[ESTADOS UNIDOS]

De frustraciones e ineptitudes

Aumenta la frustración de los estadounidenses al constatar que ni el cambio periódico de representantes ni la denuncia en los medios mitiga la corrupción y la ineptitud de sus autoridades.

Del surgimiento del Tea Party a los levantamientos ciudadanos en los países árabes que ya han derribado a cuatro déspotas y de los indignados de la Plaza del Sol en Madrid a los de Wall Street, la evidencia del descontento de la gente con el statu quo es abrumadora.

Menos sabido, al menos fuera de Estados Unidos, es que la mayoría de los estadounidenses de todas las convicciones políticas están insatisfechos con el trabajo de los miembros del Congreso. Según las principales encuestas nacionales de todas las tendencias políticas, Gallup, CBS/New York Times, Fox News, el índice actual de desaprobación al Congreso ha llegado a su nivel más bajo en la historia.

1. Solo el 9% de los ciudadanos aprueban la manera en la que el Congreso se conduce.

2. Solo el 19% aprueba el trabajo de los congresistas republicanos.

3. Solo el 28% aprueba el trabajo de los congresistas demócratas.

4. El 50% de los afiliados al Partido Republicano desaprueba el trabajo de los congresistas republicanos.

5. El 43% de los afiliados al Partido Demócrata desaprueba el trabajo de los congresistas demócratas.

6. Solo el 6% de los votantes piensan que los miembros del Congreso merecen ser reelectos.

Entre los principales reclamos de la gente a sus representantes se destacan los siguientes: se les acusa de actuar privilegiando su beneficio personal por encima del bienestar de la nación; de ser incapaces de arribar a consensos por ajustarse a la línea partidaria; de gastar irresponsablemente el dinero de los contribuyentes; de degradar el sistema político y de responder más a los intereses de las firmas de cabildeo que a las preocupaciones que sienten los ciudadanos respecto a los grandes problemas nacionales como por ejemplo el cuidado de la salud y del medio ambiente; la reforma integral del resquebrajado sistema nacional migratorio; el desempleo; el déficit presupuestario y el sistema tributario. Problemas urgentes que exigen soluciones prontas, inteligentes y justas.

Y nada mejor para documentar las razones en las que se sustenta el pesimismo de los ciudadanos respecto al Congreso que repasar el alud de informaciones que día a día revelan los medios de comunicación.

Desde principios de noviembre, por ejemplo, el famoso programa “60 minutos” de la CBS ha presentado reportajes que ilustran el corruptor poder de las firmas cabilderas y la desvergonzada falta de voluntad del sistema para reformarse.

En el primero de ellos, Jack Abramoff, el cabildero republicano más influyente en la década de los 90, explicó cómo sobornó a 100 congresistas republicanos y con total desparpajo aseguró que hoy todo sigue exactamente igual que cuando él lo manipulaba a su antojo porque los patrones del Congreso son los cabilderos.

En el siguiente programa, un investigador de la Hoover Institution, un think tank conservador en la Universidad de Stanford, reveló que la ausencia de una ley que evite que los miembros del Congreso utilicen la información privilegiada a la que tienen acceso, les permite comprar acciones en compañías que se benefician económicamente con proyectos de ley que son aprobados por ellos mismos en el Congreso.

La semana pasada, el tema del programa fue el poderoso cabildero Grover Norquist, quien mereció el elogio de la página editorial del Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch, por descarrilar el trabajo del comité del Congreso que proponía reducir el déficit presupuestal con una fórmula que incluía recortes al gasto y a la exención de impuestos a los más ricos. Norquist, sus clientes y el Wall Street Journal abogan por más recortes a programas sociales y menos impuestos a los ricos.

Así las cosas, la única fuente de consolación para el 99% sería que con solo 44 proyectos convertidos en ley en lo que va del año, el 112 Congreso ya ha sido catalogado como el más improductivo de la historia moderna del país. En los 40 el llamado “Congreso Idiota”, también dominado por el partido republicano, logró aprobar 906 proyectos que se convirtieron en leyes, un récord de ineptitud que, afortunadamente, no podrá alcanzar el actual Congreso.

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