[LA GUERRA DE LAS GALAXIAS]

La fuerza nos acompañe

La historia del cine se ve marcada por la saga de la narración del relato de ciencia ficción más exitoso. La más reciente película de esta serie cierra el círculo.

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La fuerza nos acompañe

Confieso que en algún momento dejé de ver la saga de Star Wars. Aquella fiebre de la juventud, cuando a finales de los 70 le dimos la bienvenida a la portentosa serie cinematográfica creada por George Lucas, se apagó gradualmente y con ella el entusiasmo por los esperados estrenos que prometían más aventuras de personajes que resultaron inolvidables: el aprendiz de jedi Luke Skywalker, la princesa Leia, el aventurero Han Solo, el maestro Obi-Wan Kenobi, el entrañable Chewbaka o el sabio Yoda.

Será que con el paso de los años se recuperan las vivencias que permanecen adormecidas en los compartimientos de la memoria. O, tal y como mencionaba recientemente en una entrevista el novelista italiano Andrea Camilleri, lo que el también autor y compatriota suyo Leonardo Sciascia llamaba la “presbicia de la memoria”.

Cuando hace una semana vi el cartel de El último Jedi, la octava entrega de La Guerra de las Galaxias, recordé de golpe cuando en 1980 hice cola en un cine de Nueva York para ver el segundo capítulo, El imperio contraataca. Mi novio entonces era un fan incondicional de las peripecias galácticas que Lucas había diseñado. Además de iniciarme en los volúmenes de The Hobbit, cuyo autor, J.R.R. Tolkien, seguramente también influyó al director californiano a la hora de crear un universo de héroes que han de encontrar el camino para luchar contra las adversidades, me sumó a la horda de admiradores que aquel día aparecieron con las espadas fosforescentes que el reducido pero heroico ejército de la Resistencia utilizaba para luchar contra las fuerzas del Imperio del Mal.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, pero en la nueva entrega de una saga que sigue bajo la supervisión de Lucas y dirigida por jóvenes directores, el espacio continúa siendo un universo convulso en el que regímenes totalitarios pretenden silenciar y oprimir a los habitantes de la galaxia. Bien pudiera ser en nuestro planeta, donde los espasmos autoritarios brotan como un mal imparable. A fin de cuentas, los guerreros de La Guerra de las Galaxias, bajo el comando de una princesa Leia más marchita, hoy también podrían acudir al auxilio en aquellos rincones donde se cometen injusticias y atropellos.

Cuando Lucas buscó inspiración para desarrollar una fantasía espacial que acabaría siendo uno de los más grandes éxitos de Hollywood, recuperó un texto que había sido seminal en sus años universitarios: Las mil caras del héroe, del historiador Joseph Campbell, quien a su vez tuvo, entre otros, al psiquiatra Carl Jung como referente en cuanto a la necesidad del hombre de apoyarse en mitos recurrentes (Junger hablaba de la importancia de los arquetipos) para enfrentarse a los retos de la vida, o lo que es lo mismo, emprender “el viaje del héroe”.

Desde entonces los episodios de La Guerra de las Galaxias, con sus secuelas y sus precuelas, giran en torno al mismo tema: el héroe comienza un peregrinaje de descubrimiento con la ayuda del mentor que le enseña los valores para discernir entre el bien y el mal, pues es el único modo de mejorar el entorno en el que vivimos. Una mitología con códigos universales que ya se recogía en La Ilíada; en las novelas de caballería del Medievo; en las hazañas de los samuráis; en el viaje iniciático de Dorita en El Mago de Oz; los héroes de los cómics, desde Flash Gordon a la Mujer Maravilla. El mantra de la resistencia alimenta la fuerza interior.

En El último Jedi no hay sorpresas mayores en cuanto al argumento, pero se trata del fin del viaje. El círculo que se cierra para los legendarios veteranos de la Resistencia que les dan el relevo a los jedi más jóvenes. Han Solo (irrepetible Harrison Ford) ya no está. Luke Skywalker sale de su retiro voluntario para luchar una vez más contra las sombras del mal antes de su despedida crepuscular; y Leia Organa está al frente por última vez de su ejército de combatientes, porque en la vida real a Carrie Fisher, quien encarnó el personaje en su juventud, no la acompañó la fuerza necesaria para resistir los embates de la vida.

En muchos aspectos, esta octava entrega es un canto del cisne generacional. En la cola había chiquillos ataviados como Luke y como Leia. La espada pasa de mano en mano y el mensaje pervive: la lucha cotidiana está en esta galaxia en la que nos ha tocado vivir. Un año más, que la fuerza nos acompañe.

La autora es periodista y escritora

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