[LIDERAZGO CHAVISTA]

Un molesto obstáculo para EU

El Gobierno estadounidense nunca reconoció públicamente a Hugo Chávez como una amenaza ni movilizó recursos apreciables para desalojarlo del poder.

La desaparición de Hugo Chávez del escenario latinoamericano y mundial supone un gran alivio para Estados Unidos (EU) y una gran oportunidad de construir una nueva era de cooperación en un continente en el que la sombra del famoso comandante venezolano, aunque nunca una amenaza real, era hasta ahora un freno en cualquier intento de aproximación a Washington. En una primera reacción por escrito, Barack Obama manifestó que “EU reafirma su apoyo al pueblo venezolano y su interés por desarrollar unas relaciones constructivas con el Gobierno de Venezuela”. “Cuando Venezuela abre un nuevo capítulo de su historia”, añade el comunicado, “EU continúa comprometido con su política de promoción de los principios democráticos, el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos”.

Hugo Chávez jugó a ser, para los últimos Gobiernos norteamericanos, el Fidel Castro de los tiempos modernos. Idéntico en su teatralidad guerrera y en su retórica antiimperialista, Chávez sustituyó en la mística izquierdista al líder de la revolución cubana como símbolo de la hostilidad natural con la gran potencia del norte. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con el castrismo, Washington manejó el chavismo con habilidad y desdén. Para irritación del militar venezolano, y pese a sus reiteradas acusaciones en sentido contrario, EU nunca lo reconoció públicamente como una amenaza ni movilizó recursos apreciables para desalojarlo del poder. George W. Bush jamás se refirió a Chávez por su nombre, y Barack Obama no ha modificado esa actitud. El martes mismo, poco antes de que se anunciara oficialmente su muerte, Washington ni siquiera se dignó en comentar el último dislate del régimen: que EU, en una acción coordinada con cómplices burgueses y militares traidores, era culpable de la enfermedad que ha acabado matando a su jefe.

Por debajo de esa indiferencia, existía, no obstante, una preocupación en los despachos de Washington por la desestabilización que Chávez representaba en América Latina, pero también en otras partes del mundo. El chavismo parecía últimamente una fuerza cuya expansión estaba bastante controlada, pero Chávez había ayudado en los años recientes a la incursión en la región del principal enemigo actual de EU: Irán. Los coqueteos del antiguo golpista con el régimen de los ayatolás anuló cualquier esperanza, siempre escasa, de que pudiera llegar a entenderse con Obama. La primera vez que se encontraron, fortuitamente, en los pasillos de la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago en 2009, Chávez le entregó al Presidente norteamericano una copia del libro Las venas abiertas de América Latina, un gesto que no presagiaba nada bueno.

Nunca más volvieron a verse las caras. Obama intentó consolidar las relaciones con los países más amigos de América Latina –México, Chile, Colombia, Perú– sin entrar en conflicto abierto con otros que, al menos superficialmente, se entendían con Chávez –Brasil, Argentina o Ecuador–. Durante todo el tiempo, la estrategia de Washington fue la de anular a Chávez, sin dar lugar a una crisis que le distrajera de otras prioridades internacionales –Afganistán, Oriente Próximo, Asia– o que tuviera efectos perjudiciales en los mercados mundiales de petróleo.

El petróleo ha sido siempre un factor determinante de las relaciones de EU con Venezuela. Lo era en los tiempos en los que gobernaban en Caracas presidentes amigos y lo ha sido durante el periodo reciente. Estados Unidos necesitaba el crudo venezolano, al menos para mitigar la dependencia de los exportadores árabes, y Chávez necesitaba el mercado norteamericano, entre otras cosas para presumir de su poder en territorio enemigo.

Aunque el año pasado las importaciones de petróleo procedentes de Venezuela representaron solo el 5.8% del total del crudo comprado por EU, esa cantidad, al menos hasta ahora, era suficiente razón como para no desencadenar un problema necesario. Del lado venezolano, los motivos para no llevar más lejos el enfrentamiento con sus enemigos ideológicos son aún más contundentes, puesto que este es el destino de alrededor de la mitad de las exportaciones de petróleo de Venezuela.

Entre las extravagancias que se le recuerdan al personaje, se incluye aquella de 2008, en plena crisis económica en este país, en la que decidió que la empresa concesionaria de Petróleos de Venezuela en EU, Citgo, abasteciera gratuitamente de energía a más de 100 mil familias pobres de las grandes ciudades norteamericanas. Gestos como ese fueron interpretados siempre por Washington como los molestos arañazos de un gatito. Chávez nunca alcanzó un grado más alto en la lista de los enemigos históricos de EU. La realidad es que, tanto Bush como Obama intentaron fórmulas de entendimiento con Chávez o, al menos, le permitieron construir su coalición bolivariana sin verdadera y frontal oposición. En el fondo, para EU, Chávez era una garantía de estabilidad en Venezuela, estabilidad antidemocrática, pero estabilidad al fin.

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