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Los populismos se tocan

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Los populismos se tocan

Hacen bien figuras del Partido Demócrata en criticar a Bernie Sanders por sus blandas declaraciones al referirse a gobernantes de izquierdas que utilizan la irrestricta mano dura.

Nuevamente el senador demócrata por Vermont aspira a ser candidato a la Presidencia y se ha sumado a la nutrida lista de líderes de su partido que competirán en las primarias con el objetivo de ser el elegido o la elegida para enfrentarse al presidente Donald Trump.

En la campaña de 2016 Sanders no pudo contra la maquinaria que apadrinaba a Hillary Clinton, a pesar de que contaba con el respaldo mayoritario de la generación milénica, que después de Obama estaba dispuesta a alinearse con el ala más progresista que representaban Sanders y una de las estrellas emergentes de su entorno, la hoy congresista Alexandria Ocasio-Cortez. En esta ocasión vuelve a contar con el apoyo de muchos jóvenes y su lema se centra en presidir un gobierno fundamentado en “los valores de la justicia social, racial, económica y de medioambiente”.

Cuando Sanders hizo su anuncio la semana pasada recalcó la importancia de ganar para sacar de la Casa Blanca a un presidente al que calificó de “mentiroso patológico, un fraude, racista, sexista, un xenófobo que está erosionando la democracia”. Desde luego, esgrimió razones de peso y cimentadas en el historial de Trump para probar suerte de nuevo.

Veinticuatro horas después de conocerse sus intenciones, su campaña informó de que ya se habían recaudado 5.9 millones de dólares. Es evidente que el mensaje populista de izquierdas sigue seduciendo a un sector de la población que quiere más reformas en el ámbito de la sanidad pública y en el económico, convencido de que la alternativa que abandera el actual presidente, que es la de un populismo de derechas con la supuesta misión de cargarse la élite política de Washington, en realidad obedece a los intereses de un mandatario que tiene más de empresario calculador que de estadista al servicio del bien común.

Contrario al cuento del hombre del saco que a Trump le gusta repetir a la hora de demonizar a los demócratas, asegurando que quieren instaurar el socialismo en Estados Unidos, no hay por qué tener un temor cerval a un modelo de socialdemocracia que ha funcionado en Europa con muchos aciertos. Y los votantes no deben dejarse engañar por falacias que pretenden igualar gobiernos prósperos y democráticos con dictaduras comunistas. Eso a todas luces pertenece al género de las fake news y las teorías de conspiración de las que se hace eco el presidente estadounidense.

Pero no es menos cierto que Bernie Sanders, a diferencia de la mayoría de los aspirantes a la presidencia de su partido, coquetea peligrosamente con regímenes autoritarios o abiertamente totalitarios como el de Nicolás Maduro en Venezuela y el castrismo en Cuba. El mismo día que anunció su intención de aspirar a la presidencia en 2020, en una entrevista concedida a la cadena Univisión se limitó a clasificar las acciones del gobernante venezolano de “abusivas” y no estuvo dispuesto a decir abiertamente si considera a Juan Guaidó, actual presidente de la Asamblea Nacional, presidente interino del país.

Con medias tintas y muy en la línea del ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero (un socialista con más querencia por el chavismo que por la oposición), Sanders insistió en el diálogo con el gobierno de Caracas, ajeno a los esfuerzos del bloque opositor a lo largo de dos décadas para buscar una salida a la pesadilla de la revolución bolivariana.

El senador por Vermont, que en la década de los ochenta no ocultó sus simpatías por la dictadura de los hermanos Castro y el sandinismo en Nicaragua, a sus casi ochenta años no se ha sacudido las malas mañas de la izquierda radical que en su día defendió los crímenes del comunismo. En un momento decisivo como el que atraviesa Venezuela, lamentablemente no se inclina a estar de parte de quienes luchan por una transición a la democracia.

Hace mal el presidente Trump en manifestar debilidad por hombres fuertes que socavan el estado de derecho como Rodrigo Duterte en Filipinas o Vladimir Putin en Rusia. Y hace mal Sanders al mostrarse tibio con un personaje como Nicolás Maduro. Se mire como se mire, los populismos se tocan.

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