Héroes de la conservación

Un grupo de voluntarios lucha por mejorar la calidad de vida de los habitantes del Parque Municipal Summit.
Samba es un oso hormiguero macho, de un año, que fue encontrado por Coclesito, cuando tenía una semana de haber nacido. Al momento de su rescate, aún se encontraba pegado mediante el cordón umbilical al cuerpo de su madre muerta. LA PRENSA/David Mesa. Samba es un oso hormiguero macho, de un año, que fue encontrado por Coclesito, cuando tenía una semana de haber nacido. Al momento de su rescate, aún se encontraba pegado mediante el cordón umbilical al cuerpo de su madre muerta. LA PRENSA/David Mesa.
Samba es un oso hormiguero macho, de un año, que fue encontrado por Coclesito, cuando tenía una semana de haber nacido. Al momento de su rescate, aún se encontraba pegado mediante el cordón umbilical al cuerpo de su madre muerta. LA PRENSA/David Mesa.

Miércoles. Eran las 9:30 a.m. cuando llegamos al Parque Municipal Summit para conocer la labor que realizan los voluntarios en sus instalaciones. En la calle de enfrente, luciendo un chaleco fluorescente, está Elena Castejón, directora del Patronato del Parque Summit, junto con un grupo de trabajadores que arreglan una tubería, a un costado de las vías del tren. “Como ven, ¡aquí hay que hacer de todo!”, exclama mientras cruza la calle y nos da la bienvenida.

Elena llegó hace cuatro años a Summit, como parte del comité designado para rescatar a un grupo de animales silvestres cautivos en un zoológico ilegal, ubicado en La Chorrera. “Tengo 25 años de rescatar animales”, afirma.

REFUGIO, no zoológico

Construido por los estadounidenses y fundado en 1923 como un jardín experimental, el Parque Municipal Summit es hoy día un jardín botánico y un refugio de vida silvestre. Quienes trabajan allí destacan la importancia de que los visitantes y el público general tengan claro que este “no es un zoológico”, sino un centro educativo al aire libre.

“Todos los animales del parque son producto de rescates, decomisos de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) o son entregados por personas que los tienen ilegalmente como mascotas”, cuenta Castejón. La única excepción es el águila harpía Panamá que está en calidad de préstamo.

Según la experta en fauna rescatada, la situación es preocupante porque cada día llegan más ejemplares de especies que han sido humanizadas, por lo tanto, no todos pueden ser liberados.

En los casos en que el animal se rehabilita con éxito y no haya tenido mucho contacto con los humanos, puede ser devuelto a la naturaleza, adonde pertenece.

En ocasiones, los animales llegan al parque maltratados, heridos o con algún tipo de afección física y psicológica; por ejemplo, en la mayoría de los casos de loros y monos, estos vienen desnutridos y deformes.

“Se liberan los que se puede”, afirma la directora del patronato. En los últimos cuatro años se han liberado 850 animales en el bosque.

FALTA DE EDUCACIÓN

Elena manifiesta que el exceso de animales silvestres que llega al refugio se debe a que las personas no tienen conciencia a la hora de adquirirlos.

“Las personas tienen un loro, felino o mono, y cuando ven que crece y comienza a demostrar su temperamento y naturaleza, ya no lo quieren más”.

La rescatista de animales explica que la fauna debe estar donde pertenece y, en la mayoría de los casos, los daños que se les causan a los animales al extraerlos de su hábitat natural son irreversibles. Por ejemplo, un mono o un loro encerrado en una jaula, sin espacio suficiente para mover sus alas, puede deformarse o un mono que no tome seis horas de sol al día no obtiene las vitaminas necesarias para su desarrollo. “Nuestro trabajo es dar a los animales la mejor calidad de vida”, añade.

EL HÁBITAT

Mariana Parks es veterinaria y voluntaria en Summit. Mientras siembra algunas plantas, como parte del enriquecimiento ambiental para las Psitácidas (familia de aves en la que se encuentran los loros), explica que el colocar plantas y objetos naturales en el espacio donde están los animales minimiza el estrés de estos.

“Así no sienten que están en una jaula, sino en un ambiente agradable... esto les disminuye el estrés y así se sienten más protegidos y seguros”, cuenta. La veterinaria afirma que también disminuyen las condiciones de enfermedades y los reconforta, en caso de que se sientan amenazados por el clima. “Tratamos de recrear el lugar lo más posible a su hábitat”.

Las plantas sembradas en diversos tamaños son nativas de la zona.

“En algunos casos colocamos la comida lejos de los visitantes para que no se sientan intimidados o agredidos a la hora de comer”. Otros elementos que se colocan son perchas móviles construidas a base de soga, con un material que no sea nocivo para los animales, con el fin de que se mantengan interactivos con una buena condición de salud física y mental para que las personas puedan apreciarlos dentro de su hábitat. “No es lo ideal, pero se intenta recrearlo”, narra.

