Mitos sobre los alimentos

1

El plátano verde y las manzanas son ricas en hierro. Falso. Esta creencia se basa en el color oscuro que adquieren estas frutas al cortarlas y a las manchas de color chocolate o negro que dejan en la ropa. Ambos alimentos son muy pobres en hierro (0.1 y 0.7mg una manzana y un plátano, respectivamente). La mancha oscura es el resultado del contenido de polifenoles, que al contacto con el oxígeno del aire se oxidan y forman pigmentos de color oscuro. A estas reacciones se les llama pardeamiento enzimático y no están relacionadas con el hierro.

2

Comer ajo es bueno para la salud del corazón. Cierto. Se ha encontrado que el consumo de ajo fresco logra una ligera reducción del colesterol en sangre y los suplementos de ajo disminuyen ligeramente la presión arterial en sujetos que toman medicamentos hipotensores. El mayor efecto se observa en sus propiedades anticoagulantes y a la presencia de compuestos que contienen azufre que, además de ser responsables de su olor tan peculiar, son antioxidantes que protegen a las células de la acción dañina de radicales libres.

Estas propiedades juntas favorecen una buena salud para el sistema cardiovascular y aunque hasta ahora no se puede afirmar que el ajo es un reemplazo a los medicamentos para la hipertensión, es recomendable comer de uno a dos dientes de ajo diariamente.

3

La mujer que amamanta no debe comer menestras porque le dan gases al bebé.

Falso. Las menestras son ricas en proteínas y en hidratos de carbono, algunos de ellos llamados oligosacáridos abundan en la cáscara y son indigeribles para el ser humano; por eso permanecen en el intestino grueso donde son transformados por las bacterias del colon, con producción de los gases intestinales responsables de la flatulencia típica del consumo de menestras.

Los gases se producen en la persona que come las menestras con la cáscara (si se cocinan, se trituran y se cuelan, el efecto disminuye notablemente), porque lo que está en la cáscara no se digiere y no se absorbe, por consiguiente, no ingresa al organismo de la madre y no tendrá efecto alguno en las glándulas mamarias.

4

La mantequilla retrasa la borrachera. Cierto. El alcohol se absorbe en el estómago y principalmente en el intestino delgado. Si el estómago está vacío, la absorción y el paso del alcohol a la sangre se hará muy rápidamente. Pero, si en el estómago hay comida antes o durante la ingestión de alcohol, el vaciamiento gástrico será más lento y la absorción del alcohol se retrasa. Si se consumen grasas, éstas llegan al intestino y disminuyen notablemente el vaciamiento del estómago. Así los efectos aparecen más lentamente porque no se alcanzarán los altos niveles de alcohol en sangre que se producen cuando se bebe en ayuno. Es decir que el efecto se podrá retrasar, pero no evitar.

5

Comer huevo sube el colesterol en sangre. Falso. Está demostrado que el colesterol que está en los alimentos contribuye poco al exceso de colesterol que bloquea las arterias, porque no se absorbe mucho y porque nuestras células producen entre 60% a 80% del colesterol total, a partir de un precursor que se obtiene de la grasa saturada y de los azúcares de la alimentación. Por eso se afirma que es el consumo excesivo de grasa saturada lo que aumenta el colesterol en sangre.

La yema del huevo es rica en colesterol, pero también en fosfolípidos que favorecen la salud de las arterias, en carotenoides que protegen la vista, en hierro que previene la anemia y en vitaminas A y D. Un huevo entero aporta tanta proteína como una onza de carne de res o pollo y es más económico y versátil. Pero si el huevo se prepara con grasas saturadas, el colesterol en sangre puede aumentar, no por el huevo, sino por la mala compañía.

6

La naranja es mala para el hígado. Falso. La naranja es rica en vitaminas, flavonoides y fibra dietética. Contiene aceites esenciales, que además de producir aroma, ejercen un efecto colerético y colagogo, es decir que aumentan la producción y la salida de la bilis de la vesícula biliar. Si una persona sufre de cálculos biliares, puede experimentar molestias como dolor abdominal o náuseas al comer la fruta o tomar el jugo, especialmente en ayuno, debido a la contracción de la vesícula biliar. La naranja no afecta al hígado. Solo advierte a algunas personas que su vesícula no trabaja bien y debe evitar las grasas, no solo la naranja.

7

Los alimentos con fibra causan divertículos intestinales. Quienes sufren de divertículos no deben comer alimentos con fibra. Falso. Los divertículos son bolsas o sacos anormales que se forman en la pared del intestino grueso. Se le atribuye al debilitamiento de la musculatura del intestino grueso debido a la presión de las heces acumuladas por falta de una evacuación normal. Son más frecuentes en mayores de 40 años que llevan una vida sedentaria y una dieta baja en fibra dietética.

El consumo frecuente de frutas y hortalizas, por su riqueza en fibra dietética, junto con una adecuada ingesta de agua son recomendaciones que ayudan a prevenir los divertículos.

8

Para estar bien alimentado hay que comer carne diariamente. Falso. La carne aporta una gran cantidad de nutrientes, pero no es imprescindible para estar bien alimentado, porque una combinación de cereales y leguminosas, por ejemplo, arroz y frijoles, puede remplazar a las proteínas de la carne de res o pollo.

El hierro que contienen las carnes se absorbe mejor que el de las leguminosas, pero eso mejora si la comida se acompaña con una fuente de vitamina C, como una ensalada de vegetales o una fruta jugosa como postre. Una ventaja es que mientras las carnes no aportan fibra dietética, los cereales y las leguminosas sí lo hacen.

9

Tomar agua con las comidas retarda la digestión.

Falso. Un vaso de agua para acompañar una comida facilita la lubricación y no modifica la acidez o alcalinidad de los jugos digestivos necesarios para la digestión. Obviamente, si se toman litros de agua al comer, se producirá una distensión abdominal que el cerebro interpreta como saciedad, la persona se siente llena y prefiere no comer.

10

Los mariscos son afrodisiacos. Falso. No se ha logrado comprobar estas propiedades en los mariscos, a pesar de que se admite que contienen una proporción importante de nutrientes necesarios para la producción de hormonas sexuales. Pero ni son los únicos alimentos ricos en estos nutrientes, ni las hormonas se producen inmediatamente después de consumir mariscos.

(La autora es profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá).

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