[DETERIORO SOCIAL]

La inseguridad agobia a Venezuela

El gobierno de Chávez no ha dado estadísticas oficiales desde 2009, cuando calculó que 43 personas por cada 100 mil habitantes morían por causas violentas en el país.

A dos semanas para las elecciones en Venezuela, las encuestas siguen estando polarizadas entre el presidente Hugo Chávez y el candidato opositor, Henrique Capriles. Los sondeos solo coinciden en un indicador: más del 70% de los ciudadanos considera que la inseguridad es el peor problema que sufre el país. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en 2011 se cometieron 19 mil 336 homicidios en Venezuela. Uno cada media hora.

El sargento Castellanos dejó su barrio por causa de Jacobo, El matapolicías. Jacobo es un pandillero más del sector Filas de Mariches del barrio de Petare, Caracas. Los agentes no le calculan más de 15 años y creen que antes de llegar a los 25 algún miembro de su banda lo eliminará a él también. Quien tire del gatillo absorberá en el acto su estatus y las pistolas que acumuló Jacobo en vida asesinando policías. “¿A cuántos ha matado ya? De los nuestros, a uno, por pura maldad. Los demás son de otros cuerpos de policía”, dice Castellanos, uno de los 20 oficiales motorizados que hasta la medianoche patrullan el barrio más grande de Caracas, donde han sido asesinados 76 policías durante 2012.

El gobierno de Chávez no ha dado estadísticas oficiales desde 2009, cuando calculó que 43 personas por cada 100 mil habitantes morían por causas violentas en el país (el promedio mundial es de 8.8 sobre 100 mil). “En Venezuela el hampa está ganando 10 a 0, mi amor. Aquí nos están matando”, dice el sargento Terán, también motorizado de la policía de Sucre, encargado de patrullar hasta la medianoche las calles, siempre en ascenso, del barrio de ladrillo rojo que es Petare. Este cuerpo municipal está integrado por mil 100 policías que tienen que cubrir un área de más de un millón de habitantes.

La mayoría de los agentes vive allí. Terán tiene dos hijos, y cuenta que hace unas noches le ocurrió esto: “Me apuntaron seis carajos [hombres] en la puerta de mi casa. Tuve que decirles: ´Muchachos, soy yo´, porque no me reconocían”. Eran los pandilleros del barrio, vecinos de toda la vida. “A todos nos pasa lo mismo, todos los días. No queda otra que convivir con el malandro. Uno ve las marramucias [trampas] que hacen y se queda callado. Si uno denuncia, le matan a la familia”.

El comisario José Salcedo dirige el patrullaje en el municipio y toma algunas previsiones: no envía a sus oficiales a vigilar la misma zona donde viven y ordena los recorridos en grupos, para que nunca estén solos o en pareja. Cada uno lleva al cinto el arma que la ley le permite portar a un municipal –un revólver o una pistola calibre 38– y bajo la camisa del uniforme, el pecho y la espalda cubiertos por un chaleco antibalas liviano, nivel A3. Los atacan con revólveres, pistolas, fusiles livianos de asalto y hasta granadas, que alguna vez pertenecieron al Ejército venezolano. “Yo les recomiendo a mis compañeros que cuando terminen su guardia, no se vayan uniformados a casa. Si ven que estás solo y eres policía, te van a perseguir para quitarte el arma”, dice Salcedo.

La mayoría de las capturas que practica la policía de Sucre, en el gran Caracas, ocurre en el mismo momento en que el delincuente está cometiendo un crimen. Manuel Furelos, el director de la policía municipal, explica que solo en el 21% de los casos los sospechosos quedan realmente detenidos. “El otro 79% sale a la calle. Esto es como decirle al delincuente: el riesgo de que te agarren y vayas preso es de un 20%. Con tantas posibilidades de salir ilesos, hacen fiesta”, dice Furelos.

La estadística nacional indica que solo 2 de cada 10 crímenes cometidos en Venezuela son investigados y juzgados, y de ellos solo uno acaba en una sentencia firme de los tribunales. Por su trabajo, cada policía municipal gana hasta dos salarios mínimos al mes. Según el presidente Hugo Chávez, el salario mínimo de Venezuela es uno de los más altos de América Latina y equivale a 413 dólares, al tipo de cambio oficial de 4.3 bolívares por dólar. Pero al cambio del mercado negro de divisas, que triplica el valor del oficial (13.15 bolívares por dólar) y cuya cotización está prohibido mencionar en los medios venezolanos, no llega a 140 dólares.

Esto se debe a que desde 2003 opera un férreo control cambiario en el país que solo da derecho a los venezolanos a comprar 400 dólares en efectivo y a gastar 2 mil 500 dólares en compras en el exterior con tarjeta de crédito al año; pocos tienen acceso a las divisas preferenciales y el mercado paralelo es el que le pone precio a todos los productos. “Te imaginarás que con ese sueldo no pago ni el alquiler”, dice el sargento Terán. En sus ratos libres trabaja de escolta privado para reunir algún dinero extra.

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