teatro

Sin ánimos de crecer

‘Muchacho no es gente grande’ estudia, desde la comedia satírica, porque un sector de la población masculina le huye al compromiso.

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'Muchacho no es gente grande´es dirigida por el dramaturgo Benjamín Cohen. 'Muchacho no es gente grande´es dirigida por el dramaturgo Benjamín Cohen.
'Muchacho no es gente grande´es dirigida por el dramaturgo Benjamín Cohen. Jazmín Saldaña

David Serfaty, Leonardo Leo Osorio y Bernardo Chapo Silva tienen entre 25 y 30 años. A estos amigos les da dolor de cabeza asumir cualquier clase de responsabilidad y están convencidos de que todavía son unos adolescentes.

David anda de capas caídas porque su enamorada le traicionó. A Chapo su novia le puso un ultimátum: ella se va a casar con o sin él. Mientras Leo alimenta el caos existencial de sus compinches para tener nuevos motivos para seguir tomando todo el ron posible.

Los conflictos y actitudes de este trío de carnales les permite al dramaturgo y director venezolano Benjamín Cohen, con la obra Muchacho no es gente grande, rastrear por qué un sector de la población masculina contemporánea no tiene intención de crecer.

“Es un tema de no entender, que después de los 25 años nos llega la edad de la razón, pero nos asusta salir de nuestra zona de seguridad; creemos que atarnos a nuevos compromisos nos impide seguir disfrutando y viviendo sin caer en los problemas. Nos quedamos sumergidos en el territorio de lo lúdico, para no aceptar que nuestra juventud se está convirtiendo en adultez”, explica Benjamín Cohen, de 34 años, quien presenta esta comedia satírica hasta el 24 de septiembre en el Teatro La Plaza.

“Los hombres somos cobardes. Muchos alardeamos de ser más que nuestras parejas, para no reconocer que sin ellas no podemos vivir”, indica Cohen.

Para el actor Pablo Brunstein, de 33 años, quien encarna a David en Muchacho no es gente grande, los hombres son “considerablemente más infantiles que las mujeres, aunque cada persona es diferente, obviamente. Somos más miedosos al compromiso y a los esquemas de la vida adulta”.

Mientras que Jairo Quintero, de 38 años, quien entra en la piel de Leo, opina que ese comportamiento irresponsable es por culpa, entre otras, “porque nuestra generación no ha sufrido grandes guerras. Pensamos que hay y habrá tiempo para todo, independientemente de que vivamos en una ‘corredera’. El estrés envejece, mata y no nos deja vivir plenamente”.

‘La obra Muchacho no es gente grande’ desnuda con desparpajo el universo masculino con sus códigos, sus puntos de encuentro y desencuentro’: Benjamín Cohen. Expandir Imagen
‘La obra Muchacho no es gente grande’ desnuda con desparpajo el universo masculino con sus códigos, sus puntos de encuentro y desencuentro’: Benjamín Cohen. LA PRENSA/Jazmín Saldaña

LA ERA DE UN VACÍO INDIVIDUALISTA

Benjamín Cohen opina que lo interesante de una obra de teatro como  Muchacho no es gente grande, “es que refleja la realidad, no solo de los hombres, sino también de nuestra generación, la era que Guilles Lipoveski llamó en sus ensayos acerca del individualismo contemporáneo como ‘la era del vacío”.

Se trata de una generación, agrega este director y dramaturgo, “que hace creer que no tiene tabúes, mordazas, pero que vive marcada por las malas experiencias de sus padres, sus conocidos y sus seres queridos; sus rupturas, sus divorcios, sus traumas. Es una generación que evade estas circunstancias y aprenden de estas experiencias para bien o para mal”.

Esta comedia satírica, que se presenta en el Teatro La Plaza hasta el 24 de septiembre, “además de desnudar nuestros secretos masculinos, y demostrar la forma en que pensamos y actuamos, hace un reflejo al compararnos con el funcionamiento natural del mundo animal, donde ‘el león’ es el rey que espera tranquilamente a que la ‘leona’ busque el alimento, críe a sus cachorros, mientras el macho descansa y busca a otras ‘leonas’ para aparearse. Suena gracioso, pero la mayoría de nosotros hacemos lo mismo, más los hombres en Latinoamérica”, menciona Cohen, autor de otras piezas como  Ojos brasileros,  Los artistas del barco hundido y  El cielo no es nuestro.

El principal miedo de los caballeros, resume el actor Jairo Quintero, “es el compromiso en todas las áreas de nuestras vidas: amistad, pareja, familia y trabajo”.

ASUNTO DE CUIDADO

Las características antes mencionadas de un sector de los hombres de hoy día puede ser un asunto de cuidado para la sociedad contemporánea, en opinión de Benjamín Cohen.

“Porque estamos perdiendo valores, y nos interesa más tener seguidores en una cuenta de Instagram que tener amistades reales. Se nos olvida el daño que le podemos hacer a nuestros seres queridos, por solo pensar en nuestro bienestar. Se nos está olvidando el verdadero sentido de las relaciones humanas. Quizás es parte de un proceso evolutivo de la humanidad, aunque todavía soy muy conservador para aceptar esto”, plantea Cohen, creador de telenovelas como  Fanatikda y  ¡Qué clase de amor!

Es cuando Cohen vuelve a nombrar al ensayista y sociólogo francés Gilles Lipovetski, cuyos ensayos sobre el individualismo fueron su base de inspiración para escribir  Muchacho no es gente grande:  “Nunca ha habido una sociedad que teniendo tanto haya carecido de todo, y es que después de todo, nos encontramos en la era del vacío”, dice Gilles Lipovetski.

Esta verdad afecta a todos, sin embargo, la idea de Benjamín Cohen con esta obra “no es hacer una crítica y mucho menos una denuncia, solo quiero contar sobre mi generación, lo que somos, lo que soñamos, el lugar que ocupamos en la sociedad y en el mundo”.

Por su parte, Jairo Quintero, quien ha participado en montajes como  Baño de hombres y  Probamos, resalta que el elenco de  Muchacho no es gente grande “pertenece a la Generación X, y si bien es cierto que tanto la generación Y (mileniales) como la generación Z vienen con un  chip distinto al nuestro, es imprescindible mandarles un mensaje claro de lo que está sucediendo en nuestra sociedad”.

INDIFERENCIA

Con la pieza  Muchacho no es gente grande, Benjamín Cohen quiere mostrar en escena una problemática que “cada día se apodera más de mi generación: la indiferencia frente a los asuntos sociales, la búsqueda de la identidad individualizada, la necesidad de seguir en el juego, las fiestas y otras expresiones para evadir la realidad, que además somos complacidos por las nuevas tecnologías, que nos impiden afrontar las etapas que nos impone la ley natural y social de la vida”.

El aspecto más relevante para Jairo Quintero de esta obra teatral “es el  valor que tiene  una verdadera  amistad.  Ese valor lo da el respeto, y hoy, tanto en Panamá como en la mayoría de los países, no existe tal virtud.  Coexistimos  en una sociedad que irrespeta constantemente por medio del ‘juega vivo’, envidia, hipocresía,  luchas de poder, e  incluso por la misma tecnología, al no compartir calidad de  tiempo con nuestros seres queridos por estar conectados a los dispositivos electrónicos”.

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