Algas, tesoro caribeño

La organización de las comunidades costeras es clave para impulsar el cultivo de macroalgas como opción de desarrollo.

La provincia de Colón tiene el potencial para desarrollar a gran escala una industria para el cultivo de macro algas marinas, que beneficie no solo a empresarios, sino también a las comunidades costeras. Sin embargo, aún no se ha logrado aprovechar este potencial al máximo.

“Necesitamos mucho más apoyo del Gobierno y la organización de las comunidades. La empresa privada está trabajando con la Autoridad de los Recursos Acuáticos (Arap) y las comunidades, a través de las misiones de Taiwán y Suiza, para ir organizando los cultivos”, expresa la profesora Gloria Batista de Vega, quien ha trabajado e investigado sobre el tema desde finales de la década de 1970.

Actualmente, la docente e investigadora dicta el curso de Biología 479 de Acuicultura en el Centro Regional de la Universidad de Panamá en la provincia de Colón.

Sus estudiantes se han interesado en el tema de las granjas de cultivo de algas para fomentar el desarrollo sostenible de comunidades costeras, y esta semana viajaron a Panamá para reunirse con personal de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) y de la Arap, para presentarles los resultados de sus investigaciones y tratar de establecer alianzas que permitan el avance de esta actividad y un mejor manejo del medio ambiente en la provincia caribeña.

Además, los estudiantes colonenses se trasladaron a Vacamonte para conocer la estación de Maricultura del Pacífico que tiene allí la Arap, y donde se realizan estudios con microalgas marinas, pepino de mar, robalos y tilapias de agua dulce, según explicó el jefe de la estación, Pablo Vergara.

VALOR COMERCIAL

Las macroalgas, además de ayudar a proteger las costas, manglares y arrecifes del impacto de las mareas, son el hábitat de peces y otras especies marinas.

Tradicionalmente, algunas personas las consumen como alimento (sopas, cereales) y las emplean en la medicina tradicional.

Pero su mayor atractivo es que poseen sustancias con propiedades emulsificantes o espesantes, útiles para elaborar productos alimenticios. La carragena, por ejemplo, se emplea en salsas, medicinas, productos de belleza y hasta para hacer telas.

“La industria de carragena se maneja igual que la del petróleo: se extrae y tiene muchas formas de uso”, plantea la profesora Gloria Batista de Vega.

En otros países, como Estados Unidos, algunas especies de algas marinas se están usando para producir biocombustible.

APRENDIZAJE Y PREOCUPACIÓN

Estudiantes como Gina Núñez y Yarleni Julio han aprendido sobre el cultivo de algas in vitro y en tanques en el Laboratorio Marino de Punta Galeta.

También han adquirido experiencia en cultivos in situ, incluyendo la selección adecuada del lugar, y han sembrado tres módulos de especies de algas marinas en pequeñas parcelas en el área de Largo Remo, cerca de bahía Las Minas, con ayuda de miembros de la comunidad.

Durante estas tareas, debían tomar mediciones de parámetros ambientales como las corrientes, dirección y fuerza del viento y analizar muestras de agua para evaluar su temperatura, salinidad, pH y turbiedad en el laboratorio.

La profesora Batista de Vega señala que una ventaja del cultivo in vitro es que las especies son más resistentes y dan un mejor rendimiento. También, gracias a la biotecnología, existe el potencial de transferir nuevas especies obtenidas in vitro y llevarlas al mar.

Pero, destaca la docente, siempre es importante mantener controlados los cultivos en el mar para no causar desajustes ambientales.

Otro proyecto, en el que trabajaron José Luis Catuy y Marcos Arrocha, contempla la señalización y el monitoreo ambiental para las concesiones designadas a las actividades de maricultura en la provincia de Colón.

Pero los jóvenes científicos también están preocupados por la situación ambiental que enfrentan actualmente los ecosistemas del paisaje protegido de isla Galeta debido, principalmente, al deterioro de los suelos cercanos, la contaminación y el mal manejo de los ecosistemas hídricos.

Junto con Yarleni Julio, Kerem Poveda y Nayara Rodríguez han analizado el tema. Durante la presentación en la Arap, destacaron que el paisaje protegido de isla Galeta ­que abarca 605 hectáreas que incluyen bosques de manglar y arrecifes de coral­ ha sufrido en los últimos 14 años una gran deforestación de manglares para dar paso a la construcción de bodegas e industrias, lo que no solo ha contribuido a las constantes inundaciones, sino que también pone en riesgo la biodiversidad del lugar.

“Recorrimos desde Cuatro Altos a Coco Solo, en la entrada del paisaje protegido de isla Galeta, para ver cómo los cuerpos de aguas industriales en cunetas improvisadas están afectando los ecosistemas hídricos. Hay contaminación en las zanjas que se han hecho sin planificación, que causan el estancamiento de los ríos y la proliferación de mosquitos, y, además, gran cantidad de desechos sólidos traídos por las inundaciones”, resaltaron.

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