[FORMULACIÓN DE POLÍTICAS]

La cumbre de Cartagena más allá del escándalo

Uno de los temas más complejos de la cumbre fue el de las drogas ilícitas, una problemática multidimensional que está provocando estragos en muchos países del hemisferio.

La VI Cumbre de las Américas, realizada el pasado mes de abril, estuvo opacada en los medios de Estados Unidos y de algunos otros países por el escándalo sexual del Servicio Secreto norteamericano; sin embargo, los líderes del continente analizaron varios asuntos relevantes en Cartagena. Ahora comienza la difícil tarea de la implementación.

Uno de los temas más complejos de la cumbre fue el de las drogas ilícitas –una problemática multidimensional que está provocando estragos en muchos países del hemisferio. Desde hace mucho tiempo, un número importante de comentaristas y políticos han rechazado la militarización como una opción para abordar este problema.

Recientemente, varios líderes nacionales y ciudadanos se han unido a las críticas de la llamada “guerra contra las drogas”. Es claro que en esta “guerra” no se ha podido triunfar. El Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, ha incluso planteado la legalización del consumo y producción de drogas, “dentro de ciertos límites y condiciones”.

En la inauguración de la VI Cumbre, el presidente del país anfitrión, Juan Manuel Santos, observó que, aunque fue Richard Nixon quién declaró la “guerra contra las drogas” en 1971, esa “guerra” realmente lleva un siglo, desde la Convención Internacional del Opio, en 1912. Evidentemente, la estrategia y las tácticas han evolucionado a lo largo del tiempo.

Santos señaló que, a pesar de los inmensos esfuerzos y recursos invertidos, el negocio de las drogas ilícitas sigue pujante, creando graves problemas de salud pública y generando la violencia, el tráfico de armas y otros vicios. El presidente instó a sus colegas a dialogar sobre el tema “sin prejuicios ni dogmas”.

La Cumbre de Cartagena representó un hito importante. En sus declaraciones a la prensa después del evento, Santos aseguró que los líderes habían iniciado una importante nueva conversación al debatir el tema de manera abierta y honesta. No se trató de un debate sobre la legalización, dijo, sino sobre la necesidad de una perspectiva holística y una manera más eficaz de abordar el problema.

El próximo paso es para la Organización de los Estados Americanos, que fue encargada de realizar un estudio amplio de las políticas y los programas existentes en materia de drogas, para evaluar qué ha funcionado y qué no. Con base a estos resultados, podemos empezar a reexaminar las políticas y prioridades a largo plazo.

Como suele ocurrir en la formulación de políticas, este proceso probablemente tomará tiempo, especialmente por el hecho que el tema de las drogas es lo que llaman una “papa caliente” de muchas dimensiones. Sin embargo, se debe recordar que el proceso de las Cumbres de las Américas ha impulsado el cambio en la región desde que se realizó el primero de estos encuentros en Miami en 1994. A lo largo del tiempo, el proceso ha contribuido a consolidar la democracia y los derechos humanos, ampliar los acuerdos comerciales, incrementar la colaboración en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, fortalecer la confianza en materia de seguridad y forjar consensos sobre cómo resolver otros problemas críticos.

De hecho, a finales de los 90, el proceso de Cumbres de las Américas sentó las bases para una mayor cooperación contra las drogas, a través de la creación del Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM). Este mecanismo, que ha sido implementado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, utiliza indicadores objetivos para evaluar de manera sistemática el progreso logrado por los Estados miembro de la OEA y por la región en reducir la producción, el tráfico y el abuso de drogas. Con base a esa apreciación, se formulan recomendaciones específicas para mejorar la efectividad de las medidas contra las drogas.

Nunca se esperó que el MEM “solucionara” la problemática de la droga. Este fue diseñado para proporcionar información más completa y para fortalecer la confianza mutua y la colaboración entre los diferentes actores que buscaban incorporar medidas contra este flagelo. Se podría decir que sin estos antecedentes de colaboración, el debate actual no hubiera sido posible.

Claramente, nuestro hemisferio está lejos de alcanzar un consenso sobre las estrategias y medidas más efectivas contra las drogas. En Cartagena, el presidente Barack Obama indicó que le parecía “totalmente legítimo tener una conversación sobre si las leyes vigentes causan más daño que beneficio en determinados lugares”. Sin embargo, añadió que “la legalización no es la respuesta”. Algunos de los líderes de la región están de acuerdo; otros quieren mantener todas las opciones sobre la mesa.

Ciertamente, si el tema fuera fácil ya se hubiera resuelto hace mucho tiempo. Pero por lo menos se está examinando desde una nueva perspectiva. Lo importante es que el análisis tome en cuenta a los Estados más pequeños del hemisferio; debe ser tan incluyente como extensivo. Además, debe producirse de manera oportuna; es necesario un documento contemporáneo y no meramente histórico.

Este es un tema serio y no tan sexy como un escándalo del Servicio Secreto. Sin embargo, es un tema de sustancia que afecta significativamente la vida y la subsistencia de los pueblos de las Américas.

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