Un secuestro como de película

Un grupo de guerrilleros de las FARC entró al edificio Miraflores y se llevó por la fuerza a 15 personas

LA PRENSA/Nubia Aparicio S. LA PRENSA/Nubia Aparicio S.
LA PRENSA/Nubia Aparicio S.

En Neiva, departamento de Huila, en medio del barullo más de una docena de hombres fuertemente armados, vestidos con prendas privativas del ejército, asaltaba una de las edificaciones más modernas del lugar, cuyos residentes –entre ellos el entonces senador Jaime Lozada– son de clase acomodada.

Se trata del imponente edificio Miraflores, donde los guerrilleros, aprovechando la celebración, secuestraron a 15 personas; entre ellas, los hermanos Juan Sebastián (Tatán) y Jaime Felipe Lozada (Pipe), de 15 y 17 años, respectivamente. Además de los dos hijos, ese día también se llevaron a la esposa del senador y madre de los Lozada, Gloria, quien del caso Miraflores es la única que permanece en cautiverio.

Falta de malicia

"Somos del Gaula", le dijo un hombre al celador del edificio, sin más comentarios. El Gaula es una unidad de la Policía Nacional de Colombia que está compuesta por grupos que se dedican a desarrollar investigaciones y operativos conducentes al rescate y protección de las víctimas del secuestro.

Sin malicia, el vigilante abrió los amplios portones del inmueble y dio paso a lo que hoy se constituye en la más infortunada pesadilla del entonces senador Lozada.

"Eran dos goles, pero dos goles en contra mía", piensa Lozada a esta altura del secuestro, por el hecho mismo de que el alboroto y el escándalo impidieron a las autoridades reaccionar a tiempo. La caravana se había detenido en diversos puntos de Neiva y el ruido ensordecedor de los tambores, trompetas y pitos opacaba el sonido infernal producido por las balas, relata.

Uno a uno, los guerrilleros se fueron amontonando en los pisos y establecían una comunicación cifrada a través de los disparos: cada vez que entraban a un apartamento, se asomaban al balcón y desde allí hacían detonaciones al aire con sus armas, señalando con ese procedimiento el cumplimiento de su propósito.

Era como si por medio de las balas intentaran acallar las intenciones de Dios para interceder por las familias que serían secuestradas esa noche, recuerda con rabia el ex senador, y expresa que los cohetes y la pólvora utilizados para animar la celebración del 2 a 0 se mezclaron con el canto letal de las balas; y mientras unos afuera aplaudían, otros como su familia y los vecinos se desmoronaban carcomidos por los nervios y la desazón de lo ocurrido.

Lozada cuenta que, según informaciones recogidas de manera extraoficial, se cree que gran parte del desfile, concretamente el que se acercó a las inmediaciones del edificio Miraflores, estaba compuesto por miembros de la Segunda Compañía "Ayiber González" de la Columna Móvil Teófilo Forero Castro del Bloque Sur de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Preguntas sin respuestas

¿De qué manera se podría explicar el hecho de que varios taxistas estuviesen aparcados de manera extraña en los alrededores del condominio?, ¿por qué justamente la concentración del desfile en diversos puntos?, son interrogantes que se hace hoy Lozada. Además, agrega, se tienen datos precisos sobre la participación de 75 insurgentes, desde puntos neurálgicos de la ciudad, en la toma guerrillera de la edificación.

Gloria y los niños acababan de entrar al apartamento. Ella venía de la fiesta de una amiga, y sus hijos de ver el partido en un lugar común de encuentro para este tipo de ocurrencias futbolísticas, recuerda Lozada.

En uno de los cuartos, los muchachos celebraban y comentaban cada jugada de los integrantes de la selección de su país.

Aya, el ama de llaves de los Lozada, y Lely, la cuñada del padre de los muchachos, testigos de los hechos que hoy narra el ex senador, permanecían en la sala del apartamento en el momento exacto de la incursión del grupo guerrillero. Con sorpresa vieron cómo unos hombres desconocidos se aproximaban a la puerta circunscrita con el 801, y cómo metían por los cristales aledaños las bocas de sus armas, provocando el desmoronamiento de los vidrios.

La desesperación de Gloria

Atribulada, Gloria corría por el cuarto, la sala, el balcón y la cocina tratando de hilvanar con coherencia uno solo de sus tantos pensamientos, recuerdan las testigos citadas por Lozada.

"Dónde está", le gritó a Gloria uno de los insurgentes, sin atravesar el corredor interno que conduce de la puerta a la sala principal. Según Lozada, el hombre llevaba en su vestuario gran cantidad de municiones y una ametralladora M-60 tipo comando. Gloria temblaba considerablemente, dijeron las testigos a Lozada. El hombre la miraba sin retirarle los ojos. En tanto, otros dos oteaban cualquier alteración interna del apartamento o movimientos extraños por parte de los residentes del edificio. El subversivo llevaba una gorra tipo pava, por cuyos bordes se escapaban algunas gotas de sudor, relataron las testigos.

¡Dónde está el senador!

"El senador... ¡dónde está el senador!". "Infórmele que somos de la fiscalía", repitió el hombre. Gloria guardaba silencio. Ante el ruido y la algarabía desatada en todo el edificio, los dos hijos mayores del senador salieron de la alcoba.

