Disruptores endocrinos

Trastornos reproductivos y del metabolismo, cáncer y otras enfermedades, se han asociado a químicos en productos cotidianos.

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La exposición humana a sustancias químicas ha generado cada vez un mayor debate entre científicos, gobiernos, ambientalistas y organismos reguladores, porque investigaciones realizadas en varios países vinculan ciertos compuestos presentes en el ambiente con problemas de salud, incluyendo alteraciones endocrinas y diversos tipos de cáncer.

Y no solo se trata de contaminantes en actividades específicas como la agricultura, sino también de la exposición inadvertida de la población general y, a largo plazo, a químicos nocivos con los que se elaboran productos como botellas y envases plásticos, lociones, perfumes, jabones, telas y medicinas, los cuales se filtran a los alimentos o al agua.

Pesticidas, bifenilos policlorados (PCBs), parabenos y alquifenoles son algunos de los que han sido catalogados como “disruptores endocrinos”, porque afectan la secreción de hormonas y el funcionamiento del cuerpo.

Se ha encontrado que estos químicos imitan la estructura molecular de las hormonas naturales o engañan al organismo para bloquear su acción, alterar su producción o confundir a su receptor celular. Esto causa un desbalance hormonal, que puede acarrear problemas reproductivos, neurológicos y del metabolismo, entre otros.

Según el Dr. Nicolás Olea Serrano, científico del Laboratorio de Investigaciones Médicas del Hospital Clínico de la Universidad de Granada (España), la exposición inadvertida a disruptores endocrinos podría ser un factor causal de alteraciones en el desarrollo del sistema genitourinario (como el criptorquidismo, asociado con el cáncer de testículo y con infertilidad) y del aumento de casos de cáncer de dependencia hormonal, ya sea de mama u ovario.

OBESÓGENOS Y ESTRÓGENOS

En la década de 1990, la oficina de Investigación y Desarrollo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos (EU) empezó un plan de investigación sobre los disruptores endocrinos.

Algunos de estos químicos se están estudiando como factores que inducen el sobrepeso y la obesidad, debido a que alteran los mecanismos del apetito y la saciedad e influyen en la acumulación de lípidos en el cuerpo. En 2006, Bruce Blumberg, de la Universidad de California, en Irvine, EU, acuñó el término “obesógenos” para referirse a ellos, cuando descubrió que las ratas expuestas a tributiltina (un compuesto derivado del estaño) tenían predisposición a engordar.

Otros, que imitan los estrógenos naturales (hormonas femeninas), estimulan el crecimiento in vitro de células de tejido mamario humano y el crecimiento uterino en ratas. También se ha asociado la exposición a sustancias estrogénicas (contenidas en lociones, plásticos, maquillaje, etc.) con el desarrollo más temprano en las niñas y con la feminización de especies acuáticas.

El pnonilfenol (aditivo del plástico en detergentes industriales y espermicidas) y el bisfenol-A (BPA), componente de algunas botellas y artículos plásticos, son ejemplos de sustancias estrogénicas. Los efectos de la exposición a estos químicos parecen ser mayores en animales y humanos en desarrollo.

Los entes reguladores en Estados Unidos y otros países han prohibido el uso de BPA en biberones y otros artículos para niños, pero este componente aún se emplea en artículos plásticos y en el revestimiento interior de las latas de conservas. El problema es que el BPA se puede desprender y contaminar el contenido del recipiente, que luego es ingerido por las personas.

Durante una jornada sobre toxicología en la Universidad de Panamá, el Dr. Olea Serrano se refirió a algunas investigaciones realizadas en varios países, entre ellas una en el Reino Unido, donde se observó que los peces machos de ríos cercanos a plantas de tratamiento de aguas residuales poseen características femeninas, probablemente, debido a los alquifenoles usados en detergentes y plásticos y que llegan a los ríos.

Otra gran preocupación, agregó, es la exposición a los bisfenoles y ftalatos en equipos hospitalarios, incluyendo incubadoras y sondas.

Los ftalatos son plastificantes que se usan en productos de policloruro de vinilo (PVC), en cosméticos, botellas, tintas para plástico, juguetes y envases de alimentos. En España, dijo Olea, hay estudios que demuestran que niños de cuatro años orinan unos 24 tipos diferentes de ftalatos, además de BPA.

Según el estudio “Oestrogenicity of paper and cardboard extracts used as food containers”, publicado en el journal Food additives and contaminants en 2007, los envases de comida para llevar que son hechos con papel y cartón reciclado pueden contener residuos de BPA, dibutil ftalato (DBP) y di- 2-etilhexil ftalato (DEHP).

El experto agregó que los datos de transferencia de los disruptores endocrinos apenas se están produciendo y que, aunque se han prohibido algunos, la toxicología reguladora no está contemplando el efecto combinado de estos químicos.

“Aunque haya niveles bajos de exposición, hay que conocer las interacciones sinérgicas entre ellos, sean aditivas o antagónicas”.

El profesor de química de la Universidad de Panamá, Abdiel Aponte, indica que el tema es complejo y parte del hecho de que todo lo que el ser humano consume tiene un efecto. Así como hay productos benéficos para la salud, como medicinas, bloqueadores solares, etc., algunos de sus componentes podrían tener efectos adversos, por lo que se deben evaluar los beneficios o perjuicios en cada caso.

Además, aún si una molécula no es tóxica, al combinarla con otra o exponerla al calor, se favorecen reacciones químicas que la hacen cambiar y así podría ser nociva a la salud.

Las regulaciones y el monitoreo son clave en estos temas; pero, según el docente, a medida que las técnicas analíticas van mejorando, es posible detectar concentraciones de químicos cada vez menores, por lo que sería necesario determinar con certeza en qué concentración estos químicos son aptos para el consumo humano y cómo probar la contaminación. “Es muy difícil regular el conjunto de moléculas asociadas a enfermedades, es necesario hacer experimentos directos o muy específicos”. En su opinión, también se deben establecer nuevas normas para tratar las aguas residuales.

Mientras las investigaciones avanzan en busca de respuestas concluyentes, que conduzcan a cambios regulatorios y en las industrias, conviene estar al tanto del tema y hacer ajustes como consumidores para evitar la exposición a químicos “sospechosos” de causar problemas de salud.

Además, indica el profesor Aponte, muchas veces no se toma en cuenta la importancia de la ventilación en el hogar, sobre todo al usar un producto químico, ni otros tipos de polución, como las moléculas en el aire que causan problemas respiratorios y la contaminación auditiva y lumínica, que también tienen un impacto en el aprendizaje y en la salud.

PARA REDUCIR LA EXPOSICIÓN

LEA las etiquetas. Evite pesticidas y productos hechos con BPA, ftalatos, PVC, sobre todo si son para guardar comida o para niños. Reduzca el consumo de alimentos enlatados o empacados en plásticos.

NO CALIENTE COMIDA en envases de plástico ni almacene alimentos grasosos en ellos. Prefiera los de cerámica o vidrio.

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