Testigo desde el escritorio

Eladia Chiari de Vélez rememora los momentos álgidos vividos a lo interno del Palacio de las Garzas, el 9 de enero de 1964.

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Eladia Chiari de Vélez conserva una fotografía del presidente Roberto F. Chiari, a quien acompañó durante los conflictos que se iniciaron el 9 de enero de 1964. Eladia Chiari de Vélez conserva una fotografía del presidente Roberto F. Chiari, a quien acompañó durante los conflictos que se iniciaron el 9 de enero de 1964.
Eladia Chiari de Vélez conserva una fotografía del presidente Roberto F. Chiari, a quien acompañó durante los conflictos que se iniciaron el 9 de enero de 1964. Jazmín Saldaña

En su pueblo natal, Parita, le conocen con el apodo de Niñina, pero su nombre de pila dista de ello. Sus padres le inscribieron como Eladia Margarita Chiari hace 84 años.

Eladia tuvo una carrera profesional próspera. Egresada del Colegio María Inmaculada, tuvo la oportunidad de estudiar su licenciatura en Economía y Ciencias Sociales en el Marygrove College en Michigan, Estados Unidos.

Al volver al país con su título, tenía un puesto asegurado en el negocio familiar, la Compañía Ganadera Industrial, de la cual era parte también el presidente panameño Roberto F. Chiari.

Tras el ascenso de Chiari como presidente, Eladia se mudó al Palacio de las Garzas y fungió en el área de contabilidad; aunque confiesa que por su manejo del inglés ejercía múltiples tareas, desde acompañar a la primera dama en sus reuniones hasta servir como intérprete.

Fueron esas tareas que ella llama de utility, las que le abrieron más tarde las puertas al despacho del presidente Chiari, y más concretamente a ser la secretaria asignada en un momento clave para el país, por solicitud de propio mandatario, que requería de personal de confianza.

El 9 de enero de 1964

Eladia tenía 32 años. Cuando supo de los problemas que estaban sucediendo con un grupo de estudiantes en la avenida 4 de Julio, hoy nombrada avenida de los Mártires, arrancó su auto con doble placa, de numeración panameña y zonian como se exigía en la época, para llegar hasta la presidencia.

Inmediatamente se reportó con el “señor presidente”, como solía llamarle a pesar de ser una especie de prima segunda del mandatario, y este la colocó como su secretaria principal, en el escritorio que antecedía la puerta del despacho.

Fue a Eladia a quien le tocó recibir, en primera instancia, al grupo de institutores que traía la bandera rasgada. Los hizo pasar al despacho del presidente y quedándose tras la puerta vio la reacción que jamás hubiese imaginado: “La expresión del rostro del presidente Chiari mientras sostenía la bandera destrozada en las manos no se me olvida... era un rostro de dolor, de impotencia, de rabia... de todo”, rememora.

Aplaude y reconfirma que el apodo histórico concedido a Chiari como Presidente de la Dignidad es de lo más atinado.

Insiste en que el presidente no tomó consejo de nadie para decidir romper las relaciones diplomáticas del país con Estados Unidos.

“No hubo quién le hablara al oído. Él solito tomó su decisión”, que luego fue vitoreada por el pueblo panameño, cansado de los ultrajes recibidos por los norteamericanos en su propia tierra.

No era una decisión fácil, tuvo un “alto costo político y empresarial”. Al romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos, explica la señora, que conserva una fotografía en blanco y negro de Chiari, el presidente también puso en riesgo su empresa familiar, la cual le proveía azúcar, leche y sus derivados a las Fuerzas Armadas estadounidenses establecidas en Panamá.

Sin embargo, reconoce Eladia que de no haber actuado con temple, el presidente habría pasado por la silla presidencial sin ningún reconocimiento que lo colocara en la memoria histórica del país.

A pesar de que fue Chiari el que había logrado el acuerdo con Estados Unidos -desde enero de 1963- de que la bandera panameña ondeara al lado de toda bandera estadounidense izada en el territorio, y cuyo incumplimiento fue lo que desató la confrontación violenta entre estudiantes, civiles y los residentes y policías zonians.

¿Qué tomó el presidente para relajarse? El presidente simplemente no comió. “Hubo una ocasión en que se disponía, por convencimiento de su hija, a tomarse un sancocho. Iba a probar la primera cucharada cuando le interrumpieron para una reunión. El plato quedó intacto”.

“¿Me puede hacer un favor?”, le preguntó el mandatario a Eladia luego de la extenuante jornada tras los sucesos del 9 de enero de 1964. “¡Sí, dígame, señor presidente!”, respondióágil ella. “Váyase a casa”, le ordenó.

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