Día Mundial de los Humedales

Agonía del humedal

Resultados del primer estudio que mide las consecuencias de la contaminación y otros factores en el humedal bahía de Panamá.

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La gran cantidad de desechos domésticos e industriales retenidos dentro del humedal asfixia sus redes de raíces. La gran cantidad de desechos domésticos e industriales retenidos dentro del humedal asfixia sus redes de raíces.
La gran cantidad de desechos domésticos e industriales retenidos dentro del humedal asfixia sus redes de raíces. Gabriel Rodríguez

Vegetación marchita, suelos secos y resquebrajados, y basura desbordante por doquier. El daño que sufre el humedal bahía de Panamá, producto de la contaminación, expansión urbana, sedimentación y otros factores, está siendo estudiado por primera vez y los resultados preliminares apuntan en una dirección: el sitio experimenta un “acelerado proceso de muerte”.

Que la mortalidad de árboles de manglar alcanza el 70% en las parcelas más cercanas al mar y que el ecosistema retiene apenas 0.04 miligramos de carbono por hectárea, son otros de los datos que han aflorado desde que empezó el estudio en mayo de 2017 en el humedal bahía de Panamá, a cargo del Colectivo científico para el desarrollo sostenible de las zonas costeras, integrado por instituciones privadas y gubernamentales.

Otra investigación midió la calidad del agua que alimenta al humedal y los niveles del río Juan Díaz marcaron mala calidad, mientras que en la costa el nivel registrado fue pésimo.

También se identificó una dinámica acelerada de vertido de sedimentos en la línea costera en Juan Díaz desde 2003 hasta la fecha, que ha generado un proceso rápido y masivo de sedimentación.

Y a la veloz sedimentación se sumaron los efectos de la sequía de 2015 y 2016 y la defoliación del dosel del manglar para propiciar una evaporación extremadamente alta, que ha elevado la salinidad del suelo a niveles tóxicos en las nuevas zonas creadas por los sedimentos, debilitando el ecosistema, teorizan los científicos.

Se constató que dentro del humedal se presentan situaciones, como el uso indiscriminado de los terrenos en actividades agropecuarias y acuícolas, tala, quema y fumigación sin control.

Además, la gran cantidad de desechos domésticos e industriales retenidos dentro del humedal asfixia sus redes de raíces, añaden los investigadores, quienes comparten más detalles de sus análisis en el marco del Día Mundial de los Humedales, hoy 2 de febrero, para conmemorar la firma del Convenio por los Humedales en 1971.

MIRADA PROFUNDA AL HUMEDAL

Los manglares panameños representan el 5.2% de la cobertura boscosa y 2.3% de la superficie del país. Expandir Imagen
Los manglares panameños representan el 5.2% de la cobertura boscosa y 2.3% de la superficie del país. LA PRENSA/Alexander Arosemena

Cuando la torre de monitoreo de flujo de carbono empezó funciones en 2015 en el humedal bahía de Panamá, los científicos pudieron observar de cerca el evidente deterioro de la zona.

La inquietud circuló entre investigadores y ambientalistas, se constató que las afectaciones se extendían por todo el humedal y se puso en marcha un proyecto interinstitucional para estudiar por primera vez el impacto sobre el humedal más próximo a la ciudad capital.

Así, en mayo de 2017 empezó la fase de estudio de campo del Programa de monitoreo de manglares de la bahía de Panamá, a cargo del Colectivo científico para el desarrollo sostenible de las zonas costeras, formado por profesionales del Centro Nacional de Metrología, Universidad Tecnológica de Panamá, Universidad de Panamá, Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo, Sociedad Audubon, Fundación Ciudad del Saber, Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

La cobertura forestal, daños por hongos e insectos, presión por el desarrollo urbanístico, sedimentación y retención de carbono son los principales ángulos abordados por el estudio desarrollado en la zona del humedal de Juan Díaz, detalla Luz Cruz, coordinadora de proyectos de Senacyt.

LOS RESULTADOS

Uno de los datos más contundentes obtenidos en el estudio fue el de retención de carbono. Se tomaron muestras del humedal de Juan Díaz y de uno saludable en Remedios, Chiriquí, y los resultados de uno y otro son como comparar el día y la noche: mientras el ecosistema del humedal en Chiriquí retiene 314.64 miligramos de carbono por hectárea, el de Juan Díaz retiene 0.04 miligramos de carbono por hectárea.

