Ciencia contra la pobreza

Los resultados de cuatro proyectos exitosos en comunidades indígenas y rurales fueron presentados por Senacyt.

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De la palma chunga se extrae la fibra con la cual las mujeres en la zona del río Tupiza, Darién, elaboran artesanías. De la palma chunga se extrae la fibra con la cual las mujeres en la zona del río Tupiza, Darién, elaboran artesanías.

De la palma chunga se extrae la fibra con la cual las mujeres en la zona del río Tupiza, Darién, elaboran artesanías.

La extracción maderable impacta este medio de vida de los indígenas. La extracción maderable impacta este medio de vida de los indígenas.

La extracción maderable impacta este medio de vida de los indígenas.

Ciencia contra la pobreza Ciencia contra la pobreza

Ciencia contra la pobreza

Los avances de la ciencia, a pesar de tener su “lado oscuro”, como en el caso de los inventos bélicos, también sirven para el bienestar y el desarrollo de la humanidad, para resolver problemas y necesidades, erradicar enfermedades, mejorar las condiciones de vida y proteger el ambiente, entre otros propósitos.

Entre los proyectos de investigación que financia la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y que ejecutan grupos de universidades y otras instituciones, algunos son orientados a atacar la pobreza. Uno de estos trabajos se enfocó en potabilizar agua mediante electrólisis en la comunidad Ipetí Emberá, en Tortí, Panamá este.

El doctor Nelson Barranco explica que los habitantes usan el río para todo, desde la limpieza hasta para hacer sus necesidades, así que no era adecuado para beber de este. Pero hay un manantial a unos 12 km de distancia y el agua estaba limpia, con una cuenta de bacterias coliformes muy baja. Lo difícil era conducir el agua de la fuente al tanque de reserva. Los pobladores se organizaron y, con sus propios recursos y donaciones, instalaron la línea de 10 km.

Para implementar el sistema de desinfección de agua, se decidió usar la electrólisis de salmuera, un proceso en el cual se aplica corriente eléctrica continua a unos electrodos conectados a una fuente de alimentación, sumergidos en la disolución de cloruro de sodio. Es un método de bajo costo de mantenimiento y operación y la materia prima es sal de cocina o agua de mar. A través de la electrólisis se produce hipoclorito de sodio (cloro).

Se usaron paneles solares, instalados por la Universidad Tecnológica de Panamá, ya que no existía la red de distribución eléctrica. Los pobladores aprendieron a disolver la sal, aplicar el electrodo y fabricar su solución, a ahorrar agua y a llevar un control de calidad para dosificar el agua con el cloro y así mantenerla desinfectada. Hubo algunos conflictos, pero al final, entendieron que debían asumir su responsabilidad para potabilizar el agua. El proyecto tiene cuatro años y está operando en forma autosuficiente. Las enfermedades diarreicas disminuyeron. La siguiente fase será el saneamiento del río.

ELECTRICIDAD Y EDUCACIÓN

Otros dos proyectos exitosos cuyos resultados fueron presentados en el último “Café científico”, que organiza mensualmente la Senacyt, comprendían el desarrollo de un sistema híbrido de generación eléctrica, que fue instalado en escuelas primarias de las comunidades de Boca de Lurá y El Caimital, en la provincia de Coclé; y como complemento, el diseño e implementación de sistemas de cómputo de bajo costo y bajo consumo energético, para fortalecer el aprendizaje de las ciencias en estudiantes de primaria.

El ingeniero Luis Mogollón explicó que se usó un generador eólico y un sistema fotovoltaico de seis paneles solares. En la parte de informática, se armó un mueble o case de computadoras, se capacitó a los chicos en la primaria de Boca de Lurá y se hicieron manuales.

ARTESANÍAS Y COCINA

Tomando en cuenta la pobreza de las comunidades indígenas, donde también hay prácticas insostenibles en el uso de suelo y otros recursos, y que en Darién el avance de la actividad pecuaria ha ocasionado la pérdida de bosques; la oficina en Panamá de la World Wildlife Fund (WWF) realizó el proyecto “Manejo y aprovechamiento sostenible de productos no maderables para la elaboración de artesanías, por parte de la empresa de mujeres artesanas del río Tupiza, comarca Emberá Wounaan de Darién”.

Carlos Espinosa detalló que trabajaron en cinco comunidades del río Tupiza y evaluaron el estado de conservación de la palma de chunga (Astrocaryum stanleyanum). Además, se fortaleció la organización para la producción y el comercio de artesanías.

La palma de chunga, de la que extraen la fibra para producir artesanías, se ha ido afectando con la deforestación. El turismo también ha puesto presión sobre este recurso. Los hombres acostumbran a cosechar la palma y las mujeres hacen el tejido y comercializan sus productos. Pero cada vez se hace más costosa la actividad porque hay menos palmas en la comunidad y los hombres deben desplazarse más lejos para buscarlas. “Al trabajar la estructura de costo, les demostramos la importancia de conservar la palma cerca de la comunidad”, destaca Espinosa.

El proyecto avanzó en casi 80 mil hectáreas en planes de manejo. Se hizo una especie de inventario forestal, y se evaluaron las especies de las cuales los emberá-wounaan extraen fibras.

Con la colaboración de los habitantes del río se definieron lineamientos de manejo que al final permitieron hacer planes para las especies que aportan las fibras. Y con el apoyo del Congreso del río, se logró que la comunidad adoptara el manejo sostenible.

“Con este proyecto vimos la necesidad de promover que en la nueva ley forestal de Panamá se incorporen productos no maderables, ya que la pérdida de estos impacta el medio de vida de estas comunidades”, dice Espinosa.

Por otro lado, la experiencia con las mujeres del río llevó a la WWF a prestar atención a otras palmas. Una de ellas es la trupa. Con su corozo, se prepara una bebida que sustituye la leche materna. También se extrae aceite y, en análisis hechos por la Universidad de Panamá, se ha encontrado que el aceite de trupa tiene propiedades superiores al de oliva.

Con apoyo del Biomuseo, narra Espinosa, se promovió la visita del chef Mario Castrellón a Darién para que conociera el aceite. Se espera que su cocina se abastezca con aceite de trupa.

Al inicio de este proyecto, cada familia trabajaba independientemente y le vendía a un intermediario. Pero ahora, las mujeres crearon una asociación de artesanas y son ellas mismas las que se encargan de la comercialización de sus productos.

Otra parte del proyecto se enfocará en encontrar diseños nuevos para diferenciar las artesanías de estas comunidades, y que estas experiencias se extrapolen a otras.

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