[DERECHA ALTERNATIVA]

El enemigo del Partido Republicano

Los miembros de la ‘Alt Right’ han sido claros en sus peticiones al presidente electo. Estas van desde eliminar el aborto, mantener el porte de armas como algo sagrado y acabar con la inmigración.

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Fue en el año 2008 cuando por primera vez se planteó el nombre de Alt Right, la derecha alternativa. No es un grupo definido ni una secta ni siquiera es una ideología. Es una coincidencia de estadounidenses blancos –mayoritariamente hombres– supremacistas, ultranacionalistas, antisemitas y antimusulmanes, nativistas y tribalistas, que consideran que las mujeres han sido hechas para apacigüar a los machos.

Ellos se oponen a la inmigración, legal o ilegal. Se oponen a los pactos económicos internacionales. Apoyan la salida de Inglaterra de la Comunidad Económica Europea y coinciden con los grupos que, en Europa y en otros países, se oponen a los musulmanes y a los inmigrantes del Medio Oriente, aunque sean cristianos.

La Alt Right está muy influida por la “vieja derecha” (0ld right) un movimiento que surgió a principios del siglo XX en el Partido Republicano. Se opusieron a Roosevelt, a Truman y controlaron el Congreso desde 1937 hasta 1964. Se opusieron a la Segunda Guerra Mundial, a la Guerra de Corea. Sus principales representantes fueron el novelista John Dos Pasos, y los candidatos presidenciales Robert Taft, quien fue derrotado por Eisenhower, y Barry Goldwater, derrotado por Lindon Johnson.

Un movimiento que puede coincidir en algunas cosas con la Alt Right es el Tea Party que es un grupo de gente de derecha que desea un gobierno pequeño, con nada de endeudamiento y proclive a la deportación masiva de inmigrantes indocumentados. A este conglomerado pertenecen Sara Palin, Michele Bachmann, Glenn Beck, Marco Rubio, Ron Paul y Ted Cruz. Surge cuando el presidente Obama lanza el Obama Care, que ellos consideran un fracaso y una razón para endeudar al país de una manera inaudita. Pero el Tea Party no se relaciona institucionalmente con la Alt Right. Algunos de sus miembros se opusieron a la candidatura de Donald Trump. Y por último, después de intentos divisionistas, se diluyó en el Partido Republicano.

Los miembros de la Alt Right han sido claros en sus peticiones al presidente electo. Estas van desde eliminar el aborto, mantener el porte de armas como algo sagrado, acabar con la inmigración, hacer América grande, hasta deseos más radicales como acabar con los planteamientos políticamente correctos que impiden que se hable con libertad y sin ser llamados racistas; hasta negar la nacionalidad estadounidense a todo aquel que tenga sangre negra y deportar a todos los que no sean blancos.

Son gente que declaran sin ningún tipo de problema que, si ganaba Hillary, ellos estaban preparados para comenzar una revolución como la de 1776. Y que pusieron afiches, luego del triunfo electoral de Trump, donde se podía leer: “Trump, tu raza unió a nuestro país”.

Uno puede pensar que en Estados Unidos siempre hay de todo y que a nadie se le prohíbe estar loco. Que puede haber grupos pequeños que han luchado contra el Estado por no pagar impuestos o por no dejar que tierras, que le pertenecen por tradición, sean dañadas por un oleoducto que debe pasar por allí. A veces hasta se dejan matar por esas ideas. Siempre ha sido así. Pero en esta ocasión el problema es más grave para todos. Stephen Bannon, el director de la red de medios Breitbart, que es la vocera de la Alt Right, fue el director ejecutivo de la campaña de Trump. Y ahora Trump le dio el segundo puesto más alto en su administración. Su nombramiento fue celebrado por líderes del Ku Klux Klan, por representantes del partido Nazi, y por otros grupos de supremacistas blancos.

Bannon, cuando en una entrevista se le preguntó qué opinaba de esas acusaciones que contra él se habían hecho, contestó muy tranquilo: “todo eso es completamente válido y verdadero”. Desde ya comenzó la guerra. El ex jefe de campaña del gobernador de Ohio, el republicano John Kasich, lanzó un tuit donde decía que el presidente electo había nombrado a un racista y antisemita. Y el encargado de los discursos del también republicano John MaCain, durante su pasada campaña presidencial, dijo que el presidente electo había nombrado a un racista en el gabinete, pero que “deseaba que como presidente fuese Trump más acertado que como la porquería de candidato que fue”.

Los republicanos lograron controlar al Tea Party. Deben hacer lo mismo ahora con la Alt Right, si no lo hacen tendrán muchos problemas.

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