Los árboles vivos y el suelo son los mayores secuestradores de carbono, y en los manglares de Juan Díaz su capacidad de absorción es nula, revela el estudio.

Significa que el manglar en esa área de Juan Díaz está apenas sobreviviendo y es incapaz de desempeñar el resto de sus funciones, resume Cruz.

Mirada profunda al humedal Expandir Imagen
Mirada profunda al humedal

Los árboles de mangle capturan cinco veces más carbono de la atmósfera que los bosques continentales y lo almacenan en sus raíces, troncos, ramas y hojas, y en el suelo también se almacena mucho carbono, explica la científica Carla Laucevicius, directora de Toth Toth Research & Lab.

Si los manglares no pueden cumplir con esta función, el carbono irá a la atmósfera, contribuyendo a la aceleración del cambio climático, añaden el químico Olmedo Pérez y el biólogo Yavier López, colegas de Laucevicius, en otra investigación realizada en 2017 en 85 kilómetros del humedal bahía de Panamá, que confirmó que la calidad del agua del río Juan Díaz y la costa que rodea el sitio es de mala a pésima.

Toda esa contaminación que recibe el manglar sin parar provoca que elementos tóxicos, como el plomo, hayan marcado puntajes de 0.34 partes por millón en cangrejos del lugar cuando el nivel máximo debe ser 0.25 partes por millón.

Los resultados muestran que el humedal bahía de Panamá está siendo atacado por todos los frentes, resumen los científicos, pero la buena noticia es que la calidad de su ecosistema marca un índice de 6.4/10; es decir, que aún no llega a puntajes tan bajos de calidad hábitat como para que el daño necesite de una intervención para su recuperación. “Si se retiraran las presiones que sufre, el ecosistema de Juan Díaz se restablecería solo. Pero si no se hace, solo empeorará”, expone Laucevicius.

Mirada profunda al humedal Expandir Imagen
Mirada profunda al humedal

En tanto, el estudio del Colectivo científico para el desarrollo sostenible de las zonas costeras también trabaja en medir los efectos directos de la actividad económica a orillas de los ríos que desembocan en el humedal bahía. Hasta ahora las mediciones reflejan el claro aumento de la presión urbana en puntos cada vez más próximos a los manglares, adelanta Cruz.

La rápida sedimentación en el humedal, que ha avanzado unos 350 metros hacia territorio que antes era del mar, es otro de los factores clave que deben analizarse como parte de la investigación, agrega.

También se ha constatado que ningún insecto es responsable de la situación que experimenta el humedal, como se pensó en principio.

El análisis de hongos y de la calidad de la madera del humedal son otras mediciones en ejecución, como parte de la segunda etapa de trabajo de campo, y así completar un año de monitoreo con resultados más precisos.

El plan es presentar la información a mediados de año ante el Ministerio de Ambiente (Miambiente) y demás tomadores de decisiones, comparte Cruz.

SERVICIOS

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Mirada profunda al humedal

El Convenio de Ramsar define un humedal como “una zona de la superficie terrestre, que está temporal o permanentemente inundada, regulada por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan”.

Especies como cangrejos, mapaches, ñeques, gatosolos, conejos, serpientes, cocodrilos, lagartijas, insectos, perezosos, aves, murciélagos y muchos peces dependen de los humedales, enumera Isaías Ramos, biólogo del Centro de Incidencia Ambiental, integrante de Panamanglar.

Control y protección de inundaciones y tormentas, provisión y mantenimiento de los recursos hídricos, como limpieza y purificación del agua, reservorios y conservación del agua, soporte de cadenas tróficas, estabilización de costas, retención y exportación de sedimentos y nutrientes, “guardería” para especies de la producción pesquera y la absorción de carbono para mitigar el cambio climático, son otros servicios ambientales de los humedales, describe Ramos.

Pese a ello, Panamá ha perdido 68% de su cobertura de manglares, según un estudio de 2016 del STRI.

El humedal bahía de Panamá es un área protegida por la Ley 1 de 2 de febrero de 2015, que establece la creación de un plan de manejo del sitio. Se consultó a Miambiente por el avance del documento. No hubo respuesta.

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