[REAJUSTAR EL ENFOQUE]

La influencia de China en América Latina

La creciente presencia China en el llamado ´patio trasero´ de Estados Unidos podría alterar el statu quo de la política de poder en la región, y debilitar los privilegios geopolíticos de Washington.
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Una encuesta reciente realizada por el Pew Research Center demuestra que en la actualidad la influencia de China en América Latina es preferida sobre aquella ejercida por el vecino del norte, Estados Unidos (EU). Pero, ¿cómo ha logrado la presencia China fortalecerse en la región, y qué problemas sigue afrontando?

Desde principios del siglo XXI, mientras EU estaba atrincherado primero en la guerra contra el terrorismo, y después, sumergido en una persistente crisis financiera, el crecimiento económico de China elevó su presencia global expandiendo su influencia particularmente en Asia y África.

América Latina y el Caribe aparece al alcance de sus intereses basado en la imperante necesidad de diversificar el abastecimiento de materias primas y energía, y también asegurar esta región como un mercado prometedor para productos chinos.

Las negligentes políticas de EU hacia el Hemisferio Occidental también allanaron el camino a China para expandir sus lazos con la región. La creciente presencia China en el llamado “patio trasero” de EU podría alterar el statu quo de la política de poder en la región, y debilitar los privilegios geopolíticos de Washington en un “juego de suma cero”. Como lo expresó The Economist en junio, el pivote de Washington a Asia inevitablemente tendrá que enfrentar el giro de Beijing al Hemisferio Occidental.

A pesar de que China ha lanzado una nueva estrategia seductora y sutil a toda la región en su conjunto, es necesario notar las dificultades persistentes que se presentan. Antes que todo, China carece de un conocimiento profundo, concreto y acertado sobre la región, sin dejar de mencionar la ausencia de una clara guía estratégica de acoplamiento. En China, la mayoría de las universidades y centros de investigación han priorizado sus recursos al estudio de EU y la Unión Europea, no América Latina; dejando a los académicos y los tomadores de decisiones chinos sin una valorización adecuada y objetiva de los retos y oportunidades del acoplamiento de China con América Latina y el Caribe.

Un análisis a fondo de los principios y objetivos ilustrados en el Libro Blanco de China de 2008 sobre su política exterior hacia esta región demuestra que su estrategia es ambigua y vaga. El obsoleto Libro Blanco emitido en 2008 fue desarrollado con una terminología diplomática y conceptos generalizados difíciles de implementar.

Segundo, América Latina y el Caribe podría ser considerada como la región más fragmentada en el mundo, donde más de 20 organizaciones y/o asociaciones políticas y económicas sub-regionales existen. Es notable que ideologías y la implementación de política exterior continúan dividiendo a los países del área.

Mientras que China es un actor unitario, el país asiático tiende a ver a la región de una manera sistemática y unificada. Desinstitucionalización y fragmentación hacen que los países del Hemisferio Occidental desarrollen diversos grados de autonomía y postura diplomática al expresar sus opiniones a actores extra-regionales.

Al China extender sus lazos en esta zona la fragmentación se hace más evidente. Una marcada brecha ha sido trazada entre los países del Cono Sur quienes han logrado mejorar e incrementar el intercambio comercial con China, mientras que los países de América Central y el Caribe pierden cada vez más en términos comerciales frente al gigante asiático, principalmente en el mercado estadounidense. Las políticas de China hacia la región subestiman la complejidad de la fragmentación subregional, lo que podría producir resultados indeseados, o hasta lecciones amargas para esa nación.

Tercero, el hecho de que China no tenga lazos diplomáticos formales con varios países en América Central y el Caribe, entre ellos Panamá, exacerba los impedimentos que limitan a Beijing de la plena implementación de su estrategia diplomática. Por último, como preguntó el profesor y experto en seguridad, Dr. R. Evan Ellis en Foreign Policy en junio, ¿se da cuenta EU cuán profundamente ha plantado Beijing una bandera en América Latina?

China pone a la región ante una encrucijada sobre mantenerse cercana a Washington o favorecer estratégicamente a Beijing, lo que a su vez aumenta las sospechas en los círculos académicos y de gobierno estadounidense sobre las intenciones reales de China al sur del Río Grande, y que podría profundizar la desconfianza estratégica entre ambos países.

Esto podría dar lugar a posibles conflictos no solo entre países de la región y China, sino también entre Washington y Beijing. Si es tiempo no solo para África, sino también para América Latina y el Caribe, cambios sustanciales en las políticas chinas serán necesarias. El acoplamiento de China en el Hemisferio Occidental le servirá como un examen general para corregir sus ilusiones en sus relaciones internacionales, y evitar así los escollos que ahora son su pesadilla en Sudán y Libia, o su incertidumbre en Myanmar (Birmania).

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