Los cómplices de su majestad

Detrás de un hermoso traje de reina, se compilan meses de trabajo y sacrificio por parte de un equipo de colaboradores liderado por un diseñador.

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Plumajes, pedrerías, lentejuelas y diamantes son parte del lenguaje común entre los profesionales del diseño.

Horacio Prado, uno de ellos, ha dedicado su talento con fidelidad a la calle arriba de Las Tablas por 26 años y le divierte recordar cómo fueron sus pinitos: “En la escuela hacía disfraces pequeños, pero de grande me comprometí con el Carnaval”.

Prado es responsable de idear siete cambios de vestuarios para la reina de la tuna de calle arriba, un ajuar cuyo costo ronda los 150 mil dólares.

Para los cuatro días de Carnaval su jornada va desde las 6:00 a.m. a 3:00 a.m., su rutina consiste en verificar detalles del carruaje diurno y el nocturno donde se pasea la reina, así como apoyarla si el disfraz le causa alguna molestia en su recorrido por el parque. “Un poco de algodón o esponja es suficiente para que no se lastime”, dice el experto que calcula en 50 libras el peso que recae sobre el cuerpo de las beldades al portar los vestidos.

LABOR COMPARTIDA

Un diseñador debe rodearse de un equipo que lo apoye en los diferentes procesos de la confección del vestuario.

Demóstenes Moreno, con 20 años de experiencia en el diseño, fue el encargado de recrear un traje de fantasía hindú, dotado de Swarovski y rhinestones traídos de México, para la coronación de la reina de calle arriba de Capira.

Moreno reconoce que llevar el vestido a la realidad requirió una profunda investigación de la cultura, y posterior a ello, de manos colaboradoras.

Una de las particularidades, según el creador, fue que 10 damas de la familia real se dedicaron a tejer todo el vestido, invirtiendo en ello su tiempo libre y noches sin descanso.

Explica que este proceso de confección se inició hace cinco meses y en la semana previa al Carnaval se procedió con la colocación de los materiales preciosos que fueron adheridos al tejido uno por uno con puntadas de hilo, una tarea que no sería compleja si no fuera porque fueron más de 500 piedras tratadas individualmente.

Prado dispone de 15 personas que trabajan en cuatro talleres pensados para el Carnaval. “En los talleres, los últimos días se adhirieron a los vestuarios los plumajes para que no se estropearan”, aclara.

RETRIBUCIÓN

Los diseñadores conocen las cifras que se requieren para hacer posible un carnaval. En Las Tablas, por ejemplo, el total ronda los 700 mil dólares, mientras que en Capira alcanza los 250 mil. Sin embargo, la retribución por su labor no siempre está establecida.

“Es algo simbólico, ni la cuarta parte de lo que se gasta en el Carnaval. Pero esto no lo veo como un negocio sino como un aporte a mi tuna”, justifica Prado acerca de su salario.

El destacado diseñador que el año pasado propuso el traje de fantasía para Miss Panamá en el Miss Universo, Cesar D´ Castro, es el encargado de diseñar para la calle abajo de Las Tablas, y piensa que este trabajo es un pasatiempo que le permite dejar un huella en la historia como artista.

Los creativos concuerdan en que su mayor satisfacción no está en el dinero, sino en el aplauso del público y sobre todo “brindar un espectáculo digno de verse”, subraya Moreno.

“Disfruto ver salir a la calle lo que diseñé en mi mente y lo que varios artistas reprodujeron con sus propias manos”, agrega Prado.

Una de las quejas de los diseñadores, es que luego del carnaval los atuendos son engavetados, desarmados o vendidos por valor inferior, por lo que una justa valoración de sus creaciones sería disponer de un museo permanente en el cual lugareños y extranjeros apreciaran en detalle los vestuarios.

OPORTUNIDADES

Un espacio para el reconocimiento de las destrezas de un diseñador emergente se formula en la Feria Internacional de Artesanías, celebrada cada año en Atlapa.

Uno de los que se ha llevado el crédito como mejor diseñador es el aguadulceño Manuel Guevara, quien se alzó con el primer puesto de la competencia de 2013.

“El objetivo del concurso de trajes de fantasías es darle el realce a esos jóvenes artesanos que se dedican a confeccionar esos vestidos con sus manos”, plantea Víctor Pinillo, coordinador de esta feria que tendrá su octava edición el 2 de agosto de este año.

Uno de los requisitos es que el vestido (de coronación o de culecos de la reina) debe ser elaborado en un 90% de forma manual.

Pinillo recuerda que jóvenes de Pedasí, Santiago, La Chorrera y Capira han logrado los tres premios, que son de 500, 400 y 300 dólares, respectivamente.

Para Marisela Moreno, presidenta de la Organización Miss Panamá, la exposición de los trajes durante el Carnaval es supervisada por su comité y estos se usan de referencia a la hora de elegir un diseñador para que se encargue de hacer el traje de fantasía que portará la representante de Panamá en el certamen de Miss Universo.

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