Mujer valiente

La poesía llama al oído a Gioconda Belli, mientras que a la novela ella la busca y la encuentra. Sus versos están reunidos ahora en la colección ‘Giocoteca’.

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Después de ir y volver, desde hace dos años fijó su residencia permanente en Nicaragua. Después de ir y volver, desde hace dos años fijó su residencia permanente en Nicaragua.

Después de ir y volver, desde hace dos años fijó su residencia permanente en Nicaragua.

Una joven poeta tomó las armas en Nicaragua para colaborar con ponerle fin a la dictadura militar de Anastasio Somoza (1925-1980).

“Fueron unos tiempos que no cambiaría por nada porque fue una vida muy intensa, azarosa y peligrosa, pero cuando una es joven eso es lo deslumbrante y atractivo, pensar que podíamos conseguir la libertad con toda el alma”, comenta Gioconda Belli (Managua, 1948), quien presentó en la XI Feria Internacional del Libro de Panamá su colección Giocoteca, un compendio de los ocho poemarios que ha publicado.

Ahora el mundo es otro, piensa la también narradora, porque es más cínico y descreído. “Eso es triste para el alma humana. Cuando se tiene algo por el que luchar, un propósito claro, la vida tiene un saborcito más completo”.

Lamenta que existan personas que “no necesitan buscar algo en sus vidas, ni desean hacer cosas que tengan profundidad y un significado, que son las cosas que te permiten sentirte que te has realizado como ser humano”.

Que la sociedad sea una caradura se debe, en parte, “a que las revoluciones nos fallaron”, y por otro lado, la realidad global “se ha vuelto abrumadora y nos ha aplastado, con eso que todo es comercio, economía y mercado, que nos hace alienados y además nos hace sentir cada vez más pequeños”.

En el caso específico de la Revolución popular sandinista (1979 - 1990), piensa que esta le falló a su pueblo porque “no logramos lo que queríamos: sacar a Nicaragua de la pobreza y del atraso. Tuvimos que enfrentarnos con una guerra interna de la contrarrevolución, no todo fue culpa de la revolución, sin quitarnos nuestra parte de la responsabilidad del fracaso de no poder construir la utopía, fue allí donde fallamos”.

Esa sensación de haber tenido un sueño tan grande y perderlo, “da una sensación de tristeza, de desilusión, pero también yo, por ser optimista, pienso que la historia es bien lenta y es un proceso tan largo que nosotros solo vivimos un instante dentro de la gran historia, y por lo tanto, no sabemos lo que va a pasar en el futuro. Por eso, pienso que Nicaragua está hoy mejor y hemos avanzado mucho más que cuando estaba Somoza en el poder”.

Piensa que todos los seres humanos guardan en su interior el deseo de buscar algo mejor para sí mismo y su alrededor, aunque por lo general son los jóvenes los que van tras esa clase de porvenir y “hoy la revolución de los jóvenes es cuidar del planeta, así como sus luchas a favor de los indígenas, las mujeres y los gays. Son preocupaciones muy válidas. Lo harán hasta que lleguen a la edad del cinismo; espero equivocarme”.

Para descubrir a Gioconda

Gioconda Belli está agradecida porque la vida le ha dado hijos, nietos, compañero de vida y lo principal, “volverme escritora, pues ya hacía poesía cuando estaba en la revolución en Nicaragua”.

En 1988 publicó su primera novela La mujer habitada, y tuvo un éxito tremendo dentro y fuera de su país. “Sentía que se ampliaba mi capacidad como creadora y me dio un campo de acción tremendo”.

La novela como género literario le apasiona, es el placer “de construir un mundo y poblarlo de gente y ver qué empieza a pasar. Es como con la comida, agregas los ingredientes, pero no sabes exactamente a qué va a saber. Al final siempre te sorprende el resultado y eso pasa cuando descubro cuál es la novela que hay en mí”.

Asocia la novela con el oficio del escultor, el que ve la piedra por trabajar y no sabe de forma precisa qué le va a salir luego de terminar la faena.