Además, cada cierto tiempo se les remodela el ambiente. Se les cambia algún elemento para que vean algo más interesante, y se colocan objetos para que el animal esté entretenido. Esto dependerá de la especie; en el caso de los loros, se les cambian las plantas y el hábitat varias veces al año, ya que en la naturaleza vuelan y están acostumbrados a ver diversas áreas.

El enriquecimiento ambiental se hace a diario, porque no solo son los aspectos físicos, sino la alimentación.

Cuando se trata de los hormigueros, se les consiguen termiteros; a los monos, se les escogen grillos de debajo de la hojarasca; y a los felinos, les colocan piñatas.

Mientras se les acomoda el hábitat, ubican a los animales en jaulas. “Cuando lleguen, se sentirán curiosos y prestarán atención si hay algo nuevo”, cuenta la joven veterinaria.

El enriquecimiento del hábitat se está procurando en todas las jaulas. Esto le facilita el trabajo al veterinario durante las revisiones periódicas que se les realizan a las aves, reptiles y mamíferos, con el apoyo de los voluntarios.

“Se necesitan muchas manos para que se pueda hacer, no solo los cuidadores, sino los que podamos disponer de nuestro tiempo para sus tareas”, cuenta Parks.

EL VOLUNTARIADO

Ser voluntario del Parque Municipal Summit no significa solamente ir a jugar con los animales y darles mamadera.

Mientras saluda a Maguila –un mono tití de dos meses de edad– Elena Castejón explica que el pequeño mamífero nació por sorpresa, porque tratan que los animales no se reproduzcan en el parque y menos en cautiverio. Maguila la saluda efusivamente y la corretea en su andar hasta donde la jaula le permite.

Entre el juego, nos cuenta que tuvo que cuidar al pequeñín desde que nació, pues su madre no lo quería debido a que este era muy débil. Ahora ya es aceptado por la familia.

“La gente piensa que va a venir a jugar con un animal o darle biberón... pero cuando ve que tuvo que trabajar duro, palear, sembrar, no regresa”, acota Castejón.

Solo el personal idóneo está calificado para llegar a trabajar con los animales directamente. El resto del voluntariado apoya con otras actividades, como sembrar, recoger hojas, pintar, lavar, restaurar y limpiar jaulas. “Todo ayuda a que esos animales tengan una mejor calidad de vida”.

Yiscel Yángüez es veterinaria y madre silvestre. En la actualidad cuida a siete cachorros de perezosos. Le explica a un grupo de rescatistas que entrena la forma correcta de agarrar un perezoso, en caso de que esté tratando de cruzar una calle, o esté en peligro.

Mientras sostiene a Funki y presenta a Coquito, explica cómo fueron rescatados y que es importante saber que los perezosos deben estar en su hábitat. Yángüez afirma que una de sus principales fuentes de nutrición son las hojas de guarumo, y que “hay que tener mucho cuidado a la hora del rescate”.

El trabajo de Marian Akers, asesora botánica del parque, es de siete días a la semana. “Entre mis principales funciones está evitar la erosión del parque y enseñar a los voluntarios que llegan”, expresa, en el momento en que acomoda unas hojas alrededor de un árbol, cuyo nombre desconoce, a pesar de que lleva años de estar en el parque. “Faltan 150 especies de árboles por identificar”, explica.

Brunilda García es alumna de Akers y realiza su práctica en Summit para obtener un grado técnico en Turismo Geográfico y Ecológico de la Universidad de Panamá.

“En el parque no solo hay plantas nacionales, sino también exóticas de África y Asia... como era un huerto experimental”, indica la estudiante.

Akers enseña a sus pupilos, quienes realizan ejercicios prácticos. Uno de los proyectos es la rotulación de los árboles y plantas de la zona. “Los jardines no pueden funcionar sin un ejército de voluntarios en Estados Unidos; ya en Panamá se comienza con el tema del voluntariado”, afirma.

REQUISITOS

Para ser voluntario del Parque Municipal Summit, se debe cumplir con ciertas normas, como presentar el horario disponible para colaborar, cubrir sus gastos de alimentación y transporte, presentar una prueba de seguro médico con cobertura en caso de accidentes, carta de recomendación, currículum, disponibilidad de trabajar al aire libre con animales silvestres y plantas, recibir la inducción y comprometerse por escrito a realizar las labores que se asignen, así como cumplir con las normas de seguridad, deberes y derechos estipulados.

Si está interesado en participar en el voluntariado del parque, escriba a: parquesummit@gmail.com.

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