"¿Qué diablos es lo que sucede aquí?", preguntó Jaime Felipe, el hijo mayor, mientras los guerrilleros lo miraban fijamente.

Relata Lozada que cuando el subversivo preguntó quiénes eran los muchachos, Gloria, al tiempo que los abrazaba, contestó: "son mis hijos", lo que evidenció –sin tanta explicación, según el ex senador– que ella era la esposa del hombre que buscaban.

Jaime Felipe y Juan Sebastián eran los hijos del senador que buscaban; sus nombres no aparecían en la lista de los que iban a secuestrar los guerrilleros, pero ellos garantizaban un éxito mayor en su arremetida a la vivienda de Lozada.

Se llevan a Gloria, a Pipe y a Tatán

Tres goles a cero, pensó Lozada, una vez supo que sus hijos y su esposa eran conducidos a las camionetas que los llevarían a la Zona de Distensión. El único que se salvó fue Daniel, el hijo menor del senador (10 años), porque se había quedado dormido profundamente y no se despertó, pese al escándalo que hubo dentro y fuera del edificio.

Ese 26 de julio Jaime Lozada estaba en Bogotá, cumpliendo sus compromisos como senador. Ese día habló por teléfono varias veces con su familia. La última vez que llamó, Gloria le dijo que los niños ya estaban en casa y que en ese momento discutían algunos pormenores del partido. Colgó el teléfono y se acostó; semidormido, aún escuchaba los sonidos de cornetas, pitos, tambores, y el ladrido de unos perros.

Recuerda que sonó el celular y se despertó. Eran aproximadamente las 11:15 de la noche. Cuenta que al otro lado de la línea escuchó una voz angustiada, temblorosa y sollozante que lo llenó de espanto. Era Lely, su cuñada, quien controlando el pánico le manifestó que se habían llevado a su familia. ¡Los secuestraron!, pensó el senador...se quedó en silencio.

Jaime Lozada expresa que sintió un cambio súbito del mundo, a tal punto que tuvo que sacar fuerzas diferentes, especiales, para aferrarse a la idea, la cual le produjo escalofríos y profundos dolores viscerales.

El tiempo transcurría sin que Jaime Lozada tuviera noticias de sus hijos y su esposa; a veces se sentía el hombre más solo del planeta. Esa soledad se hacía más intensa durante las noches...aunque, a veces, llegaban cartas.

Una larga batalla

Luego de aquel duro golpe, que Lozada hoy no puede describir, entabló una larga lucha que, después de tres años, le permitió que le devolvieran a sus hijos sanos y salvos, a cambio de pagar una alta suma de dinero cuyo monto ha preferido no revelar. Juan Sebastián y Jaime Felipe cumplieron la mayoría de edad en cautiverio, y hoy, ya convertidos en adultos, han regresado al lado de su padre.

Pero la lucha de la familia Lozada no termina, pues Gloria, de quien no reciben noticias desde hace más de dos años, permanece en cautiverio.

Una rehén cotizada

Sucede que la situación de Gloria cambió debido a que fue lanzada (en cautiverio) como candidata a la Cámara de Representantes y la gente acudió en masa a las urnas el 10 de marzo de 2002 y la eligió con la más alta votación entre quienes aspiraron a esta corporación.

Desde el momento en que fue elegida, su condición política la convirtió en una rehén "cotizada", porque ahora es susceptible de ser "canjeada" por jefes guerrilleros en la cárcel o rebeldes lisiados de guerra escondidos en la montaña.

"No lo esperaba, pero sucedió. Gloria logró la mejor votación, algo extraño en el país, pues la dinámica, al parecer, era no votar por los secuestrados", afirma Lozada.

Tras cuatro días de las elecciones, Gloria fue engañada por los insurrectos, pues con el pretexto de tener una conversación con un líder de las FARC, fue separada de sus hijos y del resto de los secuestrados del edificio Miraflores. Al ser ella congresista su caso tomaba otro matiz: era ya un secuestro político.

Se burlan de las autoridades

Para Lozada, lo ocurrido en el edificio Miraflores no fue más que una burla a las autoridades. Fue como un espectáculo cinematográfico que constituyó un engaño para todas las fuerzas de seguridad del país.

Lozada criticó acremente a las autoridades, dado que después del asalto al edificio Miraflores se han dado una serie de secuestros en la misma ciudad de Neiva, entre los que mencionó a los parlamentarios Orlando Beltrán y Consuelo González.

Otro caso al que se refirió el ex gobernador fue el del empresario y político del Partido Conservador, Jorge Eduardo Gerchein, que fue secuestrado en una operación "también como de película", cuando hicieron aterrizar en una carretera angosta el avión en el que viajaba...los guerrilleros habían cortado las copas de los árboles para que el avión no se chocara...fue algo horroroso, increíble, recuerda.

Por todo ello, Lozada pregunta a los militares que dónde está la "Operación Candado" que dijeron iban a poner en práctica para blindar la ciudad, porque, según dijo, "parece que la llave del candado la tienen los guerrilleros".

Aunque Lozada reconoce que con la administración del presidente Alvaro Uribe el número de secuestros ha bajado, porque él sabe que tiene que darles duro a los secuestradores para que "bajen el moño", piensa que la mejor solución es negociar, dialogar para poner fin a una guerra que tiene aterrorizada a toda Colombia.

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