Libros y sentido de pertenencia

En Panamá hay experiencias positivas en cuanto a organizaciones comunitarias que apoyan a las bibliotecas.
Las bibliotecas públicas reciben recursos del Estado, de los comités de ayuda y proyectos específicos. LA PRENSA/Ana Rentería. Las bibliotecas públicas reciben recursos del Estado, de los comités de ayuda y proyectos específicos. LA PRENSA/Ana Rentería.
Las bibliotecas públicas reciben recursos del Estado, de los comités de ayuda y proyectos específicos. LA PRENSA/Ana Rentería.

A Dalys Rodríguez se le escuchaba animada al hablar del recién fundado comité de ayuda de la biblioteca pública del corregimiento de Lídice. “Estamos saltando los primeros escalones”, comentó Rodríguez en calidad de vicepresidenta de la organización que pretende “mover” la biblioteca fundada en 1992.

Este comité, junto al de la biblioteca pública de Guararé (Los Santos), es considerado por la coordinadora de la Red de Bibliotecas Públicas, Olga de Cuevas, como una experiencia positiva. No obstante, no son muchas las bibliotecas que cuentan con estas agrupaciones.

“A pesar de que desde hace algunos años se han llevado a cabo acciones para involucrar a miembros de la comunidad (...) siento que falta interés o compromiso de su parte”, opinó de Cuevas.

Este no es el caso de quienes conforman el comité de la biblioteca de Lídice, que luego de la remodelación, a cargo de Fundación Cuna, se han organizado en comisiones de trabajo para hacer llegar libros y actividades culturales a toda la comunidad.

La bibliotecaria Loira Degage, quien afirma que el centro no tiene presupuesto de fondo, califica como “perfecta” la idea del comité, que se supone también ayude a suplir las necesidades en cuanto a materiales y mantenimiento.

Otra biblioteca pública, aunque no adscrita a la Biblioteca Nacional, que cuenta con un comité de amigos es la de Boquete, que a pesar de contar con el apoyo de varias fundaciones, se apoya en el comité de amigos.

El modelo de Boquete

Hace dos años, boqueteños y residentes extranjeros vieron el potencial para que se edificara una biblioteca. Así, en un terreno donado por el Club de Leones se alzó en la comunidad un edificio de tres plantas.

La demanda de libros no frustró sus expectativas. La entidad presta mil 200 libros al mes.

Además trabajan con voluntarios para ofrecer cursos y funcionan como un centro cultural, asegura Elsa Castillo, administradora de la biblioteca de Boquete

“[El concepto de] la biblioteca ha existido siempre, pero estaba bajo la administración del Gobierno, luego del alcalde y el Club de Leones”, cuenta Castillo, quien explica que “no recibimos beneficios del Estado, trabajamos con donaciones, somos una fundación”.

Aunque no esté adscrita a la Biblioteca Nacional, por contar con una administración independiente, Castillo aclara que la biblioteca es de uso público y sigue los lineamientos sugeridos por la autoridad.

Reto

De Cuevas destacó que es importante mejorar otros sistemas de bibliotecas, especialmente el escolar, ya que la biblioteca pública suple en un gran porcentaje las necesidades de información de los estudiantes incluso universitarios.

FUNCIONES DE LOS COMITÉS DE AYUDA

CREAR vÍNCULOS

Mantener a la comunidad informada sobre el funcionamiento y actividades

realimentación

Expresar ante las autoridades de la biblioteca preocupaciones, críticas constructivas y sugerencias emanadas de individuos o sectores de la comunidad con respecto a los servicios.

apoyo

Estimular la iniciativa privada para que contribuya con sus aportes al financiamiento, desarrollo, actualización y ampliación de servicios, programas y proyectos de importancia para la comunidad

Cuando la montaña va a Mahoma

Los niños de las escuelas Gran Bretaña y Reino de los Países Bajos, en la ciudad de Panamá, esperaban al Bibliobús la mañana de ayer, mientras que la Bibloteca de Boquete, en Chiriquí, coordinaba sus visitas a comunidades de difícil acceso en la provincia.

“Estamos tratando de llegar hasta ellos, porque hay muchas adultos y niños que no tienen las facilidades”, acota Elsa Castillo, administradora de la biblioteca de Boquete.

Y es que si el lector no puede llegar al libro, el libro busca al lector.

“Nos hemos percatado de que muchas escuelas, sobre todo las más pobres, ni siquiera tienen bibliotecas”, expresa Mirla Díaz, coordinadora del Programa del Programa Internacional de Acercamiento a la Literatura Infantil (Piali). Piali trabaja en el proyecto de bibliotecas móviles, que consiste en ocho cajas plásticas que serán colocadas en escuelas en áreas de difícil acceso en Colón y Coclé.

Verónica Gutiérrez

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