[INMIGRACIÓN]

La escandalosa sordera de los políticos

Resulta asombrosa e incomprensible la sordera de los congresistas que llevan años, no meses, demorando la reforma migratoria integral, un tema que ya debería haber sido resuelto.

Mientras el Congreso estadounidense se toma dos semanas de vacaciones –que me imagino justifican alegando que en Washington hay poco quehacer y sus esfuerzos dándole vueltas a las legislaciones que deberían resolver los urgentes problemas nacionales les hacen merecedores de un buen descanso–, se multiplican las encuestas que indican que la opinión pública nacional clama por que se apruebe ya una reforma migratoria integral.

En California, solo un 20% de los votantes opina que los trabajadores indocumentados deberían ser deportados, mientras que dos tercios de las personas que respondieron a la encuesta de la Universidad del Sur de California y Los Ángeles Times, publicada esta semana, están a favor de que se les legalice y permita optar por la ciudadanía. El dato es relevante porque se trata del mismo estado en el que en 1994, 6 de cada 10 votantes aprobaron la infame proposición 187 que imposibilitaba la atención médica y la educación pública a niños y jóvenes, y convertía a los departamentos de policía en agentes del servicio de inmigración.

Hoy la mayoría de los entrevistados piensa que el impacto de los indocumentados en el estado ha sido positivo. En la nación, el porcentaje de estadounidenses que apoya la legalización y la vía a la ciudadanía es también mayoritario, 63% según la encuesta de la Brookings Institution publicada la semana pasada. Lo novedoso en este caso es que el apoyo a la propuesta de que puedan optar por la ciudadanía es pluripartidista. La medida la apoya el 53% de los republicanos, el 71% de los demócratas y el 64% de los independientes. Lo mismo sucede con los grupos religiosos. El apoyo a la reforma migratoria integral entre los católicos hispanos es del 74%, negros protestantes, 71%, judíos, 67%, mormones, 63%, católicos blancos, 62%, protestantes blancos, 61%, blancos evangélicos protestantes 56%.

Otro nuevo desarrollo en el resucitado debate sobre el viejo tema migratorio ha sido la lúcida percepción de la comunidad judía norteamericana para detectar de qué manera las actitudes antiinmigrantes fomentan la intolerancia. La semana pasada, por ejemplo, 100 organizaciones y líderes de la comunidad judía en Estados Unidos enviaron una carta al presidente Obama y al Congreso pidiendo la reforma integral del sistema migratorio nacional, incluyendo la legalización de los indocumentados y señalando, entre otras cosas, que el tema migratorio ha sido manipulado para prender la xenofobia, alentar el racismo, el nativismo, y el extremismo de grupos que culpan a los inmigrantes de todos los problemas que hay en el país y que en algunas ciudades ha incluso facilitado que las autoridades y las policías legalicen la discriminación contra los migrantes.

Dada la contundencia de la opinión pública nacional en favor de la reforma migratoria integral, lo que resulta asombroso e incomprensible es la sordera y la pequeñez intelectual y moral de los congresistas que llevan años, no meses, demorando un asunto que ya debería de haber sido resuelto.

Una posible explicación sería que el poder de los cabilderos sobre los congresistas es mucho mayor que el de los ciudadanos. Se calcula que actualmente hay más de 3 mil cabilderos trabajando para clientes que quieren influir en las provisiones de la ley migratoria. Empresas, sindicatos, grupos defensores de los migrantes, iglesias, etc. También hay otros, por ejemplo los dueños de prisiones privadas donde se encierra a los indocumentados en proceso de deportación que se oponen a la reforma, porque saben que para que su negocio prospere es necesario que se criminalice a los indocumentados. En la última década, dos compañías que se dedican al negocio de las prisiones gastaron casi 20 millones de dólares “educando”, dicen, a los legisladores.

Así las cosas, no se sorprenda cuando lea que en la actualidad, solo el 13% de la población aprueba el trabajo del Congreso estadounidense. Y si usted cree que el juicio de la opinión pública sobre los políticos en Estados Unidos es negativo, lamento informarle que la desconfianza de la gente en los políticos es un fenómeno casi universal. Según el Barómetro de las Américas, de América Latina, apenas un tercio de la gente en Colombia, México, Venezuela y Panamá cree que los políticos escuchan lo que dice la calle.

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