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Limpieza en el fondo del mar

Un centenar de buzos participó en una jornada de recolección de desechos bajo el agua en el Líbano.

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La iniciativa es organizada por el grupo Live Love Beirut. La iniciativa es organizada por el grupo Live Love Beirut.
La iniciativa es organizada por el grupo Live Love Beirut.

En una pequeña cala de Líbano, una veintena de buzos salta al mar con una botella de oxígeno a la espalda y una red en la mano, no para admirar las riquezas submarinas, sino para recoger residuos. La “pesca” ha sido hoy fructífera en Tabarja, una ciudad costera situada unos 20 kilómetros de Beirut.

Los buzos salen del agua y dejan sus redes verdes, llenas sobre el espigón: contienen botellas de plástico y de vidrio, latas oxidadas, botes de conserva y neumáticos. “Lo que hemos visto ahí abajo, duele”, lamenta Christian Nader, un estudiante de 19 años, con traje de baño y toalla al cuello.

Frente a la inercia gubernamental para solucionar la crisis de los residuos que se arrastra desde hace años, los libaneses decidieron tomar el toro por los cuernos con iniciativas de la sociedad civil y del sector privado.

Los basureros pronto estarán llenos y los expertos advierten de que el país podría revivir muy próximamente la pesadilla de 2015, cuando montañas de basuras invadieron Beirut y sus alrededores, tras el cierre del principal vertedero del país.

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Christian Nader, que practica el buceo desde hace cinco años, participaba en Tabarja en una iniciativa de Live Love Beirut, una asociación libanesa que busca promover una imagen positiva del país.

En total, más de un centenar de buzos, reclutados por Facebook e Instagram, formaron parte de las operaciones organizadas en ocho playas. “Es triste, es nuestro mar, hacen falta campañas de sensibilización y que el Estado nos ayude a limpiar”, lamenta este estudiante.

Hace décadas que las autoridades no logran adoptar políticas eficaces de gestión de residuos. Líbano produce cada día más de 6 mil toneladas de basura, según cifras oficiales.

Tras la crisis de 2015 y las manifestaciones inéditas de la sociedad civil, el gobierno aprobó un plan temporal que incluía la reapertura de dos antiguos vertederos en los alrededores de Beirut. Pero, esa “temporalidad” ha durado tanto que ambos lugares alcanzarán el límite de su capacidad en 2018.

Las autoridades estudian la posibilidad de aumentarlos, según una fuente gubernamental. “El gobierno debe empezar a pensar en soluciones duraderas de manera seria, empezar a ponerlas en marcha, aunque sea poco a poco”, denuncia Lama Bashur, que subraya la importancia del separado de basuras y del reciclaje.

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Aunque se construyeron varios centros de reciclaje y de compostaje con fondos europeos, todavía habría más de 900 vertederos irregulares en Líbano, según un estudio oficial.

“Las regiones que no tienen infraestructuras básicas queman los residuos. La mayoría de los municipios queman sus basuras”, lamenta Faruk Merhebi, especialista del sector.

El gobierno estudia un plan del Ministerio de Medio Ambiente para promover el reciclaje, que solo implica al 15% del tratamiento actual de basuras.

Ziad Abi Shaker empezó a apostar por el reciclaje a finales de los años 90 creando su empresa, Cedar Environmental. En la actualidad, cuenta con ocho centros de separado de basuras que gestionan, en total, más de 80 toneladas de residuos diarias. Uno de ellos, abierto en septiembre de 2016, recibe las basuras de Beit Meri, un sitio de veraneo cercano a Beirut.

Bajo un gran almacén de chapa, en medio de un paisaje idílico de montañas boscosas en el centro del país, las bolsas de basura azules y negras se apilan, a la espera de ser clasificadas. El trabajo se efectúa en cadena: se separa el vidrio, las botellas de plástico, las latas de conserva, las latas de aluminio, que serán enviadas a fábricas de reciclaje.

“Hemos probado que el concepto de cero residuos, en un marco descentralizado, podía tener éxito”, afirma satisfecho Abi Shaker.

Pero en otras partes del país este éxito no se ha materializado. En Sidón, una estación balnearia del sur de Líbano, una montaña de desechos se yergue a orillas del mar, dentro del recinto de un centro de tratamiento de residuos. El montículo está formado por residuos que no pueden ser ni reciclados ni tratados para compostaje y que, en principio, deberían ir a parar a un vertedero oficial.

Pero los habitantes siguen esperando que el ayuntamiento lo construya, como prometió. De varios metros de alto, esta montaña de basura puede verse desde la carretera. A sus pies, algunos pescadores parecen haber olvidado el pestilente hedor que despide. Tranquilamente, echan su sedal al agua y esperan su presa.

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