Haneke vuelve a triunfar

Michael Haneke es el sexto galardonado con el Asturias de las Artes procedente del cine tras Luis García Berlanga, Fernando Fernán Gómez, Vittorio Gassmann, Woody Allen y Pedro Almodóvar.
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Si alguien ha tenido un extraordinario 2013, ese es el austríaco, de origen alemán, Michael Haneke (Múnich, 1942).

Este año su película más reciente, la hermosa y demoledora Amor, obtuvo 42 premios a nivel mundial, entre ellos el Óscar, el Globo de Oro, el Bafta, el César y un Spirit.

Ahora, el director y guionista, todo un referente del género dramático, se lleva el premio Asturias de las Artes.

Esta distinción, de acuerdo con el jurado de este galardón, se le entrega porque sus producciones son “una original y personalísima aproximación de radical sinceridad, aguda observación y extrema sutileza a problemas fundamentales que nos conciernen o afectan individual y colectivamente”.

Para el jurado de esta importante distinción española, el realizador “ilumina y disecciona con deslumbrante maestría aspectos sombríos de la existencia como la violencia, la opresión y la enfermedad” y los afronta “con extraordinaria sobriedad formal a la vez que abre espacios a la persistencia consoladora del amor, la confianza y el compromiso”.

El provocativo y tortuoso séptimo arte de Haneke no es para la audiencia promedio acostumbrada a los efectos especiales que distraen, y menos para los que se tragan, sin masticar siquiera, los argumentos complacientes y políticamente correctos de esos con mensajes morales de cómo deben comportarse los individuos que han perdido su capacidad de cuestionar.

Sus historias y sus imágenes le exigen al espectador una toma de conciencia de que forman parte de esta sociedad que sabe manipular a sus integrantes y que es violenta por naturaleza.

Su propósito es denunciar a un sistema que atonta a quien pueda y que lleva al ser humano a que pierda su bondad hacia los otros.

A Haneke se le puede acusar de hacer un cine trágico y siniestro, de esos que ahogan las esperanzas y avivan las penas, pero nadie puede decir que está mintiendo o exagerando en sus planteamientos.

Haneke, hijo querido de los festivales de Cannes (Francia) y Stiges (España), muestra la falta de humanidad de las leyes y las normas que rigen a los habitantes de este planeta donde somos usuarios y clientes, pero no siempre ciudadanos con derechos.

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