ARTE URBANO

Grafiti y crítica para perturbar al mundo

El arte subversivo de Banksy mete goles al mercantilista mundo de las subastas. Su mensaje: flores en vez de armas, amor y no guerra. Ojo al muro de Trump.

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Imagen que le ha dado la vuelta al mundo: el cuadro de ‘Niña con globo’, triturándose. Imagen que le ha dado la vuelta al mundo: el cuadro de ‘Niña con globo’, triturándose.
Imagen que le ha dado la vuelta al mundo: el cuadro de ‘Niña con globo’, triturándose.

Se vale soñar. Acabar con las guerras, abolir la discriminación, la desigualdad, la pobreza. Cambiar al mundo desde una pared. Con brochas, con pintura, con colores. Con mensajes que aturden, perturban, que reclaman a los poderosos, a la gran industria, y pisotean los estereotipos. Se vale soñar con todo eso.

Quizá se dio cuenta de que en el arte faltaba más consciencia y menos egos. Y nació Banksy. Su canal: una pared en cualquier ciudad del mundo. Su misión: ¿provocar? ¿denunciar? todo lo que se oponga al sistema.

Besos y flores

En una calle de Bristol, la ciudad donde dicen que nació, hay dos policías besándose. En alguna estación del metro de Nueva York, un Charles Manson dice: “anywhere”. En Medio Oriente está Trump prometiendo que el muro que divide a Israel de Palestina tendrá un hermano (en México). Allí mismo está una paloma blanca con un chaleco antibalas, una niña que requisa a un soldado israelí, y varios grafitis más. Palestina lo inspira y merece varias líneas en esta nota.

El artista sin rostro (no se sabe quién es) decoró un hotel en Belén que se mercadea de una manera poco optimista: “el hotel con las peores vistas del mundo”. Si un turista se aloja en él y se asoma al balcón, no ve las dunas del desierto, el sol brillante, campos de dátiles o los olivos floreciendo. Ve el polémico muro que separa a palestinos de israelíes. Eso sí, en las paredes del hotel ve la huella del grafitero.

En Londres aparece en varios sitios: el manifestante que en vez de un arma está dispuesto a lanzar un ramo de flores, y la mítica imagen de la niña a la que se le escapa un globo en forma de corazón. Un pintor (¿álter ego?) nos envía un mensaje en una pared de Boston: “follow your dreams”.

Cuadros a $60

Cada cierto tiempo deja mudo al mundo del arte.

En 2015 montó Dismaland, en el suroeste de Inglaterra. Fue su versión de Disneylandia: un caserón en ruinas hizo las veces del castillo de la Cenicienta, un desvencijado carrusel para divertir a las almas, agentes de seguridad de mal humor, balsas llenas de refugiados, y así, varias muestras de arte sombrío y de denuncia. Estuvo abierto varias semanas. Fue un hit. Las ganancias las donó a refugiados de Siria.

Un día de 2013 puso una mesa en Central Park, Nueva York, y le encargó una misión a un jubilado: vender sus obras (originales) a $60. “El influyente artista Banksy pasó desapercibido en Nueva York y regaló cuadros de miles de dólares”, se leyó en los diarios por esos días.

En esa escena podría estar la explicación de por qué trituró la Niña con globo, después de ser subastada en $1.4 millón de dólares. Los que le han seguido la pista durante años afirman que esta sería su manera de llamar la atención (y cuestionar) sobre el costo de las obras y las complejidades de ese universo dominado por las subastas atiborradas de millonarios.

La hazaña del pasado 6 de octubre una vez más lo puso en la mira pública. En Google hay centenas de artículos de los principales medios de comunicación del mundo con sendos reportajes sobre quién es realmente Banksy, noticia que reviven cada cierto tiempo con títulos similares a estos: “Ahora sí se sabe quien es Banksy”, “Estudio desvela la identidad del grafitero más famoso del mundo”.

¿Es él?

Que es Robert Del Naja, fundador y vocalista de la banda de rock experimental Massive Attack. Que es Robin Gunningham, un artista cuarentón de Bristol que usa dientes de oro. Que es Jammie Hewlett, vocalista de Gorillaz. Otros dicen que no es uno, sino muchos: Banksy es un colectivo.

Por ahora nadie tiene una sentencia. La humanidad seguirá obsesionada con conocer quién es el artista rebelde que sueña con cambiar al mundo; él, mientras tanto, debe estar pensando en su próxima conspiración.

Dejémoslo así. Sin rostro, oscuro, libre, revolucionario, soñador, pesimista. Dejémoslo Banksy; ya eso es mucho.

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