares que conforman las fuerzas armadas elabore acerca de cuáles posiciones podrían abrirse para las mujeres, a más tardar en 2016, la decisión del jefe del Pentágono les abre la puerta a miles de puestos en el frente de batalla y a comandos de operaciones especiales, donde hasta ahora ellas estaban vetadas. La decisión de Panetta ha generado un intenso debate sobre el “papel de las mujeres” no solo en las fuerzas armadas sino en la sociedad.

Por un lado hay quienes aseguran que las mujeres carecen de la fuerza necesaria para estar en las primeras filas de combate y que su forzada inclusión, necesariamente, debilitará la capacidad combativa de los ejércitos.

Por el otro, hay quienes rechazan el argumento de la debilidad natural de las mujeres y sostienen que su inclusión fortalece al país, en tanto que va a incrementar el número de reclutas a las fuerzas armadas. Según esta corriente de opinión, lo que realmente sucede es que a los machos les aterra la posibilidad de recibir órdenes de las mujeres en el momento justo en el que ellas, inevitablemente, ocupen cargos de mando.

Para muchos otros, el tema central del asunto es en realidad, la igualdad de oportunidades. El año pasado un grupo de mujeres soldados y la Unión Americana de Libertades Civiles demandó al Pentágono y al secretario de Defensa, Leon Panetta por excluirlas del combate. Y no solo esto, también argumentó que en la ruta de ascenso en las fuerzas armadas la experiencia en combate tiene un peso decisivo en las promociones. En este sentido, dicen, mientras se mantenga a las mujeres bajo un techo artificial se inhibe su posibilidad de acceder a los puestos de mando no solo dentro de las fuerzas armadas sino fuera de él si es que al retirarse del ejército deciden iniciar otra carrera en el sector público o en el privado.

Parte del problema que hoy empieza a solucionarse es que la situación de las mujeres en el ejército ha sido sumamente ambigua, pues si bien existe una ley que data de 1994 que prohibía que fueran asignadas a unidades de combate, el año pasado se hizo una modificación que les permite tener acceso a ciertas plazas y puestos en los que conviven con unidades de combate, pero sin ser oficialmente reconocidas como combatientes.

Por otro lado, la decisión de Panetta ha revivido el debate sobre el viejo tema de la conscripción de mujeres. La pregunta central es: ¿una vez que se implementen los planes para que puedan entrar en combate, las mujeres entre 18 años y 25 años de edad tendrán que registrarse en el Sistema de Servicio Selectivo al igual que los hombres?

No olvidemos que obligado por las protestas contra la guerra de Vietnam, Estados Unidos suspendió la conscripción obligatoria en 1973. Siete años después, la invasión soviética a Afganistán lleva al presidente Jimmy Carter a restablecer el Sistema de Servicio Selectivo que obliga a los hombres de entre 18 años y 25 años de edad a registrarse para que, en caso de necesidad, puedan ser reclutados, pero al mismo tiempo se excluyó de esta obligación a las mujeres, en virtud de la prohibición a que participaran en combate.

Esta decisión fue avalada un año después por la Suprema Corte de Justicia, al fallar en contra de un grupo de hombres que exigía que el registro incluyera a las mujeres. El argumento de la mayoría en la Corte Suprema fue que no se podía autorizar el registro, dada la prohibición a las mujeres de entrar en combate.

Yo pienso que el tema central en este debate es la igualdad de oportunidades y que si las mujeres quieren participar en combates no hay razón para excluirlas. Más aún, concuerdo con la opinión del ministro de la Suprema Corte, Thurgood Marshall, quien en el caso de 1981 disintió de sus colegas, argumentando que la decisión de la Corte “perpetuaba las viejas patrañas acerca del ´papel de la mujer´”. Yo pienso que la decisión de Panetta puede servir para desterrar la repugnante idea de la desigualdad de los sexos.

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