[VENEZUELA]

La explosión del desorden

La situación de Venezuela es el resultado de errores de cálculo de la oposición y de la comunidad internacional, lo que ha permitido que se enquiste una narcodictadura.

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La explosión del desorden

Un error sostenido de diagnóstico y una cerrazón deliberada acerca del peligro geopolítico de la cuestión venezolana y en un contexto de amenazas graves – el narcotráfico y el terrorismo – la han empujado hacia un callejón sin salida. Al término tendrá desenlace, pero no conforme con las recetas de quienes le han rendido culto, guiados por Tom Shannon y desde la oposición democrática junto a su izquierda de cafetín, a la denominada “corrección política”.

Empeñados en sostener tácticas recurrentes de lucha por la libertad, sin narrativas, pero dentro de una perspectiva formal pero irreal, como lo confirma ahora otra realidad cruda y muda, muy real y cabal, la del establecimiento por la fuerza de una narcodictadura corrupta y totalitaria en Venezuela, todos a uno, los venezolanos, nos encontramos desnudos y huérfanos en medio del camino.

Nos acompaña, es cierto, la comunidad internacional. Lo hace en el momento de nuestra agonía y por una sola razón: Nicolás Maduro acabó con el voto, con la puerta de entrada mínima a toda democracia. De poco han servido las denuncias que ahora valen y salen, pero solo ahora, para adjetivar a la dictadura constituyente establecida de corrupta y coludida con el negocio de las drogas.

Desde 2004, con La Nueva Etapa y la enmienda constitucional de 2008, se hace manifiesta la decisión gubernamental de forjar un régimen de comunas, centralizado y personalista, que de entrada acabe con el principio de la alternabilidad democrática: extraño al mando de los carteles y para la gestión de sus asuntos criminales. Y desde entonces, sobre todo a partir de 2010, toma pulmón el uso a propósito de la justicia – confiscada desde la constituyente de 1999.

Mientras el último, con sus escribanos, hace de la legislación una mentira y una jungla, los opositores continúan en su fe religiosa constitucional, a pesar de ser, el texto de 1999, el “pecado original”. Y mientras mantienen su rezo a la identidad en la ciudadanía y dentro de sus partidos, poco a poco el régimen fragua una identidad comunal alternativa, de nichos primitivos, sobre lo real y palpable, la anomia: afrodescendientes, ambientalistas, indigenistas, colectivos, frentes, milicianos, y párese de contar.

Dentro de tales perspectivas, que se excluyen recíprocamente, los intentos de diálogo estaban condenados al fracaso. La oposición los asume como desiderátum, pero no el Gobierno, que los dispone como táctica disuasiva y atemperadora de los ánimos encrespados y vence, por realista y por falaz; al caso, apenas dispuesta a soltar mendrugos – gobernaciones y alcaldías – que no amenacen al poder central y personalizado de Cilia, los Cabello, El Aissami, los Rodríguez, y párese otra vez de contar.

Una vez como Maduro asume el poder en litigio que hoy resuelve, en apariencia, la narcoconstituyente dictatorial, los andamiajes anteriores y simulados, ahora sí, se van al basurero y sobreviene la explosión del desorden, en uno y en otro bando. En conclusión, solo adquieren eficacia, en lo adelante, los poderes fácticos, susceptibles de torcerle el brazo o no al saldo de la experiencia revolucionaria construida durante casi cuatro lustros: el cartel de los causahabientes y de los sobrinos, adueñados de la franquicia sin músculo social que es la República.

La controversia “institucional” nacida de la elección del 6D, que otorga la mayoría calificada dentro de la Asamblea Nacional a la oposición y desata la locura del régimen, ha sido ajena o accidental a la verdad invertebrada del país – el rompecabezas – que solo se mueve electoralmente según el dolor de los estómagos. De allí que la dinámica institucional, por esto y por lo anterior, se viese neutralizada (TSJ vs. Asamblea) como ejercicio retórico de burócratas, sin efectos social e internacionalmente movilizadores; tanto como debilita aún más a quien no detenta poderes reales, a saber, la oposición formal (MUD/Asamblea).

Lo objetivo es que Venezuela vive bajo el secuestro de un grupo delictivo, en medio de un desmembramiento cabal, hambrienta y débil, sicológicamente trastornada. Y su solución o salida, querámoslo o no, es, ya es, punitiva y tutelada; depende de verdaderos expertos en negociación policial y reeducación de víctimas. A menos que ocurra un milagro.

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