AMBIENTE

Estudios sobre ballenas, base para planificar

El ecólogo marino Héctor Guzmán aporta nuevos datos sobre la distribución y uso de las costas por las ballenas.

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La ballena jorobada busca las aguas someras de las costas o los alrededores de islas oceánicas tropicales durante su época reproductiva. NYT Images La ballena jorobada busca las aguas someras de las costas o los alrededores de islas oceánicas tropicales durante su época reproductiva. NYT Images
La ballena jorobada busca las aguas someras de las costas o los alrededores de islas oceánicas tropicales durante su época reproductiva. NYT Images

Héctor Guzmán, ecólogo marino del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Stri), presentó dos nuevos estudios sobre ballenas.

En el primer trabajo, llamado “Movements and habitat use by Southeast Pacific humpback whales ( Megaptera novaeangliae) satellite tracked at two breeding sites” ( Aquatic Mammals 2017), Guzmán y Fernando Félix, del Museo de Ballenas de Salinas en Ecuador, describen los hallazgos tras marcar a 47 ballenas jorobadas con transmisores satelitales (25 en Panamá y 22 en Ecuador) entre 2009 y 2015.

“Esta publicación da un brochazo de la distribución y uso de las costas por las ballenas. Antes llamábamos al archipiélago de las Perlas como ‘el área de reproducción’. Pero ahora sabemos que es mucho más amplia, va de Perú hasta Costa Rica”, expresa Guzmán.

“Cuando tienes un animal con transmisor puedes tener una madre con cría que la parió en las Perlas y en cuatro semanas está en Coiba, se queda dos semanas, se va a las Perlas de nuevo, o a Málaga [Colombia] y sube otra vez. Es decir, mientras está criando puedes ver que su área de movimiento va a variar. Puede ser por estrés, porque la están siguiendo machos para aparearse o acosando los turistas, no tengo evidencia de esto último, pero estimamos que es posible”.

A lo largo de los países del Pacífico sudeste, la zona de cría de las ballenas jorobadas abarca alrededor de 2 mil 600 kilómetros de costa desde Costa Rica hasta Perú (ver mapa). Los datos recogidos de 37 transmisores revelaron los movimientos de 23 madres con sus crías recién nacidas y de 14 animales cuyo sexo no fue determinado. Un transmisor funcionó por 69 días y se pudo conocer que una ballena madre nadó casi 6 mil kilómetros.

Guzmán expresa que el análisis espacial y temporal de este nuevo trabajo permitió crear mapas de distribución que indican dónde están las ballenas o dónde se esperaría que estén en una época.

“Panamá tiene ballenas todo el año. Hay muchas que son transitorias. A comienzos del año hay un aumento en la diversidad de especies, quizás asociado al afloramiento del Golfo de Panamá. Por aquí pasan las Bryde, las ballenas azules y otras, pero hay una época crítica, entre agosto y noviembre, cuando vienen las jorobadas a reproducirse”, añade.

Infografía Expandir Imagen
Infografía Cortesía STRI

“Por eso vemos que son más abundantes y pasan más tiempo aquí, porque se quedan con sus crías en las áreas someras ya que están en un momento biológico reproductivo”.

Pero también hay “enormes” cantidades de delfines, que incluyen las orcas y ballenas piloto, que pasan por Panamá en grupos.

“Las jorobadas escuchan a las orcas, que son depredadoras, cuando se comunican mediante sonidos”.

Guzmán menciona este detalle porque le preocupa la exploración sísmica petrolera a lo largo de la zona de cría de las jorobadas, desde Costa Rica hasta Perú. Afirma que esta actividad afecta el comportamiento de las ballenas y su comunicación.

“No solo los sonares militares afectan a las ballenas y cetáceos. La onda sísmica producida artificialmente por el hombre, a una frecuencia distinta a la de una onda sísmica natural (como puede ser un terremoto), que es repetitiva en el tiempo y el espacio, crea un caos sónico en al agua. Aparte, hay frecuencias que pueden desorientar y causar daño físico a las ballenas y cetáceos, que pueden terminar varados”.

Guzmán espera que las autoridades y la industria petrolera tomen en consideración este tipo de estudios y los mapas de distribución y densidad de especies marinas, para que haya una planificación espacial y temporal de sus actividades y no se afecte a los cetáceos, especialmente en sus períodos migratorios y reproductivos.

En el otro estudio, titulado “Short-term recovery of humpback whales after percutaneous satellite tagging” ( The Journal of Wildlife Management; H. Guzmán, Juan J. Capella), desarrollado en el estrecho de Magallanes, Chile, los investigadores determinaron que el marcado con transmisores no afectó el comportamiento, la salud ni la reproducción de las 7 ballenas evaluadas entre 4 y 10 años.

Algunas tenían pequeñas cicatrices o hinchazón cerca del área donde tenían el transmisor, pero al cabo de dos años habían sanado totalmente, probando que este es un método inofensivo que aporta mucha información sobre estas especies.

No obstante, los investigadores recomiendan hacer estudios anatómicos y patológicos detallados de diferentes especies de ballenas para definir cuál es la mejor área del cuerpo superior para marcarlas, en relación al grosor, cantidad de grasa y músculo, para no afectar el bienestar del animal.

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