“Ese proceso de descubrimiento es fascinante. Es mucho trabajo de horas, pero también es entretenido. Me encanta el proceso de investigar”, comenta la que tiene como más reciente novela El intenso calor de la luna (2014).

Cuando la mujer entra en la etapa de la menopausia, más de una persona, incluyendo las propias damas, “lo consideran un momento de decadencia. Trato de demostrar en mi libro que no es así. Es un momento en el que la mujer ya no tiene que preocuparse por la reproducción, su cuerpo le pertenece más y puede dedicarse a su propio placer y en busca de obtener más conocimientos. También le permite dejar de pensar tanto en los demás y vivir más para sí misma”.

Entonces, en El intenso calor de la luna aparece un romance que quiebra los esquemas establecidos entre una mujer mayor y un hombre joven, y la polémica está servida, una marca de casa para Gioconda Belli, cuyo trabajo poético erótico y carnal causó estragos en la década de 1980 en la sociedad conservadora centroamericana.

En esta obra una mujer casada por mucho tiempo tiene amores con un caballero menor. “Es como las novelas de amor de Mario Vargas Llosa, pero al revés”, y ríe a todo pulmón.

Revela que en un principio ser transgresora en su arte fue inconsciente, aunque luego se fue haciendo algo más claro para ella.

Lo que no quiere es dar la impresión de que lo único que hace es causar escándalos con sus labores literarias, aunque dice que los buenos escritores deben “mover el piso a los lectores, tratar de ponerlos frente a una realidad que los rete a pensar de otra manera y que les haga preguntas. Eso es lo que nos debe gustar de los libros”.

Pone por caso el erotismo tan presente en su poesía y prosa. Le causa asombro que sorprenda, si es lo más natural del mundo, porque “el erotismo es la vida, es el sentido de ser uno mismo con su propio cuerpo. Todos deben saber percibir su mundo erótico”.

Erotismo no solo es amor y pasión, no solo son las relaciones sexuales, sino que su verdadera manifestación es cuando se convierte en la prueba de la sensualidad. “Debemos disfrutar esa capacidad de ver, oler, tocar, oír. Es ese placer de estar vivo”.

MÁS LECTORAS

No entiende cómo a esta altura del partido todavía hay un sector de los lectores y una parte de la industria del libro que divide las obras en novelas para hombres y títulos para damas.

Gioconda Belli admite que los protagonistas de sus novelas sean mujeres, pero eso no debe ser la razón para caer en el absurdo de etiquetarlas o ingresar sus creaciones bajo esquemas rígidos.

Revela que el 70% de los lectores en el mundo es mujer, en especial consume mucha ficción, aunque sabe que hay muchos hombres que se adentran en sus historias y las disfrutan.

Lo que pasa, asegura, es que los estudiosos y críticos de las letras, así como los miembros de las academias de la lengua todavía ven a la mujer que escribe como de segunda categoría, y de ellos no han recibido las escritoras la atención debida, piensa.

“Yo no siento que escribo para las mujeres. Yo escribo sobre las mujeres. Para el hombre debe ser importante aprender sobre nosotras leyéndonos, como yo encontré en las novelas la forma en que funcionan y piensan los hombres, como me pasó al tener acceso a la literatura latinoamericana. No podemos seguir promoviendo literatura que mire la realidad de la mujer por los ojos de los hombres”, señala.

“Las mujeres casi recién hemos ingresado formalmente a la literatura en el siglo XIX desde la novela y la poesía. Por eso, las obras clásicas fueron hechas por hombres, porque eran los únicos que podían hacerlo y, de allí, que nuestra imaginación colectiva tenga señas de hombre”, agrega.

Que los señores representen el 30% de los lectores significa que han “perdido algo de su sabiduría. Por eso, necesitan de las mujeres para que les demos esa sabiduría faltante”, dice entre risas.

La mente masculina va al detalle y al grano, indica. En tanto, ellas son más libres para demostrar y compartir emociones y fantasías.

Quizás sea el motivo por el que hay “reticencia en algunos de leer libros de mujeres, porque piensan que son siempre piezas rosas, sentimentalistas y románticas. Un prejuicio total”.

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