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Ropa sostenible, materia para el arte

La artista y diseñadora costarricense Ingrid Cordero se desliga del consumismo para apelar a la reutilización y ahorro del textil en su empleo como vestimenta.

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La diseñadora estuvo esta semana en la sala de exposición para compartir su concepto de la autoconstrucción de la ropa y ser más proclives al cero desperdicio. La diseñadora estuvo esta semana en la sala de exposición para compartir su concepto de la autoconstrucción de la ropa y ser más proclives al cero desperdicio.

La diseñadora estuvo esta semana en la sala de exposición para compartir su concepto de la autoconstrucción de la ropa y ser más proclives al cero desperdicio. Foto por: Jazmín Saldaña y CORTESÍA.

Ropa sostenible, materia para el arte Ropa sostenible, materia para el arte

Ropa sostenible, materia para el arte

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Ropa sostenible, materia para el arte

Una exposición artística invita a repensar en el modelo compulsivo que usamos para cubrirnos el cuerpo y, que resulta, al mismo tiempo, destructivo para el medio ambiente.

Esa manía de comprar, usar y desechar, muy propia de la moda rápida ( fast fashion), es la que intenta dejar de lado la artista y diseñadora de origen costarricense Ingrid Cordero en la concienzuda muestra “Máxima mínima”, instalada en el segundo piso del Centro Cultural de España-Casa de Soldado en el Casco Antiguo, hasta el 29 de julio.

La exposición en el primer tramo consta de seis tabletas digitales colgadas en la pared, las cuales ilustran por separado la técnica del patronaje o el proceso de confección de distintas piezas a partir de una tela rectangular de manta sucia. Las prendas, fáciles de replicar, van desde una blusa hasta un poncho, aunque la mayoría es de tipo unisex y talla única, todas intentan cumplir con las características de atemporal y universalidad, ajustado a todas las edades.

Contraviniendo a los de su gremio, quiere incentivar el pensamiento crítico y hacer un aporte: el de compartir sus conocimientos sin recelos. “Quiero promover una conciencia a la hora de consumir y dar la posibilidad a las personas de producir sus atuendos por sí mismos”, destaca la artista, que esta semana realizó un conversatorio sobre su exhibición en el centro que alberga su trabajo.

Como resultado de la investigación se elaboró un manual para que los interesados puedan hacer sus propias piezas desde casa.

Cordero también pone a disposición un manual impreso para los visitantes, mediante el cual los interesados pueden replicar los modelos vistos o el más gustado de la muestra. Piensa que cuanta mayor educación reciba una persona se es menos hermético a la hora de divulgar los conocimientos adquiridos.

En el título de la exposición la artista resume su propósito: “sacar el máximo provecho de la materia y dejar desperdicio de manera mínima”, algo que comulga con la corriente del diseño sostenible.

El recorrido por la sala continúa con una gran proyección audiovisual en que Cordero se convierte en el modelo maniquí y muestra los usos de sus creaciones de “Máxima mínima”. En el video se ve cómo entran sus manos por las ranuras del textil dejadas a propósito en la pieza para dar salida a la cabeza y a los brazos.

A Cordero le causó desazón saber que detrás del petróleo el segundo gran contaminante en el mundo era el textil. “Yo quiero seguir haciendo lo que me gusta, sin sentirme culpable”, se confiesa sobre el motivo de esta investigación .

“En las fábricas de ropa, los desechos pueden constituir el 25% del total de la producción masiva, lo cual es mucho material desperdiciado. Todas las curvitas, orillitas que se echan al cesto son textil desaprovechado”, se queja.

EVOLUCIÓN DEL ROPAJE

A diferencia de antaño, cuando las personas se hacían ellas mismas sus indumentarias, ahora las mandan a confeccionar con modistas. Había en esta acción un valor sentimental, al escoger la tela o al dedicar un tiempo para cortar y ponerse a unir las partes de una prenda en la máquina de coser.

Las personas se sentían más apegadas a sus vestimentas que además perduraban por el cuido. La diferencia ahora es que se compra y esto no genera ninguna conexión o sentido de pertenencia, lo que a la larga contribuye con la depreciación de la prenda, según la temporada, utilidad y su progresivo desgaste.

El actual modelo de la industria textil y el comportamiento lo define la curadora de “Máxima mínima” Paula Kupfer, como un “sistema de consumo masivo del que participamos casi de manera automática”.

Cordero, que tiempo atrás abrió en Costa Rica su taller a voluntarios atraídos por aprender sobre confección y diseño, ahora probará su talento como maestra a través de la palabra escrita. “Si tan solo una persona se hace una pieza siguiendo el manual de instrucción que he preparado, entonces habré triunfado”. Por encima de ello, pondera el objetivo de crear un pensamiento reflexivo sobre las prácticas de consumo y empoderar a las personas por medio de prácticas generadoras de autonomía.

Una última pared de la exposición “Máxima mínima” despliega las piezas terminadas: uno es una especie de cárdigan y un poncho para el frío. ¿Cuál de todos será el favorito de los asistentes?

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